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Hay derrotas que se olvidan con el tiempo y otras que terminan cambiando la historia de un club. El 8 de marzo de 2017, el Paris Saint-Germain sufrió una de esas noches que dejan cicatrices difíciles de cerrar. Había ganado 4-0 al Barcelona en la ida de los octavos de final de la Champions y viajaba al Camp Nou con una ventaja que parecía definitiva. Sin embargo, 90 minutos después, un gol de Sergi Roberto en el tiempo añadido completaba un 6-1 imposible y dejaba al conjunto francés eliminado de la competición. Aquella noche, el Barça firmó una de las remontadas más recordadas del fútbol europeo y el PSG descubrió que ni siquiera una ventaja de cuatro goles garantizaba la tranquilidad.
Casi una década después, las tornas han cambiado. El Barcelona visita este martes el Parque de los Príncipes para medirse a un PSG que ya no persigue desesperadamente su primera Champions, sino que defiende los dos títulos europeos conquistados de manera consecutiva. El equipo parisino ha dejado atrás buena parte de sus complejos continentales y se ha convertido en una referencia del fútbol europeo. La gran paradoja es que el principal responsable de esa transformación es Luis Enrique, el mismo entrenador que estaba en el banquillo azulgrana durante aquella remontada de 2017.
La noche que cambió para siempre la relación entre ambos clubes
El 6-1 del Camp Nou no fue una eliminatoria cualquiera. El PSG había conseguido en la ida lo que parecía imposible: arrollar al Barcelona de Messi, Neymar y Luis Suárez con cuatro goles en el Parque de los Príncipes. Pero la vuelta terminó convirtiéndose en una de las mayores exhibiciones de resistencia emocional de la historia de la Champions. Los azulgranas se colocaron 3-0, Cavani devolvió momentáneamente la calma al conjunto francés y, cuando todo parecía decidido, Neymar marcó dos goles antes de asistir a Sergi Roberto para completar la remontada.
El impacto fue inmediato. El Barça celebró aquella clasificación como una conquista histórica, mientras que el PSG quedó asociado a una de las mayores debacles que se recuerdan en una eliminatoria europea. No era únicamente una derrota deportiva: suponía otro golpe para un proyecto que llevaba años invirtiendo cantidades extraordinarias de dinero con el objetivo de alcanzar la cima continental. La Champions se había convertido en una obsesión para los propietarios cataríes del club, pero el éxito seguía resistiéndose.
La respuesta de París llegó apenas unos meses después y tuvo como protagonista a uno de los futbolistas que habían destrozado sus esperanzas. En agosto de 2017, el PSG pagó los 222 millones de euros de la cláusula de rescisión de Neymar y protagonizó el fichaje más caro de la historia del fútbol. El brasileño abandonó Barcelona para convertirse en la nueva estrella del proyecto parisino. Aquel movimiento alteró el mercado internacional y añadió una dimensión económica a una rivalidad que hasta entonces se había desarrollado principalmente sobre el césped.
De Neymar a Mbappé: París comienza a devolver los golpes
Durante los años siguientes, el PSG continuó buscando la fórmula que le permitiera conquistar Europa. La incorporación de Kylian Mbappé, el protagonismo de Neymar y la posterior llegada de Lionel Messi convirtieron al conjunto francés en una colección de estrellas difícilmente comparable con cualquier otro equipo del continente. Sin embargo, reunir algunos de los nombres más importantes del fútbol mundial no se tradujo automáticamente en levantar la Champions.
Entre tanto, los enfrentamientos con el Barcelona fueron cambiando de signo. En febrero de 2021, Mbappé firmó una actuación memorable en el Camp Nou al marcar tres goles en la victoria parisina por 1-4 en la ida de los octavos de final. El empate a uno de la vuelta confirmó la eliminación azulgrana y simbolizó el cambio de ciclo entre ambos clubes. El Barcelona, que en 2017 había protagonizado una remontada imposible, veía cómo el PSG le devolvía una goleada en su propio estadio.
Pero el equipo francés seguía teniendo una cuenta pendiente con la competición. En 2020 había alcanzado su primera final de la Champions, perdida ante el Bayern de Múnich, y las temporadas posteriores volvieron a dejar eliminaciones dolorosas. Ni siquiera la presencia conjunta de Messi, Neymar y Mbappé consiguió resolver definitivamente el problema. El proyecto parisino había demostrado que podía atraer a las mayores figuras del planeta, pero todavía necesitaba construir un equipo capaz de imponerse en Europa.
Luis Enrique vuelve a cruzarse con el Barça, esta vez desde el otro banquillo
La llegada de Luis Enrique al PSG en 2023 abrió una etapa diferente. El técnico asturiano había conquistado la Champions con el Barcelona en 2015 y conocía perfectamente tanto la exigencia de los grandes clubes como la necesidad de construir una identidad colectiva por encima de los nombres individuales. Su aterrizaje en París coincidió con una transformación progresiva del proyecto deportivo, cada vez más orientado hacia futbolistas capaces de integrarse en una estructura de juego reconocible.
El destino quiso que uno de sus primeros grandes desafíos europeos fuese precisamente contra su antiguo equipo. En abril de 2024, el Barcelona de Xavi Hernández se impuso por 2-3 en el Parque de los Príncipes en la ida de los cuartos de final y dio un paso importante hacia las semifinales. Sin embargo, la vuelta terminó devolviendo al PSG al centro de otra noche inolvidable de esta rivalidad.
Raphinha adelantó al Barça en Montjuïc, pero la expulsión de Ronald Araújo en la primera mitad cambió radicalmente el encuentro. El PSG aprovechó la superioridad numérica, remontó hasta el 1-4 y eliminó a los azulgranas con un global de 6-4. Luis Enrique, que siete años antes había dirigido al Barcelona en la remontada del 6-1, celebraba ahora una de sus victorias europeas más importantes como entrenador parisino. La historia había cambiado de protagonistas, pero seguía manteniendo al asturiano en el centro de la escena.
Del complejo europeo a dos Champions consecutivas
La transformación del PSG terminó de materializarse en 2025. Después de años de inversiones multimillonarias y eliminaciones frustrantes, el conjunto de Luis Enrique conquistó finalmente la primera Champions de su historia. Lo hizo con un proyecto en el que la organización colectiva y la intensidad adquirieron un protagonismo que contrastaba con la etapa de las grandes individualidades.
Lejos de conformarse, los parisinos repitieron la hazaña en 2026. El PSG se proclamó campeón de Europa por segunda temporada consecutiva tras superar al Arsenal en la tanda de penaltis de la final disputada en Budapest. La victoria confirmó la dimensión del proyecto de Luis Enrique y convirtió al conjunto francés en el primer club del país en conquistar dos Copas de Europa.
El cambio tiene un enorme valor simbólico. El equipo que en 2017 había quedado marcado por una de las remontadas más humillantes de la historia de la competición llega ahora al enfrentamiento con el Barcelona como bicampeón continental. Y lo hace bajo la dirección de un entrenador que conoce mejor que casi nadie la historia reciente del rival. Luis Enrique ya no necesita mirar hacia Barcelona para recordar sus éxitos europeos: ha construido los suyos propios en París.
La rivalidad también tuvo un nuevo capítulo en octubre de 2025, cuando el PSG se impuso por 1-2 al Barcelona en Montjuïc y prolongó su buena dinámica en los duelos directos. Los parisinos demostraron entonces que su superioridad reciente no dependía únicamente de una eliminatoria concreta ni de una noche excepcional. Habían pasado de perseguir al Barça en Europa a competir desde una posición de autoridad continental.
Un nuevo capítulo con Flick y Lamine Yamal como protagonistas
El partido de este martes llega, sin embargo, en un contexto diferente al de los enfrentamientos anteriores. El Barcelona de Hansi Flick ha recuperado una identidad ofensiva reconocible y aterriza en París después de un arranque de temporada extraordinario en ataque. Los azulgranas han marcado 48 goles en sus primeros once encuentros oficiales, una producción que confirma el potencial de un equipo liderado en buena medida por el talento de Lamine Yamal.
El PSG, por su parte, mantiene la ambición de un proyecto que ya ha demostrado su capacidad para conquistar Europa. Luis Enrique afronta el encuentro con la autoridad que le conceden sus dos Champions consecutivas, aunque también con problemas físicos en su plantilla, entre ellos la lesión de Nuno Mendes. El Barça tampoco llega libre de dificultades: las bajas y molestias en defensa plantean dudas sobre la capacidad del equipo de Flick para sostener su propuesta ofensiva ante uno de los rivales más exigentes del continente.
No habrá una remontada que completar ni una eliminatoria que resolver, porque ambos se enfrentan esta vez en la fase de liga. Pero el partido conserva el peso histórico de una rivalidad que ha producido algunas de las noches más memorables de la Champions en la última década. Desde el 6-1 del Camp Nou hasta la goleada de Mbappé en 2021, pasando por la eliminación azulgrana de 2024 y la consolidación europea del PSG, los encuentros entre ambos se han convertido en una sucesión de capítulos que explican también la evolución del fútbol continental.
En 2017, Luis Enrique contempló desde el banquillo del Barcelona cómo su equipo destrozaba el sueño europeo del PSG. Nueve años después, recibe a los azulgranas al frente de un club que ha conquistado dos Champions consecutivas. El técnico asturiano es el hilo conductor de una rivalidad que ha cambiado de protagonistas, de resultados y de jerarquías. El martes, en París, volverá a escribirse otro capítulo de una historia que ya no pertenece únicamente al recuerdo de aquella remontada imposible.




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