El juez Peinado no ha querido desaprovechar esta segunda ola de calor del verano para huir de la capital justamente el día en que tenía que resolver la autorización de Begoña Gómez para salir del país. La decisión, en manos del sustituto del sustituto, ha sido adoptada por el juez Viejo, el mismo que ha necesitado varios meses para decidirse a investigar las cuentas de González Amador, pareja de Díaz Ayuso y que se habría confesado autor de hasta dos delitos fiscales.
En paralelo, el agitador ultra Vito Quiles ha abandonado su particular clandestinidad piscinera, tras dos días en búsqueda y captura, saliendo de los juzgados de Plaza Castilla sin medidas cautelares y exhibiendo eufórico su pasaporte.
¿Es la justicia igual para todos? La pregunta retórica más incómoda de esta democracia. Las comparaciones pueden ser odiosas, pero siempre necesarias. Tenemos a Begoña Gómez, personaje público y reconocible, rodeada todas las horas del día por policías y escoltas, y que ha colaborado puntualmente con la justicia a pesar de sufrir la instrucción más irregular y cuestionable de los últimos años. A ella se le prohíbe asistir a la cumbre de la OTAN, una de las reuniones con mayor vigilancia y control del mundo.
Y, del otro lado, tenemos a Vito Quiles, un llorón ultra que juega a liderar una revolución de incels en Telegram, fugado durante dos días en los que estuvo en busca y captura al resultar ilocalizable por la Policía Nacional. Un señor Zoppellari que habla de conspiraciones y cacerías políticas, con vínculos familiares y arraigo en países extranjero como Italia y Argentina y que, incluso, ha presumido de haber recibido ofertas para esconderse en una embajada. En fin, una Juana de Arco cutre que asegura que en este país es posible montar una maquinaria política, policial y judicial de persecución a rivales políticos. Aunque si así fuera, podemos asegurar que esa cocina - o Kitchen - no se dirigiría contra él...
La decisión de Peinado se suma a la lista de desvaríos procesales de una instrucción que ha alertado incluso al CGPJ, cuyo umbral de tolerancia con los desmanes judiciales es casi infinito. Todo el mundo esperaba la decisión más severa para continuar con el encarnizamiento procesal contra la mujer de Pedro Sánchez. Pero la sorpresa del auto que le retira el pasaporte está en el efecto milagroso de las sospechas vertidas sobre los agentes de policía nacional que escoltan a Begoña Gómez. Por primera vez en la historia, los sindicatos de policía y los partidos de izquierda se ponen de acuerdo en algo: ese argumento es un disparate de un juez obsesionado que patina hasta el final de su ejercicio profesional.
Y mientras Gómez no puede ir ni siquiera a Portugal a comprar toallas, el Lute ilicitano, Vito Quiles, se jacta de poder ir libremente a cualquier parte del mundo. El mismo ex corredor de pasillos del Congreso que reconoce haber recibido invitaciones formales de refugio por parte del presidente argentino, Javier Milei, durante su fuga de 48 horas en una piscina.
Entre tanto, el recurso de Gómez sigue pendiente en la Audiencia Provincial de Madrid, cuya velocidad no es comparable a la de los caballos de Peinado. El tribunal deberá resolver si enmienda la plana, otra vez, al juez instructor o si avala la tesis de una fuga orquestada desde la propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y al mismo tiempo, quizá desde la tierra de los tangos y los corralitos bancarios, Vito Quiles lloriquea en redes sociales, sabedor del mayor mérito de su carrera: haber conseguido antes una orden de detención que el título de Periodismo.
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