Marta Kostyuk vivió en Madrid una de esas tardes que cambian una carrera. La jugadora ucraniana derrotó a Mirra Andreeva en dos sets, levantó su primer título WTA 1000 y convirtió la final en algo más que un partido de tenis. Sobre la tierra de la Caja Mágica, la victoria tuvo una lectura deportiva evidente, pero también un fuerte componente simbólico marcado por la guerra de Ucrania.

Kostyuk golpea primero y aprovecha los nervios de Andreeva

La final comenzó con una Marta Kostyuk mucho más asentada, agresiva y clara en su plan de partido. La ucraniana salió decidida a incomodar a Mirra Andreeva desde el fondo de la pista, buscando profundidad con sus golpes y evitando que la rusa pudiera dominar los intercambios con comodidad.

El primer set cayó del lado de Kostyuk por 6-3, un marcador que reflejó mejor su solidez en los momentos importantes. Andreeva, pese a llegar como una de las grandes favoritas y con una progresión muy consolidada en el circuito, se mostró más errática de lo habitual. La presión de disputar una final de este nivel pareció pesarle en algunos tramos, mientras Kostyuk jugó con más determinación.

La ucraniana no necesitó un tenis perfecto, pero sí fue más fiable. Supo sostener los peloteos largos, castigar los errores de su rival y mantener la tensión competitiva en los puntos clave. Esa diferencia emocional y táctica marcó buena parte del encuentro.

El segundo set, el momento que cambió la final

El segundo parcial tuvo más alternativas. Andreeva reaccionó, elevó su nivel y llegó a tener el set prácticamente en la mano. Con 5-4 a favor y saque, la rusa dispuso de dos bolas de set para llevar la final al tercer parcial. Era el momento en el que el partido podía cambiar por completo.

Sin embargo, Kostyuk resistió. La ucraniana no se dejó arrastrar por la presión y aprovechó las dudas de Andreeva para volver a meterse en el set. Esa capacidad para sobrevivir cuando el partido parecía complicarse fue una de las claves de su victoria.

A partir de ahí, la final se inclinó de nuevo hacia Kostyuk. Con más firmeza, más energía y una mentalidad mucho más fría en el cierre, terminó sellando el triunfo por 6-3 y 7-5 en una hora y 23 minutos. Fue una victoria limpia en el marcador, pero trabajada en lo emocional.

Una celebración con pirueta y sin saludo en la red

Nada más cerrar el partido, Kostyuk dejó una de las imágenes del torneo. La ucraniana celebró el título con una pirueta sobre la pista, una voltereta de espaldas que había prometido realizar si conseguía proclamarse campeona. Fue una celebración espontánea, muy visual y cargada de alegría después de conquistar el título más importante de su carrera.

Pero la otra imagen de la final llegó justo después: no hubo saludo con Mirra Andreeva. Kostyuk se levantó tras su celebración y fue directamente a saludar al juez de silla, evitando el gesto habitual con su rival. No fue un despiste ni una reacción aislada, sino una postura que la tenista ucraniana mantiene desde hace tiempo.

Kostyuk ha dejado claro en varias ocasiones que no estrecha la mano a jugadoras rusas o bielorrusas que no hayan condenado públicamente la invasión de Ucrania. Por eso, el desenlace de la final tuvo una lectura que fue más allá del tenis. La pista se convirtió también en un escenario de posicionamiento personal y político.

Una victoria deportiva con significado para Ucrania

Para Kostyuk, este título tiene un valor enorme. Es su primer WTA 1000, el tercer trofeo de su carrera y el mayor éxito conseguido hasta ahora en el circuito. Además, llega en un momento de gran forma: venía de ganar en Rouen y suma una racha de victorias muy importante sobre tierra batida.

La jugadora de Kiev confirmó en Madrid que está preparada para competir contra las mejores. Venció a una rival de enorme proyección como Andreeva y reforzó su posición dentro de la élite del tenis femenino. También logró una victoria con peso simbólico: una ucraniana imponiéndose a una rusa en una gran final internacional, en pleno contexto de guerra.

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