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El Regate

De Ossie Schectman a Victor Wembanyama: 80 años de una NBA irreconocible

El pasado 1 de noviembre se jugó el primer partido de la historia de la NBA entre los Knicks y los Toronto Huskies y la victoria se quedó en la Gran Manzana

Cartel del primer partido de la historia de la liga| NBA

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El primer partido de la historia de la NBA no se jugó en Nueva York, Los Ángeles ni Boston. Se disputó en Toronto, el 1 de noviembre de 1946, ante 7.090 espectadores que acudieron al Maple Leaf Gardens para presenciar el encuentro entre los New York Knicks y los Toronto Huskies. El resultado fue 68-66 para los visitantes. Ossie Schectman anotó la primera canasta de una competición que todavía no llevaba el nombre de NBA y que, ocho décadas después, se ha convertido en uno de los mayores productos deportivos del planeta.

Aquella competición se llamaba Basketball Association of America (BAA) y reunía a once franquicias. En 1949 se fusionó con la National Basketball League (NBL), dando origen a la NBA moderna. Nació sin saber exactamente en qué iba a convertirse; su principal virtud sería aprender a cambiar antes de quedarse atrás.

Una liga que tuvo que encontrar su sitio

Una de sus transformaciones más importantes llegó lejos de las estadísticas. El 31 de octubre de 1950, Earl Lloyd se convirtió en el primer jugador negro en disputar un partido de la NBA. Chuck Cooper había sido el primer afroamericano elegido en el Draft de ese año y Nat Clifton, el primero en firmar un contrato con una franquicia. Los tres abrieron una puerta en una sociedad todavía marcada por la segregación, también dentro de los pabellones y durante los desplazamientos.

La integración no significó igualdad inmediata: los primeros jugadores afroamericanos convivieron con insultos y discriminación. Pero el talento modificó la competición. Bill Russell y Wilt Chamberlain cambiaron la dimensión física y táctica del juego, mientras Oscar Robertson ampliaba el perfil de las estrellas.

Russell ganó once campeonatos en trece temporadas con Boston Celtics, ocho consecutivos entre 1959 y 1966. En 1966 se convirtió en el primer entrenador negro de la NBA, ejerciendo también como jugador. Su compromiso con los derechos civiles mostró que sus protagonistas podían representar algo más que un equipo.

En los años setenta apareció un rival dispuesto a hacer las cosas de otra manera. La American Basketball Association (ABA), fundada en 1967, apostó por un baloncesto más rápido y vistoso, con Julius Erving como gran figura y el lanzamiento de tres puntos como una de sus señas de identidad. En 1976, la NBA absorbió cuatro de sus franquicias: Denver Nuggets, Indiana Pacers, New York Nets y San Antonio Spurs. También incorporó parte de su identidad. El triple llegó a la NBA en la temporada 1979-80 después de convertirse en una de las grandes innovaciones de la ABA.

Bird, Magic y Jordan convierten la NBA en un negocio mundial

A finales de los setenta, la NBA necesitaba recuperar espectadores: sus audiencias televisivas habían caído y algunos partidos de las Finales se emitían en diferido. El escenario cambió con dos rivales universitarios. Larry Bird y Magic Johnson llegaron a la liga en 1979 y llevaron su duelo a Boston y Los Ángeles, reactivando la rivalidad entre Celtics y Lakers.

Bird representaba la competitividad; Magic, el espectáculo. Sus enfrentamientos en las Finales marcaron una década. El siguiente salto llegó con un jugador cuya influencia superó los límites del deporte.

Michael Jordan aterrizó en Chicago en 1984, el mismo año en el que David Stern asumió el cargo de comisionado. Stern impulsó la expansión internacional, los derechos audiovisuales y una estrategia comercial que convirtió a los jugadores en figuras reconocibles fuera de Estados Unidos. Jordan fue el gran protagonista. Sus seis anillos con los Bulls, entre 1991 y 1998, consolidaron su lugar en la historia, pero su impacto también llegó a la publicidad, la moda y el negocio de las zapatillas. Jordan dejó de ser únicamente un jugador para convertirse en una marca mundial.

El Mundial de 1992 en Barcelona fue otro momento decisivo. Por primera vez, los profesionales de la NBA pudieron participar en los Juegos Olímpicos. El Dream Team ganó sus ocho encuentros por una diferencia media cercana a los 44 puntos y millones de aficionados descubrieron a sus estrellas. El baloncesto estadounidense se convirtió en un producto internacional.

El crecimiento no eliminó los conflictos. El cierre patronal de 1998 retrasó el inicio de la temporada 1998-99 hasta febrero y la redujo a 50 partidos. La expansión comercial no había resuelto las tensiones sobre salarios, contratos y reparto de ingresos.

De las estrellas individuales a un baloncesto sin fronteras

El siglo XXI trajo nuevas figuras. Kobe Bryant y Shaquille O'Neal dominaron el comienzo de la década; LeBron James se convirtió en el centro de su proyecto y Stephen Curry terminó alterando la geometría de la cancha.

Curry cambió esa proporción. Su capacidad para anotar desde distancias que antes se consideraban poco razonables modificó la manera de atacar y defender. El 14 de diciembre de 2021 superó a Ray Allen como máximo anotador de triples de la historia de la competición. La revolución no consistió en inventar un lanzamiento, sino en convertirlo en el centro de la estrategia ofensiva.

La internacionalización también dejó de ser una estrategia comercial para convertirse en una realidad deportiva. Nikola Jokić, Giannis Antetokounmpo, Luka Dončić y Victor Wembanyama representan una generación de estrellas internacionales que compite por los principales premios y protagoniza las grandes historias de la competición. La NBA ya no exporta solamente su espectáculo: también importa talento que modifica su manera de jugar.

La llegada de jugadores como Dirk Nowitzki, Pau Gasol y Yao Ming ayudó a normalizar esa transformación antes de que Jokić o Antetokounmpo fueran candidatos habituales al MVP. El cambio también se notó en las gradas y en los mercados: la NBA dejó de buscar aficionados fuera de Estados Unidos y empezó a encontrar en ellos parte esencial de su crecimiento.

La liga que empezó con once equipos y un 68-66 en Toronto tiene ahora treinta franquicias y retransmisiones en más de 200 países. Su expansión responde a su capacidad para adaptarse a cada época.

Ochenta años después de aquella primera canasta de Schectman, la NBA sigue sin jugar el mismo baloncesto que en su nacimiento. Ha cambiado sus reglas, sus protagonistas, sus mercados y hasta la forma de entender el lanzamiento exterior. Su historia no es la de una competición que encontró una fórmula perfecta y decidió conservarla, sino la de una organización que aprendió a modificar su producto cada vez que el anterior dejaba de funcionar. La pelota sigue siendo la misma. Todo lo demás ha cambiado.

Etiquetas Deportes Baloncesto

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