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Durante muchos años, España encontró en Portugal a un vecino incómodo, aunque rara vez capaz de discutirle su dominio del fútbol sala. La selección española había convertido esta disciplina en una de sus grandes especialidades, acumulaba campeonatos europeos y había conseguido discutirle a Brasil una supremacía mundial que parecía reservada a los inventores del deporte. Portugal tenía talento, pero los títulos importantes seguían llegando al otro lado de la frontera. Hasta que la historia empezó a cambiar.
Este viernes, ambas selecciones volverán a encontrarse en las semifinales de la Finalissima, el torneo que reúne en Brasil a los finalistas de la Eurocopa y de la Copa América. El escenario será el Arena Niterói, en el estado de Río de Janeiro, donde España y Portugal se enfrentarán a las 22.30 horas de la España peninsular. Después jugarán Brasil y Argentina. Cuatro selecciones que se han repartido los diez Mundiales masculinos celebrados hasta la fecha y que volverán a disputarse un título en un deporte acostumbrado a vivir lejos de los grandes focos mediáticos.
La cita recupera una rivalidad cuyo equilibrio ha cambiado considerablemente durante los últimos años. Portugal conquistó la primera Finalissima en 2022, precisamente ante España y después de una tanda de penaltis. Sin embargo, el precedente más reciente favorece a los españoles. El pasado febrero, la selección de Jesús Velasco derrotó a los portugueses por 5-3 en la final de la Eurocopa, recuperando un título que llevaba una década sin conquistar.
El enfrentamiento de Brasil ofrece así una nueva entrega de una rivalidad que ya no puede explicarse únicamente desde el historial de victorias español. Portugal aprendió a ganar a su vecino en los partidos decisivos, encadenó grandes títulos y obligó a España a reconstruir su posición en el fútbol sala internacional.
Cuando Portugal aprendió a ganar a España
España había construido una de las grandes dinastías de este deporte. Ganó los Mundiales de 2000 y 2004, conquistó siete de las primeras once ediciones de la Eurocopa y acostumbró a sus aficionados a competir por todos los títulos. Portugal convivió durante años con aquella superioridad, aunque ya disponía de jugadores extraordinarios y de un talento como Ricardinho, capaz de encontrar soluciones donde apenas parecía haber espacio para controlar la pelota.
El punto de inflexión llegó en 2018, durante la Eurocopa disputada en Liubliana. España parecía tener controlada la final después de remontar el gol inicial de Ricardinho, pero Bruno Coelho forzó la prórroga y terminó decidiendo el encuentro con un lanzamiento de diez metros cuando apenas quedaba un minuto. Portugal conquistaba su primer campeonato europeo y empezaba a modificar una relación deportiva que hasta entonces había favorecido claramente a los españoles.
Aquel triunfo tuvo continuidad. En 2021, los portugueses eliminaron a España en los cuartos de final del Mundial después de remontar dos goles de desventaja y terminaron conquistando el título frente a Argentina. Un año después repitieron corona continental y volvieron a cruzarse con España en Buenos Aires, esta vez para disputar la primera Finalissima.
Mellado adelantó a los españoles y Afonso Jesus igualó el encuentro. El título acabó resolviéndose en una tanda de penaltis en la que el portero Edu detuvo dos lanzamientos y Portugal se impuso por 4-2. La selección de Jorge Braz sumaba otro trofeo a una colección que había crecido a una velocidad extraordinaria.
Entre 2018 y 2022, los portugueses conquistaron dos Eurocopas, un Mundial y una Finalissima. La continuidad de Braz en el banquillo desde 2010 había permitido construir un bloque competitivo, acostumbrado a resolver eliminatorias complicadas y capaz de remontar marcadores adversos.
Los resultados reflejaban la magnitud de aquel crecimiento. Portugal encadenó 48 partidos oficiales sin perder entre 2016 y 2024, una racha que terminó durante el Mundial de Uzbekistán. La selección que durante años había perseguido a España se había convertido en la referencia del fútbol sala europeo.
La reconstrucción española y una nueva generación
Mientras Portugal acumulaba títulos, España tuvo que acostumbrarse a disputar los grandes torneos sin partir de la misma posición de superioridad que había disfrutado durante buena parte de su historia. El relevo generacional tampoco resultaba sencillo. La retirada de futbolistas que habían sostenido la época dorada obligaba a construir nuevas jerarquías y encontrar referentes capaces de asumir la responsabilidad competitiva.
La llegada de Jesús Velasco al banquillo en noviembre de 2024 abrió otra etapa. El técnico toledano, con una larga trayectoria en el fútbol sala de clubes, tomó las riendas de una selección que necesitaba volver a convertir su talento en títulos. La recompensa llegó en febrero de 2026, precisamente ante Portugal.
La final de Liubliana tenía un antecedente difícil de ignorar. Era el mismo escenario donde los portugueses habían conquistado su primera Eurocopa ocho años antes. España se adelantó por 2-0, Portugal empató y el encuentro volvió a igualarse después de que los españoles recuperaran la ventaja. Entonces apareció Antonio Pérez, que completó un triplete y dejó el partido encaminado antes de que Adolfo cerrara el 5-3 definitivo.
España conquistó su octava Eurocopa y puso fin a diez años de espera. Portugal, ganador de las dos ediciones anteriores, veía interrumpida su hegemonía continental frente al mismo adversario al que había arrebatado el título en 2018.
El campeonato también confirmó la importancia de una nueva generación de jugadores. Antonio Pérez, Adolfo, Sergio González o Ricardo Mayor representan perfiles diferentes dentro de una selección que combina circulación de balón, experiencia competitiva y recursos individuales.
La renovación no ha supuesto prescindir de todos los veteranos. Mario Rivillos continúa formando parte del grupo, mientras Jesús Herrero y Dídac Plana aportan experiencia desde la portería. Velasco ha encontrado una combinación de futbolistas acostumbrados a disputar grandes competiciones y otros que están consolidando su presencia internacional.
La formación constituye otro elemento importante para entender la rivalidad. España cuenta con clubes como Inter, Barça, ElPozo Murcia o Cartagena, habituales proveedores de jugadores para la selección. Portugal también ha encontrado continuidad competitiva en sus principales equipos y en generaciones jóvenes que empiezan a obtener resultados importantes.
En 2023 y 2025, Portugal derrotó a España en las finales de la Eurocopa sub-19. El último triunfo llegó después de remontar un 2-0 y resolver el encuentro en la prórroga. Son resultados que reflejan la capacidad del país vecino para formar nuevas generaciones, aunque no permiten anticipar por sí solos quién dominará la categoría absoluta durante los próximos años.
Una rivalidad sin favoritos eternos
La Finalissima vuelve a reunir a España y Portugal en circunstancias distintas a las de 2022. Los portugueses llegan como vigentes campeones del torneo, mientras que España lo hace después de recuperar el título europeo.
Jorge Braz continúa al frente de Portugal, acompañado de futbolistas como Pany Varela, André Coelho o Tomás Paçó. España presenta un equipo dirigido por Velasco en el que Antonio Pérez ocupa un papel importante, junto a jugadores como Adolfo, Cecilio o Rivillos.
La convocatoria española ha sufrido una modificación por lesión. Mellado causó baja y Gon Castejón ocupó su lugar en una expedición de catorce futbolistas que disputará un torneo sin apenas margen para corregir errores.
El formato es sencillo: el ganador del España-Portugal jugará el domingo la final frente al vencedor del Brasil-Argentina. Los perdedores disputarán el encuentro por el tercer puesto.
La presencia de las cuatro selecciones permite reunir en un mismo escenario buena parte de la historia del fútbol sala internacional. Brasil suma seis Mundiales, España ha conquistado dos y Argentina y Portugal cuentan con uno cada una. Son los diez títulos mundiales masculinos disputados desde 1989.
La rivalidad ibérica tiene, sin embargo, una trayectoria particular. España fue durante años la referencia que Portugal trataba de alcanzar. Después llegaron los títulos portugueses y una serie de enfrentamientos directos que modificaron aquel equilibrio. La Eurocopa de febrero devolvió a España un lugar que llevaba una década sin ocupar.




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