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Victor Wembanyama podría limitarse a jugar al baloncesto. Con 22 años, una carrera que apenas ha comenzado y una proyección comercial al alcance de muy pocos deportistas, nadie se sorprendería si decidiera concentrar sus intervenciones públicas en los partidos, los entrenamientos y los objetivos de los San Antonio Spurs. Tiene talento, contratos publicitarios y una de las mayores plataformas de la NBA para construir una marca alrededor de su figura. Sin embargo, el francés parece poco dispuesto a aceptar que su condición de estrella deba marcar también los límites de sus opiniones. En los últimos meses ha cuestionado la promoción de las apuestas deportivas, condenado las muertes de civiles durante operaciones de agentes federales estadounidenses y respaldado las protestas estudiantiles que recorren Francia. Una sucesión de intervenciones que dibuja el perfil de un jugador con inquietudes que van bastante más allá de lo que sucede sobre el parqué.
Su última toma de posición ha llegado desde Estados Unidos, aunque con la mirada puesta en Francia. Miles de estudiantes llevan semanas movilizándose contra el deterioro de la educación pública, la falta de profesores y las desigualdades entre centros educativos. Las protestas, que comenzaron el 21 de septiembre en la academia de Créteil, han terminado extendiéndose por buena parte del país. Este jueves, las manifestaciones congregaron a 71.500 personas, según el Ministerio del Interior francés, de las cuales 24.500 participaron en la marcha de París. Entre las voces que han decidido respaldarlas aparece una de las figuras deportivas más reconocibles de Francia.
Wembanyama no se limitó a compartir un mensaje de apoyo. Durante una comparecencia ante los periodistas, habló de “desigualdades sistémicas” y de problemas profundamente arraigados en el sistema educativo francés. “Los escucho y los apoyo, y espero que quienes están arriba hagan lo mismo”, afirmó. Días antes, cuando un seguidor le había propuesto en Instagram sumarse a las manifestaciones, el jugador había respondido que le encantaría hacerlo. Sus palabras adquirieron una dimensión personal cuando recordó sus años de estudiante: “Tuve la suerte de escapar de ese sistema, de esos problemas. Pero es una cuestión de suerte”.
La referencia no era casual. Antes de convertirse en una estrella internacional, Wembanyama estudió en Nanterre, una ciudad situada al oeste de París que conoce bien las movilizaciones juveniles. El propio jugador recordó que su instituto ya era uno de los centros donde se organizaban bloqueos estudiantiles. Nanterre también ocupa un lugar destacado en el debate francés sobre desigualdad y violencia policial. Allí murió Nahel Merzouk, un adolescente de 17 años abatido por un policía durante un control de tráfico en junio de 2023, un episodio que desató protestas por todo el país y reavivó las denuncias de discriminación racial.
Lo interesante de su intervención es que no presenta su trayectoria como una demostración de que cualquiera puede superar las desigualdades con suficiente esfuerzo. Al contrario, reconoce que su extraordinaria capacidad deportiva le permitió acceder a oportunidades que no están al alcance de todos los jóvenes de su entorno. Una lectura poco habitual en un deporte que ha convertido las historias individuales de superación en uno de sus principales relatos comerciales.
La línea roja de Wembanyama
A comienzos de octubre, Wembanyama había protagonizado otra intervención que apuntaba directamente al negocio del deporte profesional. Durante una sesión de entrenamiento de los Spurs, un periodista le preguntó si aceptaría promocionar una casa de apuestas. Su respuesta fue tajante: “En absoluto. Nunca lo haré”. No se quedó ahí. También aseguró que le entristecía ver a otros jugadores anunciando plataformas de juego, aunque reconoció que cada uno era libre de tomar sus propias decisiones. Las declaraciones llegaron en un momento en el que las apuestas se han convertido en un elemento habitual del ecosistema comercial de las grandes ligas estadounidenses.
Su negativa cobra especial relevancia por el lugar que ocupa dentro de esa industria. La NBA mantiene relaciones comerciales con empresas vinculadas a las apuestas, mientras algunas de sus principales estrellas han firmado acuerdos publicitarios o realizado inversiones en plataformas del sector. LeBron James, Kevin Durant y Giannis Antetokounmpo figuran entre los jugadores relacionados con este negocio mediante distintas fórmulas. Wembanyama, por su parte, sostiene que no quiere prestar su imagen a estas compañías, una decisión que introduce cierta distancia entre sus criterios personales y determinadas prácticas comerciales normalizadas en la competición.
El pívot explicó que su manera de seleccionar patrocinadores ha cambiado conforme ha crecido su carrera. Admitió que anteriormente el dinero tenía más peso en sus decisiones, pero aseguró que ahora prioriza los valores asociados a las marcas. Según relató, ha rechazado ofertas mucho más lucrativas que algunos de los contratos que finalmente ha firmado. Su argumento partía de una reflexión sobre la influencia de los deportistas: “Ganamos millones y millones. Esa no es nuestra mayor fortaleza. Nuestra mayor fortaleza es inspirar”.
No deja de existir una contradicción interesante. Wembanyama forma parte de una NBA que obtiene importantes ingresos de sus acuerdos comerciales y cuya relación con las apuestas no depende de las preferencias individuales de sus jugadores. Él mismo mantiene contratos con grandes multinacionales de distintos sectores. Su postura no supone una ruptura con ese modelo, ni implica que esté promoviendo una campaña organizada contra el juego. Por ahora, ha establecido un límite sobre aquello que está dispuesto a anunciar, utilizando su influencia para cuestionar una actividad de la que otros compañeros obtienen ingresos.
La violencia policial rompe el silencio
La intervención más delicada llegó varios meses antes, el 27 de enero, cuando fue preguntado por las muertes de Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis. Ambos ciudadanos estadounidenses, de 37 años, fallecieron por disparos de agentes federales durante operaciones migratorias desarrolladas ese mismo mes. Los episodios provocaron protestas y una fuerte controversia política en Estados Unidos. Desde la Administración de Donald Trump se defendió inicialmente que los agentes habían actuado en defensa propia, una versión cuestionada por las autoridades locales y por manifestantes que exigían responsabilidades.
Wembanyama reconoció entonces que el departamento de comunicación de los Spurs había intentado orientarlo sobre cómo responder. Aun así, descartó refugiarse en una declaración cuidadosamente calculada. “No voy a sentarme aquí y dar una respuesta políticamente correcta”, advirtió antes de explicar que las noticias que llegaban desde Minneapolis le producían horror. “Me parece una locura que algunas personas intenten hacer pasar el asesinato de civiles por algo aceptable”, sostuvo. También confesó que aquellos acontecimientos le estaban llevando a hacerse preguntas profundas sobre su propia vida.
El francés tampoco ocultó las limitaciones que percibía a la hora de expresarse. Reconoció que decir todo lo que pensaba podía acarrearle consecuencias personales y prefirió no profundizar más. Ese matiz resulta importante para comprender su posición. Wembanyama no se presenta como alguien completamente ajeno a las presiones que rodean a una figura pública. Sabe que su carrera se desarrolla en Estados Unidos, que su imagen tiene un enorme valor comercial y que sus declaraciones pueden adquirir una dimensión política que trascienda sus intenciones. Pese a ello, decidió pronunciarse sobre un asunto que incomodaba a buena parte del país.
Su creciente presencia en estos debates tampoco parece limitarse a la actualidad estadounidense. El pasado agosto, durante una concentración con la selección francesa, fue preguntado por sus posicionamientos políticos y sociales ante las elecciones presidenciales de 2027. No expresó un respaldo electoral concreto, pero reivindicó su libertad para opinar recurriendo a una frase de la película francobelga Dikkenek: “Sé que no gusto a todo el mundo, pero cuando veo a quién no gusto, me pregunto si realmente me molesta”.
Por supuesto, ninguna de estas declaraciones convierte automáticamente a Wembanyama en un activista ni permite atribuirle un programa político definido. Sus intervenciones son todavía puntuales, responden a cuestiones distintas y no siempre van acompañadas de iniciativas concretas. Tampoco es el primer deportista que aprovecha su notoriedad para pronunciarse sobre asuntos sociales. La propia NBA tiene una larga historia de jugadores que han intervenido en debates sobre racismo, derechos civiles y desigualdad, desde Bill Russell y Kareem Abdul-Jabbar hasta LeBron James.
Lo que distingue por ahora al francés es el momento de su carrera en el que está construyendo esa voz pública. A sus 22 años, con una trayectoria deportiva todavía en expansión y convertido ya en capitán de la selección francesa, Wembanyama está definiendo no solo qué clase de jugador quiere ser, sino también qué quiere hacer con la atención que recibe. Sus comentarios sobre las apuestas, las operaciones policiales estadounidenses o las protestas educativas francesas no responden a una misma campaña, pero permiten observar una preocupación compartida por las consecuencias sociales de decisiones tomadas desde posiciones de poder.
En una competición acostumbrada a medir la grandeza mediante estadísticas, títulos y contratos, Wembanyama empieza a explorar otra dimensión de su influencia. Todavía está por ver si sus palabras se traducen en compromisos sostenidos o si continuará interviniendo únicamente ante determinados acontecimientos. De momento, ha dejado algo claro: ser una de las mayores estrellas de la NBA no le parece una razón suficiente para mantenerse al margen de lo que sucede fuera de ella.




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