Fin a la primera gran batalla en los despachos del fútbol. Ni cuatro días ha durado la controvertida propuesta de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para privatizar la Copa del Mundo. El martes anunció un plan que nació en una vorágine de polarización y división de opiniones. En la madrugada de este viernes al sábado, el suizo dio marcha atrás y enterró su propuesta después de que UEFA levantara en armas a sus federaciones, que anunciaron su renuncia a participar en un Mundial de inversores privados, pese a los cantos de sirena multimillonarios. La rebelión encabezada por Aleksander Ceferin le ha obligado a frenar, certificando la defunción en una nota que calmará las aguas en los despachos, al menos por el momento: “No seguirá adelante”.

El plan del pope futbolístico ha fracaso. Contra todo pronóstico y tópicos aparte, era muy difícil de sostener una iniciativa de tal calado. Máxime cuando las federaciones con más poder en el negocio, UEFA y sus brazos europeos, llamaron a la rebelión contra el poder del ente superior. El organismo presidido por Aleksander Ceferin anunciaba el jueves que las selecciones europeas no participarían en ningún Mundial privatizado. Un plan que pretendía la creación de una entidad comercial de 20.000 millones de dólares para gestionar el máximo torneo internacional, de la mano del banco JP Morgan e inversores muy próximos a la familia de Donald Trump, con el que Infantino ha exhibido una gran sintonía durante la celebración del Mundial 2026.

El boicot de Europa

El jueves, UEFA iniciaba la revuelta. Lo hacía a través de un duro comunicado que conmocionó los pilares del fútbol global. “La Copa del Mundo no puede ser tratada como un producto de inversión. Es uno de los mayores legados deportivos del fútbol. Se ha forjado a lo largo de generaciones gracias a los jugadores, las selecciones nacionales y los aficionados de todos los continentes. Ninguna parte de ella debe cederse jamás a inversores privados. La Copa del Mundo no está en venta”, avisaba el máximo rector del fútbol europeo.

Presión que ejerció como cortafuegos, sabedores de la potencia futbolística que son – con cinco de las 8 selecciones que han conquistado el Mundial desde el principio de los tiempos -. A Ceferin y las federaciones europeas, a excepción de la República Checa que terminó por comprar el discurso de UEFA pese al respaldo inicial al plan Infantino, se rebelaron contra una iniciativa que buscaba la cesión del 30% de los derechos de los mundiales masculinos y femeninos a empresas privadas.

El ruido de UEFA fue in crescendo a medida que pasaba el tiempo. Hasta la Conmebol, el mayor ente federativo del fútbol sudamericano, que siempre ha sido fiel a Infantino, reclamó al presidente de la FIFA más detalles y explicaciones de su plan privatizador. “Primero está el fútbol”, expusieron en el comunicado difundido a través de sus redes sociales. Duro correctivo para el máximo órgano rector del fútbol, que cada vez se veía más aislado.

Un plan condenado al fracaso

El réquiem se entonó en la madrugada del viernes al sábado. “El proyecto FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo sentar las bases para fortalecer aún más a nuestrras Asociaciones Miembros de la FIFA y a nuestro deporte a nivel mundial, especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario. Y, como dijimos desde el principio, esto sólo se lograría si la mayoría de ellas lo respaldaban y siempre sujeto a un proceso de consulta con ellas, el Consejo de la FIFA, las Confederaciones y demás partes interesadas”, señalaba el comunicado del organismo presidido por un Gianni Infantino que vive su momento de más fragilidad desde que recogió el testigo de Joseph Blatter.

“Tras escuchar atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no redundan en un beneficio del objetivo planteado inicialmente”, relata FIFA en su nota de prensa, para agregar que su propósito “siempre ha sido, y siempre será, unirnos y mejorar”. “En consecuencia, esta propuesta no seguirá adelante”, rematan en el escrito.

La oposición frontal de UEFA y las reticencias de la Conmebol han tumbado el plan de Infantino, que había dado a las 211 federaciones que conforman la FIFA un escueto plazo de 50 días para transmitir si aceptaban los 53 millones de dólares que otorgarían a cada entidad que apoyara la iniciativa. El boicot de las 55 federaciones bajo mando de Ceferin ya condenaba a la privatización al patíbulo incluso antes de nacer.

Y así se refleja en la nota emitida por FIFA, redactada directamente por un Infantino cuyo futuro queda en el aire. De hecho, ya hay movimientos en las cañerías de UEFA para preparar a un candidato para sustituir al suizo y la rumorología temprana apunta al presidente del Paris Saint-Germain y principal responsable de la ECF (Clubes de Fútbol Europeos, anteriormente conocida como ECA), Nasser al Khelaifi. “De cara al futuro, mi intención es reunir a todas las partes interesadas, con un espíritu de interés común por nuestro deporte y con el objetivo de seguir impulsando el fútbol en todas partes, especialmente en aquellos países que necesitan nuestro apoyo”, remata el presidente de FIFA en el comunicado de defunción de su plan.

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