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El Regate

Baba Miller y el largo camino desde el Real Madrid hasta la NBA

El ala-pívot mallorquín cambió la cantera blanca por el baloncesto universitario estadounidense, superó una sanción de 16 partidos y pasó por tres universidades ante de llegar a los Clippers

Artículos escritos por Carlos Molina en ElPlural.com
Baba Miller durante su estreno en la NBA| NBA

Baba Miller durante su estreno en la NBA| NBA

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En el camino hacia la NBA no siempre gana el que antes llega. Baba Miller es un ejemplo de ello. El mallorquín, de 2,11 metros, abandonó el Real Madrid cuando apenas había debutado con el primer equipo y decidió cruzar el Atlántico para completar su formación. Lo que parecía una vía directa hacia la mejor liga del mundo terminó convirtiéndose en un recorrido de cuatro temporadas universitarias, tres universidades y varios obstáculos que le obligaron a cambiar los planes. El desenlace llegó en junio de 2026, cuando Los Angeles Clippers apostaron por él con la elección número 36 del Draft.

Su historia no es la del talento que irrumpe y conquista todos los escenarios a su paso. Es la de un jugador que tuvo que entender que alcanzar la élite podía exigirle más tiempo del previsto. De Mallorca a Madrid, de Florida a Cincinnati y, finalmente, a Los Ángeles, Miller ha construido una trayectoria en la que la paciencia ha sido tan importante como sus condiciones físicas.

De Mallorca a Madrid con un objetivo entre ceja y ceja

La historia de Miller comienza lejos de los grandes pabellones estadounidenses. Nacido en Palma en 2004, dio sus primeros pasos en el baloncesto en el Bahía San Agustín, el club mallorquín en el que empezó a destacar antes de trasladarse a Madrid con apenas 12 años. La cantera blanca se convirtió en su hogar deportivo durante seis temporadas y en el escenario donde comenzó a tomar forma uno de los proyectos más interesantes del baloncesto español de su generación.

En Madrid, su evolución física modificó también su manera de jugar. Miller explicó que pasó de medir 1,89 metros a superar los dos metros en apenas unos meses durante su etapa cadete. Aquel crecimiento cambió sus posibilidades sobre la pista: conservaba habilidades de manejo y pase propias de un jugador exterior, pero ahora podía utilizarlas desde una posición mucho más cercana al aro.

El Real Madrid le permitió formarse en un entorno de máxima exigencia. En 2021 participó en el equipo que conquistó el torneo júnior de la Euroliga y, un año después, llegó su primera gran oportunidad. Con 17 años debutó en la Euroliga con el primer equipo blanco, en un encuentro ante el CSKA de Moscú marcado por las numerosas bajas que sufría la plantilla madridista. Para un chico que había acudido años antes al pabellón a ver jugar a referentes como Rudy Fernández y Sergio Llull, compartir pista con ellos representó la culminación de una primera etapa.

Sin embargo, aquella aparición no cambió sus planes. Miller consideraba que todavía necesitaba desarrollar su físico y perfeccionar aspectos técnicos antes de competir de manera regular en la élite europea. En lugar de esperar a que llegaran nuevas oportunidades en Madrid, eligió una ruta menos habitual para un canterano con semejante proyección: abandonar Europa para crecer en el baloncesto universitario estadounidense.

La sanción que convirtió el sueño americano en una espera

En el verano de 2022, Miller se incorporó a Florida State. La decisión respondía tanto a motivos deportivos como académicos. El jugador quería compaginar sus estudios con el baloncesto y trabajar en un entorno que, en su opinión, le permitiría mejorar individualmente incluso cuando no tuviera minutos en los partidos.

"La verdad es que no me veía preparado físicamente para jugar en un nivel tan alto en Europa. No me veía maduro. Preferí venir aquí", explicó en una entrevista en 2023.

Pero su aterrizaje en Estados Unidos estuvo lejos de ser el esperado. Antes de estrenarse con los Seminoles, la NCAA le impuso una sanción de 16 partidos por haber aceptado años antes los gastos de un viaje a Texas para participar en un entrenamiento, una práctica que infringía su normativa. Su familia devolvió el dinero al conocer la infracción, pero el castigo se mantuvo.

De repente, un jugador que había cruzado el Atlántico para acelerar su desarrollo tuvo que pasar buena parte de su primera temporada universitaria sin competir. La espera afectaba a su adaptación al juego estadounidense y a la posibilidad de demostrar su talento ante los ojeadores de la NBA.

Miller decidió convertir aquel tiempo en una oportunidad de trabajo. Durante esos meses se centró en ganar peso, mejorar el manejo del balón y perfeccionar su mecánica de tiro. En otra de sus declaraciones reconoció que no esperaba una sanción tan larga, pero también dejó clara su respuesta ante la situación: trabajar y prepararse para cuando llegara su momento.

La experiencia dejó una enseñanza importante para su carrera. El desarrollo de un deportista no depende únicamente de lo que sucede durante los partidos, sino también de su capacidad para aprovechar las etapas en las que las circunstancias le impiden competir. Cuando finalmente debutó, Miller todavía estaba lejos de la NBA, pero había empezado a construir una base física y técnica que necesitaría en los siguientes años.

Tres universidades para encontrar su sitio

La etapa universitaria tampoco siguió una línea recta. Miller permaneció dos temporadas en Florida State, donde fue ganando protagonismo de manera progresiva, antes de trasladarse a Florida Atlantic para la campaña 2024-25. Allí aumentó su producción y promedió 11,3 puntos y siete rebotes por encuentro, además de convertirse en una pieza importante por su capacidad para defender, rebotear y participar en la creación de juego.

El movimiento volvió a situarlo en una posición de búsqueda. En lugar de conformarse con haber encontrado un nuevo contexto, Miller continuó persiguiendo un entorno en el que pudiera explotar todas sus cualidades. La NCAA le ofrecía otra temporada de desarrollo y decidió aprovecharla en Cincinnati, su tercer destino universitario.

Fue allí donde su juego alcanzó una nueva dimensión. En la temporada 2025-26 firmó 13 puntos, 10,3 rebotes y 3,7 asistencias por partido, convirtiéndose en uno de los jugadores más completos de su equipo. Cincinnati encontró en él un ala-pívot capaz de influir en el encuentro desde distintas posiciones, tanto cerca del aro como en transición, y Miller respondió con una campaña que reforzó su candidatura al Draft.

Sus números reflejaron una evolución importante. No solo era un jugador alto con capacidad para capturar rebotes, sino un interior que podía conducir el balón, encontrar compañeros desmarcados y ayudar a organizar el ataque. Terminó la temporada como el primer jugador de Cincinnati desde Oscar Robertson, en 1959-60, que lideraba al equipo en puntos, rebotes y asistencias durante un mismo curso.

El recorrido por tres universidades puede interpretarse como una muestra de inestabilidad, pero también como la búsqueda de un lugar donde las piezas encajaran. Miller necesitó cambiar de escenario hasta encontrar el protagonismo que le permitiera mostrar la amplitud de su juego.

Los Clippers apuestan por su versatilidad

El 24 de junio de 2026 llegó la recompensa. Los Angeles Clippers seleccionaron a Miller con el número 36 del Draft, en la segunda ronda. El mallorquín alcanzaba así el objetivo que había perseguido desde que abandonó la cantera del Real Madrid cuatro años antes.

Su perfil ofrece argumentos interesantes para la NBA actual. Con 2,11 metros de altura, movilidad y capacidad para manejar el balón, puede desenvolverse en distintas posiciones y defender a jugadores de características variadas. Su rebote y su visión de juego le permiten contribuir más allá de la anotación, una cualidad importante para un jugador que comienza su carrera profesional en una franquicia con aspiraciones competitivas.

No obstante, el reto cambia por completo en este punto. Ser elegido en el Draft no garantiza minutos ni un lugar estable en la rotación. Miller necesita demostrar que puede trasladar sus virtudes universitarias a una competición en la que los espacios se reducen, el contacto aumenta y cada error puede afectar a sus oportunidades.

Etiquetas Deportes Baloncesto

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