El verano sigue avanzando, las parrillas siguen buscando su encaje de cara a la próxima temporada pero hay cosas que ni cambian ni buscan encajar. Mientras se van conociendo cambios de presentadores de formatos como Malas Lenguas o Directo al Grano, en TVE, también se hace oficial la cancelación del infumable y anacrónico Amor o lo que surja de Telecinco. También en Antena 3 se consuma la desaparecieron de Más Espejo, la parte del Espejo Público dedicada a la crónica social y el corazón. El listado de las cosas que ni cambian ni buscan encajar empezamos el repaso por Paz Padilla. Veo un instante de El Show de Paz, han encontrado su particular filón reencontrar a su presentadora con algunas de las personas con las que saco su peor cara en el pasado. En esta ocasión fue el turno de Yurena, quien en el pasado aseguró haberse sentido menospreciada por Paz, si preguntáramos hoy a la Padilla seguramente diría que se lo pedían por el pinganillo.
Volviendo al último encuentro, me veo obligado a explicar una condición que Yurena pone en todas sus entrevistas. La cantante en esta nueva etapa de su carrera profesional hace firmar un precontrato a los programas a los que acude en el que ambas partes se comprometen a no hablar de episodios como los encontronazos de su madre, Margarita Seisdedos, también pide non hablar de ladrillos, ni de personajes como Leonardo Dantés y otros componentes de la llamada “Pandilla Basurilla”. Para acudir al programa de Paz Padilla, el programa de acogió al mismo contrato del que habló, pero en un momento dado decidido saltárselo a la torera. Ese contrato de Yurena, no es un capricho ridículo, ni un delirio de grandeza: es la forma última que la cantante ha encontrado para asegurarse ser tratada con respeto. Algo así se simple. El espacio de Telecinco liderado de Paz Padilla decidió ignorar esta revolucionaria petición de Yurena de ser respetada y generó una incómoda situación que la cantante quiso frenar en seco ante la impertinente reacción de Padilla tratando de minimizar la reacción de Yurena. Nada nuevo bajo el sol, la Paz Padilla de siempre.
Esta semana me divierte ver todo lo referente al culebrón de las Campos con la casa de Málaga de María Teresa. Mas allá de la delirante duración en sí, calcada a la que ya vivió Terelu cuando puso a la venta du triplex madrileño, llama mi atención especialmente el enfrentamiento entre Terelu y Luis Pliego. Terelu realiza una llamativa reflexión en De Lunes a Viernes en la que apunta lo fácil que resulta perder la credibilidad cuando uno atiza por costumbre a quien no es santo de su devoción refiriéndose al director de la Revista Lecturas. “Es muy difícil que una persona lo haga todo bien, pero también es muy difícil que una persona lo haga todo mal. Yo he trabajado para esta revista, yo he tenido un blog, yo he hecho todos los reportajes que él me ha pedido, todos”. Viniendo de Terelu Campos, que en los últimos tiempos ha participado de momentos tan bochornosos como revictimizar a Rocío Carrasco o humillar a Mar Flores sin rechistar es cuanto menos llamativo este arranque de dignificar televisiva de la colaboradora.
La respuesta de Pliego no se hizo esperar y recordó pertinentemente a Terelu que la relación que en el pasado mantuvo con la revista Lecturas se basaba en realizar trabajos previo pago, no en ningún tipo de virtuosismo generoso y altruista por su parte. Además, Pliego también hizo entender a Terelu que la credibilidad puede ir en ambas direcciones, que no es solo una cualidad de los periodistas, sino también algo que puede y deber afectar a los personajes. Incitando a la Campos a reflexionar sobre por qué en los últimos tiempos no protagoniza reportajes como antaño y dejando entrever que sus últimos meses habían devaluado su imagen como personaje. Este enésimo patinazo de Terelu no es más que la demostración última de que una vida instalada en el privilegio te hace tener serios problemas para ser consciente de que eres una afortunada y te otorga una facilidad pasmosa para sentirte agraviada cuando algo no sale exactamente como tú quieres. Como bien le recordó Pliego, Terelu es aficionada al flamenco y se ahí su querencia a los palmeros.
Caso aparte es el de su hija, Alejandra Rubio. La Rubio es el epicentro de los peores comportamientos de su madre, la Campos se la jura a cualquiera que ose criticar a su unigénita, pero jamás sería capaz de hacer media crítica sobre la errática carrera profesional de su hija. La hija de Terelu asegura ahora sentirse “muy asqueada de ese entorno en el que me he movido”, refiriéndose a su sustento en los últimos años: la prensa del corazón. Ese toque déspota y clasista es el sello más Campos que podría acarrear Alejandra, más allá de llevar o no el apellido familiar. Me pregunto si es consciente del increíble privilegio que ha tenido por ser hija y nieta de en ese momento entorno que ahora tanto la asquea. ¿De qué viviría ahora Alejandra di no fuera por Telecinco y la revista ¡Hola!? Nada más injusto en esta profesión que aquellos que viven en una continua ley del embudo: lo ancho para mi, lo estrecho para ti. En fin, como veis, todo vuelve a estar manga por hombro.
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