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El Regate

La NBA se rompe antes de tiempo: ¿son evitables las lesiones?

Las bajas de Edwards, Banchero y dos titulares de Oklahoma City reabren el debate sobre el descanso, la prevención y los límites de la medicina deportiva

El jugador de Oklahoma City Thunder Jalen Williams, durante un acción de un partido contra los Clippers del año 2024. Europa Press   Archivo.

El jugador de Oklahoma City Thunder Jalen Williams, durante un acción de un partido contra los Clippers del año 2024. Europa Press Archivo.

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Jalen Williams cayó al suelo tras unas penetración ante Los Angeles Clippers. Quedaba poco más de un minuto para acabar el partido, el tercero de Oklahoma City Thunder en la temporada, cuando el jugador aterrizó de manera desafortunada y aparatosa. Tuvo que ser atendido de inmediato sobre la pista en unas imágenes que recorrieron el mundo virtual como la pólvora. El diagnóstico confirmó las peores sensaciones: fractura de peroné y una luxación del tobillo izquierdo que requieren cirugía. Esa misma noche, su compañero Cason Wallace sufrió una lesión en el hombro que también le obliga a pasar por el quirófano. OKC ganó el partido, pero perdía a dos titulares por un periodo de tiempo aún difuso.

El comiendo de curso en la mejor liga del mundo ha traído consigo una acumulación de partes médicos. Anthony Edwards tendrá que someterse a una artroscopia en la rodilla derecha y podría permanecer apartado hasta dos meses de los parqués. Paolo Banchero sufrió un esguince alto de tobillo que lo mantendrá fuera de circulación varias semanas, mientras que Jalen Duren deberá recuperarse de una lesión muscular. Son problemas físicos diferentes, ocurridos en una temporada que apenas ha comenzado a gatear, pero vuelven a situar la prevención en el foco del debate deportivo.

En la liga llevan años tratando de encontrar un equilibrio entre la exigencia competitiva y la salud de los jugadores. Los equipos controlan las cargas de entrenamiento, analizan datos físicos y establecen programas individualizados de recuperación. Las lesiones, no obstante, siguen alterando los Excel de todas las franquicias durante las temporadas, arrojando al aire una pregunta que nadie se atreve a responder con absoluta seguridad: ¿Hasta qué punto pueden evitarse? Interrogante que abre el camino a cuestionarse si con administrar mejor los descansos es suficiente o existen factores que escapan al control de los servicios médicos y de fisioterapia de los equipos.

No todas las lesiones son iguales

El problema es más complejo de lo que pareciera. Durante años, médicos e investigadores especializados han redundado en una cuestión que no ofrece una solución única. También obligan a distinguir entre la prevención de una lesión, reducir su gravedad y evitar posibles recaídas cuando el jugador regresa a la competición. La fractura de Jalen Williams, por ejemplo, fue fruto de una acción del juego. El jugador cayó de forma desafortunada tras intentar una canasta en penetración. Por el contrario, Cason Wallace sufrió una rotura de labrum del hombro izquierdo tras un contacto. Ambas lesiones precisan de intervención quirúrgica y el equipo establecerá los plazos de recuperación tras las operaciones.

El caso de Edwards es distinto. El escolta de Minnesota llevaba tiempo recibiendo tratamiento por molestias en la rodilla derecha. La intervención artroscópica que se ha anunciado esta semana responde a un problema previo, por lo que no debe computarse como nueva lesión provocada por el esfuerzo de los primeros partidos de la temporada. Tampoco son comparables los casos de Banchero – esguince alto de tobillo derecho – y de Duren, cuya baja está provocada por una dolencia muscular en los isquiotibiales.

Anthony Edwards y Lamelo Ball, durante un partido de los MInessota Timberwolves esta temporada. NBA.

Agrupar todos estos diagnósticos bajo una misma explicación sería un error. Una fractura causada por una caída, una lesión muscular o un problema articular persistente puede compartir factores de riesgo, pero sus mecanismos son diferentes. El desgaste físico puede repercutir en determinadas circunstancias, aunque ello ni implica una explicación para cada incidente.

De hecho, una investigación epidemiológica que englobaba las temporadas 2013/2014 a 2018/2019 halló que el 73% de las lesiones analizadas que provocaron ausencias en la NBA tenían un origen agudo. Entre el 44,4% y el 52,5% de ellas implicaban contacto con otro jugador. Datos que ayudan a comprender la importancia de traumatismos y acciones concretas durante los partidos. Lo que no permite, en cambio, es determinar cuántas lesiones podrían haberse evitado con una preparación diferente. Las bajas de esta semana tampoco son indicio suficiente para concluir que la NBA atraviesa una crisis sin precedentes.

Descansar no es sinónimo de máxima protección

Algunos expertos en la materia han abundado durante años sobre este asunto. Tim Gabbett, doctor en ciencias del deporte y especialista en preparación física y riesgo de lesión, lleva años estudiando las respuestas del organismo a las cargas de entrenamiento. Su planteamiento cuestiona una interpretación frecuente de la prevención. Es decir, que cuanto menos esfuerzo realice un deportista, menor sería su riesgo de lesionarse.

En un artículo publicado en Sports Health en junio de 2023, Gabbett ya explicaba que la recuperación constituye solo una parte de la gestión de cargas. El entrenamiento también debe preparar progresivamente al cuerpo para soportar las exigencias de la competición. Un jugador necesita desarrollar fuerza, resistencia y capacidad para realizar movimientos intensos y repetidos. Si la carga supera ampliamente sus posibilidades, puede favorecer la aparición de problemas físicos. Reducirla demasiado tiempo, sin embargo, también puede impactar en su adaptación al esfuerzo.

La dificultad estriba en encontrar el equilibrio entre ambas situaciones. Gabbett recuerda que los deportistas no responden de manera uniforme a la misma sesión de entrenamiento. Entran diversos factores en juego como la condición física, antecedentes médicos y la capacidad de recuperación. Todo ello repercute en la cantidad de trabajo que cada uno puede tolerar. Una perspectiva resulta especialmente relevante en una competición donde coexisten jugadores con edades, historiales y responsabilidades deportivas diferentes. No hay una cifra única de minutos que garantice la seguridad de todos.

La prevención incluye, además, entrenamiento de fuerza, trabajo neuromuscular, preparación específica y seguimiento de la recuperación. Son herramientas dirigidas a mejorar la capacidad física y reducir determinados riesgos, aunque no pueden impedir que se produzca cualquier lesión traumática.

Lo que dice la Ciencia de la gestión de cargas

Entre los debates más repetidos en la NBA en los últimos años figura el llamado load management (gestión de cargas en inglés). Una cuestión que suele asociarse con los descansos programados de las estrellas. Sin embargo, el concepto comprende mucho más que dejar a un jugador fuera de partido; implica controlar el entrenamiento, la respuesta individual del organismo y la acumulación de esfuerzos.

En enero de 2024, la propia organización difundió un informe elaborado por IQVIA (Injury Surveillance & Analytics) que estudió la relación entre los encuentros de descanso y las posteriores lesiones. El análisis, basado en diez temporadas, no encontró una asociación estadística que evidenciara que los jugadores que descansaban partidos para gestionar sus cargas sufrieran menos lesiones después. Christina Mack, epidemióloga y directora científica de IQVIA, trató de explicar los resultados del estudio. En declaraciones a ESPN afirmó que su conclusión no suponía que fuera “mejor ni peor”.

La precisión es fundamental, por lo que no encontrar una reducción significativa del riesgo no equivale a demostrar que el descanso carezca de utilidad. Un jugador puede precisar de un periodo de recuperación de molestias o reducir temporalmente su actividad sin que ello suponga establecer una regla general para toda la competición.

Dicha discusión tuvo su peso a través de un estudio publicado en mayo de este 2026 en Sports Medicine. La investigación examinó nueve temporadas de la NBA (entre 2014/2015 y 2022/2023), valiéndose de información médica y registros de participación. El análisis incluyó 1.233 temporadas individuales de jugadores y más de 1,5 millones de minutos de competición. Sus autores, sin embargo, tampoco hallaron una reducción estadísticamente significativa del riesgo de lesión posterior entre quienes habían descansado partidos por motivos de gestión de cargas o, en su defecto, de recuperación.

No obstante, los propios investigadores admitieron ciertas limitaciones del estudio, habida cuenta de que no disponía de información completa sobre las cargas de entrenamiento fuera de los encuentros ni sobre la respuesta fisiológica individual de los deportistas. Así las cosas, sus resultados ponen en cuarentena la eficacia preventiva demostrada de descansar partidos de forma aislada. Tampoco permite concluir que el descanso la planificación física o la recuperación sean innecesarios.

Lo que hacen los equipos cuando las cámaras se apagan

La prevención también depende del seguimiento médico cotidiano. Los servicios sanitarios de las franquicias deben valorar molestias, antecedentes, recuperación y capacidad física antes de autorizar que un jugador vuelva a competir. Gregg Farnam, veterano preparador físico sanitario y responsable de los servicios médicos de Minnesota Timberwolves cuando realizó sus declaraciones, explicó en 2024 cómo los datos clínicos habían transformado ese trabajo. En un reportaje de NBA.com sobre la evolución de los servicios médicos de la liga, defendió que la decisión de regresar a la pista debe estar condicionada por el estado del deportista. "Un jugador jugará cuando esté preparado", señaló.

Farnam utilizó como ejemplo la gestión de una lesión de gemelo de Giannis Antetokounmpo en Milwaukee. El equipo había optado por apartarlo temporalmente para reducir el riesgo de que el problema se agravara. Su reflexión permite distinguir dos situaciones. Una cosa es intentar prevenir una lesión que todavía no existe y otra evitar que una dolencia identificada empeore cuando el deportista vuelve a competir.

En este segundo escenario, los médicos disponen de información clínica y pruebas funcionales que ayudan a seguir la evolución. Aun así, ninguna evaluación elimina por completo la incertidumbre. El trabajo de los preparadores consiste en utilizar esos datos para adaptar la actividad a cada jugador. La decisión no depende exclusivamente de los minutos disputados, sino también de su historial, de las molestias que presenta y de cómo responde a los esfuerzos.

El calendario de 82 partidos y los límites de la prevención

La NBA mantiene una temporada regular de 82 encuentros por equipo, a los que se añaden la preparación previa, los desplazamientos y, para las franquicias clasificadas, las eliminatorias por el título. Durante meses, los jugadores deben alternar partidos, viajes y recuperación mientras sus entrenadores intentan mantener la competitividad. La exigencia es considerable, pero tampoco permite responsabilizar automáticamente al calendario de todas las lesiones. Una caída puede provocar una fractura en el tercer partido y una dolencia muscular puede aparecer después de varios días de descanso. Para valorar las causas es necesario estudiar el mecanismo de cada lesión y las circunstancias del jugador.

El debate convive con las necesidades deportivas y comerciales de la competición. En 2023, la NBA introdujo una política de participación destinada a limitar los descansos injustificados de determinadas estrellas, manteniendo excepciones por razones médicas. La disponibilidad de los grandes nombres tiene importancia para los equipos, los aficionados y las retransmisiones. Sin embargo, las decisiones clínicas no siempre pueden ajustarse a las necesidades del calendario.

Las consecuencias de las bajas actuales ya son visibles. Minnesota afronta varias semanas sin Edwards, Orlando debe reorganizarse durante la ausencia de Banchero y Oklahoma City necesita encontrar alternativas a Williams y Wallace, dos piezas importantes de su estructura. Son problemas deportivos que llegan antes de que la competición haya adquirido su ritmo habitual y que obligan a modificar las rotaciones sin conocer todavía todos los plazos de recuperación.

Ninguna de las estrategias citadas permite asegurar que la fractura de Williams, la lesión de Wallace o el esguince de Banchero se hubieran evitado. Tampoco sería riguroso presentar la operación de Edwards como consecuencia de un fallo en su preparación sin disponer de información clínica suficiente. La pregunta que plantea este comienzo de temporada no es solamente por qué se lesionan tantas figuras, sino cuáles de esos riesgos pueden reducirse realmente y con qué herramientas.

Etiquetas Baloncesto

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