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Sergio de Larrea ya hace dudar al cuerpo técnico de Dallas. En la NBA no siempre basta con tener minutos, sino qué puedes hacer con ellos. Un jugador puede pasar media hora en pista sin apenas intervenir en el ataque, limitado a esperar un pase en esquina mientras otros orquestan cada posesión. El ex del Valencia Basket comprobó el sábado hasta qué punto cambia todo cuando la pelota naranja pasa por sus manos. Las ausencias de Kyrie Irving y Cooper Flag alteraron el reparto de responsabilidades en el roster de los Mavericks y el vallisoletano encontró una oportunidad para demostrar algo más que su capacidad anotadora. Acabó el partido contra los San Antonio Spurs de Victor Wembanyama con 21 puntos, cinco rebotes y cuatro asistencias. Su partido, sin embargo, se explica mejor por el protagonismo que asumió que por sus estadísticas.
De Larrea tuvo que asumir galones en su tercer partido en la NBA. Dirigió el ataque de Dallas, recibió ante la presión de los defensores rivales y tomó decisiones que habitualmente corresponden a jugadores con mayor peso en el equipo. Eso conlleva también el peso de asumir sus propios errores. El español pasó de buscar un hueco en la rotación a convertirse, durante buena parte de la noche, en una de las principales referencias ofensivas de los Mavericks.
El buen hacer del pucelano no evitó, sin embargo, la derrota de Dallas frente a los Spurs. De Larrea salió desde el banquillo, pero disputó 33 minutos y fue el máximo anotador de los locales, con 9/15 en lanzamientos de campo y tres de cuatro en triples. La nota negativa, son sus cuatro pérdidas de balón, dato que contextualiza las dificultades de dirigir a un equipo ante una de las defensas más exigentes del campeonato.
Su mejor secuencia llegó en el tercer cuarto. Dallas había levantado una desventaja de catorce puntos cuando De Larrea anotó desde la línea de fondo para colocar el 85-84 en el marcador. Los Mavs se pusieron por delante, aunque San Antonio recuperó el control del partido y terminó imponiéndose con claridad. Aquel conato de remontada no cambió el resultado, pero permitió ver al español en situaciones ofensivas que apenas había tenido durante sus dos primeras apariciones oficiales en la liga.
La oportunidad que dejaron Irving y Flagg
La ausencia de Kyrie Irving obligó a Dallas a repartir de otra manera la creación ofensiva. El estadounidense no disputó el segundo encuentro consecutivo de los Mavericks, mientras que Cooper Flagg también fue baja por una lesión en el hombro sufrida ante Indiana. Sin ambos, el entrenador, Dusty May, necesitaba otras soluciones para organizar el ataque. De Larrea ganó protagonismo y encontró más oportunidades para jugar con el balón, algo especialmente importante para un base acostumbrado a participar en la construcción de las posesiones.
La diferencia no es menor. Cuando comparte pista con jugadores que concentran buena parte del ataque, un joven puede quedar relegado a subir el balón, ocupar espacios y aprovechar las ocasiones que generan sus compañeros. En cambio, cuando debe dirigir, cada decisión adquiere otra importancia. Tiene que interpretar la defensa, elegir a quién involucrar y reconocer cuándo conviene acelerar o detener el juego.
Ante San Antonio, De Larrea dispuso de una libertad ofensiva que no había tenido en sus primeros partidos. Después de dos encuentros sin anotar, encontró situaciones para lanzar, penetrar y crear ventajas. No significa que necesite monopolizar el balón para rendir, pero sí que su capacidad para intervenir en el ataque merece atención cuando se analiza qué papel puede desempeñar en Dallas.
La paradoja que encontró Dusty May
Las declaraciones de Dusty May después del partido ofrecen una pista sobre las posibilidades y las limitaciones del español. El entrenador valoró su actuación, destacó su evolución defensiva y reconoció las dificultades que le planteó la presión de San Antonio.
May explicó que habría preferido encontrar más situaciones en las que De Larrea pudiera recibir sin tener que iniciar constantemente las posesiones frente a Stephon Castle. Una observación significativa porque apunta a uno de los retos de su adaptación: asumir la dirección del equipo sin quedar expuesto continuamente a los defensores más exigentes.
El español necesita oportunidades para tomar decisiones, pero eso no implica que deba cargar en solitario con la organización ofensiva. Contra los Spurs encontró dificultades para superar la presión y terminó cometiendo cuatro pérdidas. Su partido fue notable, aunque también dejó acciones que tendrá que corregir.
El técnico encontró una alternativa al compartir pista con Marcus Sasser, otro exterior capaz de iniciar las posesiones. Según explicó, Dallas necesita disponer de varios jugadores que puedan manejar el balón, aunque algunas de esas combinaciones obliguen a realizar ajustes defensivos por el tamaño de los quintetos.
Sasser acabó con doce puntos y cinco asistencias. Su presencia permitió repartir parte del trabajo de creación y ofreció a De Larrea situaciones en las que podía participar sin tener que organizar siempre el ataque desde el inicio.
La combinación abre una posibilidad para el español. Su futuro en la rotación no tiene por qué depender exclusivamente de ejercer como base principal. También puede aportar junto a otro manejador, recibir con ventaja y asumir la dirección cuando el desarrollo del partido lo requiera.
May dejó otra consideración importante sobre el rendimiento de De Larrea. El entrenador explicó que el joven ya había mostrado señales positivas durante la preparación y los entrenamientos, y que su actuación ante San Antonio encajaba con la confianza que estaba ganando dentro del equipo.
El reto de De Larrea será trasladar parte de lo mostrado ante los Spurs a un contexto con menos balón. No dispondrá necesariamente de quince lanzamientos ni de 33 minutos para encontrar su ritmo. Tampoco podrá asumir siempre el mismo número de posesiones, especialmente cuando comparta pista con compañeros que tienen mayor responsabilidad ofensiva.
Ahí aparece una de las dificultades habituales para los jóvenes que llegan a la NBA. Una buena actuación en ausencia de los titulares puede abrirles oportunidades, pero encontrar continuidad exige adaptarse a funciones diferentes. De Larrea tendrá que demostrar que también puede ser útil cuando el ataque no pase constantemente por sus manos.
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