La guerra abierta entre UEFA y FIFA tenía una primera fecha marcada en rojo: el Mundial femenino Sub-20 de Polonia, que se disputará del 5 al 27 de septiembre. Las 55 federaciones europeas acordaron no participar en competiciones FIFA después de la polémica propuesta de Gianni Infantino para vender a inversores privados un 20% de los derechos comerciales del Mundial por unos 4.200 millones de dólares. Aunque el proyecto fue posteriormente retirado, UEFA sostiene que el problema ya no es únicamente económico, sino de confianza y gobernanza.

El boicot, sin embargo, empieza a parecer menos sólido de lo que parecía hace unas semanas. España y Francia han confirmado que acudirán al torneo, al igual que Nueva Zelanda, Canadá y Brasil. Polonia, además, asegura que no ha recibido ninguna comunicación oficial sobre la retirada de ninguna selección y mantiene los preparativos con normalidad.

El Mundial que podía convertirse en el primer campo de batalla

El escenario no podía ser más simbólico. El Sub-20 es un torneo pensado para descubrir a las futbolistas que marcarán la próxima década. España llega, además, como campeona del mundo de la categoría en 2022, mientras que Francia es una de las selecciones europeas con mayor tradición en el campeonato. El torneo reunirá a 24 selecciones de seis confederaciones en cuatro ciudades polacas.

Por eso las primeras federaciones que han decidido acudir han utilizado un argumento muy parecido: las jugadoras no deberían pagar una guerra política que no han provocado. Nueva Zelanda considera el campeonato fundamental para el desarrollo del fútbol femenino y Francia ha confirmado que, "por el momento", participará. Canadá también ha ratificado su presencia, rompiendo la espera que existía entre las federaciones no europeas.

El caso canadiense tiene una lectura especialmente interesante. Su decisión supone que el frente contra Infantino tampoco es uniforme fuera de Europa: Canadá, que forma parte de Concacaf, se suma al torneo pese a la presión política que rodea a FIFA. Brasil, por su parte, también ha confirmado su participación, lo que garantiza que algunas de las grandes potencias del fútbol femenino estarán en Polonia.

Una guerra de poder que acaba afectando a las jóvenes

La paradoja es evidente. El primer gran torneo FIFA que podía sufrir las consecuencias de la crisis entre UEFA e Infantino es un Mundial femenino Sub-20, precisamente una competición concebida para impulsar el futuro del fútbol femenino.

El conflicto nació por la propuesta de FIFA Forward Enterprise, con la que Infantino pretendía separar los derechos comerciales de los grandes torneos FIFA y ofrecer una participación a inversores privados. UEFA denunció que una operación de ese calibre se había planteado sin la consulta necesaria y posteriormente acusó al presidente de FIFA de haber roto la confianza entre las instituciones. La propuesta terminó abandonándose, pero el enfrentamiento continuó.

Y ahí aparece una segunda contradicción. El fútbol femenino lleva años reclamando más espacio en las instituciones que gobiernan el deporte, pero ahora corre el riesgo de convertirse en el terreno donde se libra una batalla de poder entre hombres y organismos. The Guardian recuerda que solo ocho de los 37 miembros del Consejo de FIFA son mujeres y que el Mundial femenino de 2023 repartió 110 millones de dólares en premios frente a los 871 millones del masculino de 2026.

Europa empieza a hablar con distintas voces

La amenaza de UEFA todavía no ha desaparecido. El organismo europeo insistió la semana pasada en que las condiciones que había establecido para levantar el boicot no se habían cumplido y que mantiene su pérdida de confianza en Infantino. Además, UEFA, AFC y Concacaf han llegado a plantear la posibilidad de nuevas competiciones si la crisis continúa.

Pero el Mundial de Polonia está demostrando que una cosa es la posición de una confederación y otra la de cada federación. España no quiere perderse el Mundial, Francia tampoco, Nueva Zelanda tampoco y Canadá y Brasil han decidido seguir adelante. Inglaterra y Estados Unidos, por ahora, han evitado confirmar públicamente su postura, aunque Estados Unidos es dado por participante.

El fútbol mundial vive así una fractura que va mucho más allá de Infantino. Y el primer síntoma aparece en Polonia, donde dentro de unas semanas deberían estar las futuras estrellas del fútbol femenino. La guerra por quién manda en el fútbol puede empezar a jugarse en un torneo en el que, precisamente, quienes menos poder tienen son las jugadoras.

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