En el baloncesto europeo, ningún dirigente levanta tantas pasiones (a favor y en contra) como Dimitris Giannakopoulos, presidente y propietario del Panathinaikos BC. Figura clave del club griego con décadas al frente de una de las instituciones más históricas del continente, Giannakopoulos ha protagonizado un sinfín de controversias que abarcan desde declaraciones incendiarias hasta sanciones deportivas, pasando por enfrentamientos con otros clubes, organismos y aficionados. 

Un dirigente que nunca pasa desapercibido

Giannakopoulos no es un recién llegado a las polémicas. Su reputación de personaje combativo viene de largo y ha estado marcada por incidentes dentro y fuera de las pistas. En años anteriores ya fue protagonista de trifulcas con entrenadores, periodistas y aficionados, incluyendo altercados físicos y amenazas que llegaron a trascender el ámbito deportivo. 

El año 2025 fue particularmente intenso para el presidente de Panathinaikos. Durante la serie de la liga griega contra su eterno rival Olympiacos en los playoffs de la A1 Basket League, la rivalidad se desbordó con insultos, gestos provocativos y acusaciones cruzadas entre dirigentes de ambos clubes, generando un ambiente tenso que obligó a la intervención de las autoridades deportivas y del propio gobierno griego. 

Una reputación forjada en el conflicto

El detonante de una de las sanciones más duras recientes fue un encuentro caliente en el Peace and Friendship Stadium, donde Giannakopoulos fue protagonista de gestos ofensivos ante los aficionados rivales y, según las autoridades, de conductas que “defenestraron la imagen del baloncesto” durante el desarrollo del partido. Las consecuencias no se hicieron esperar: una prohibición de diez meses para entrar en estadios y una multa personal de 20 000 €, además de una sanción económica adicional de 44 000 € al propio club por su comportamiento en la contienda.

La situación no se quedó ahí. Paralelamente, la EuroLiga le impuso una multa de 100 000 € por declaraciones públicas en redes sociales criticando a árbitros, clubes y a la propia organización del máximo torneo europeo de clubes. En sus publicaciones, el presidente llegó a sugerir que la competición estaba mal gestionada y que las decisiones arbitrales eran desfavorables para su equipo, lo que la EuroLeague interpretó como una violación grave de su código disciplinario. 

El enfrentamiento con Olympiacos derivó también en una espiral legal: tras recibir una demanda por parte de los dirigentes de su histórico rival, Giannakopoulos respondió con una contrademanda por difamación y supuesta incitación a la violencia, intensificando así un conflicto que traspasa lo deportivo y entra en las salas judiciales. 

Redes sociales como campo de batalla

Más allá de sanciones oficiales, la presencia de Giannakopoulos en redes sociales y su estilo provocador han sido objeto de críticas constantes. A menudo ha sido acusado por aficionados y analistas de alimentar tensiones innecesarias, atacar a colegiados o dirigentes y utilizar plataformas públicas para desatar polémicas que van más allá del resultado de un partido. Hay quien incluso ha señalado que este comportamiento perjudica la imagen del club y del deporte en general, aunque otros seguidores del equipo exaltan su pasión y entrega. 

Este patrón de comportamiento no es nuevo, sino la continuación de una larga saga de polémicas que se remontan a décadas anteriores: desde conflictos físicos en vestuarios hasta enfrentamientos con medios de comunicación, Giannakopoulos ha sabido mantenerse bajo el foco tanto por sus éxitos deportivos como por sus reacciones explosivas. 

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