Se me había olvidado por un momento el mundo polarizado en el que vivimos. Nosotros tenemos una cuota importante de la culpa. Los periodistas, quiero decir. No hacemos lo suficiente por destensar o cohesionar a la sociedad. De hecho, todo lo contrario. Ahora bien, tampoco nuestra contraparte - los lectores, televidentes, oyentes… llamadlo como queráis - hace lo suyo por abandonar su zona de confort. Os preguntaréis, y con buen criterio, a qué viene esto. Bien.

El domingo pasado estrenaba esta misma columna - ‘The Special One’ - con un artículo dedicado a la Segunda Venida de José Mourinho al Real Madrid. Lo que supuso su figura para el Nacho adolescente y su significado para un club emocionalmente muerto. Resulta que desde redacción se me avisó de que había llegado un correo de un estimado lector - o ya ex, no lo sé - al que le hizo entre poca y ninguna gracia que un “medio de comunicación que se precie” pudiera dar pábulo a “semejante miseria”. El escueto texto continuaba con una advertencia: “Dejaré de leer ese medio de comunicación - el nuestro, ElPlural.com, y por consiguiente El Regate - y así lo haré público en mi entorno porque es vergonzoso”.

Lo siento, pero mi primera reacción fue una carcajada. Quizás de desconcierto, al no entender el agravio. Tampoco lo especificaba en el correo y evidentemente la historia murió ahí. Tenía intención de escribir de otros asuntos este domingo, pero esa pataleta me provocó un click. Sorprendentemente, incluso para mí, a veces pienso y reflexioné sobre los porqués de la ruptura de nuestro querido (¿ex?) lector. ¿Será el relato desde mis vísceras adolescentes del primer mourinhismo? ¿La loa a la figura de un personaje odiado por el antimadridismo? ¿Por el madridismo más casposo, comúnmente conocido como piperío? ¿Qué le habrá parecido tan “vergonzoso” que ElPlural.com ya no será uno de sus medios de cabecera?

La preocupación me inundaba, ciertamente. Más por la intransigencia de esta sociedad posmoderna que por la – suponemos - pérdida de un lector y su “entorno”. ¿Cómo es posible que una mera columna, que ni siquiera busca la razón sino relatar la segunda etapa de un entrenador con la nostalgia adolescente de la primera, te provoque tal rechazo como para ponerle la cruz a determinado medio? Nadie pone una pistola a ninguna persona para consumir según qué producto. Tampoco yo lo pretendo. A mí me es indiferente que se esté o no de acuerdo con lo que escribo o pienso. Lo que me inquieta es que una parte de esta sociedad sea incapaz de convivir con opiniones diversas a las propias. Lo cual, dicho sea de paso, no es sino un reflejo de la crisis de las ideas que vivimos. Ya no buscamos leer para discutir nuestras certezas, sino para verlas confirmadas, rehuyendo el pensamiento crítico al que, por lo visto, el mundo nos ha hecho alérgicos.

Dicho lo cual: querido ‘exlector’, un fuerte abrazo.

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