Un gesto, una camiseta, un brazalete o una celebración pueden convertir en cuestión de segundos un acontecimiento deportivo seguido por millones de personas en un enorme altavoz político y social. La última polémica ha llegado con la campaña de apoyo a Ceuta y el lema “Todos somos caballas”, después de que Vinícius, Kylian Mbappé e Ibrahima Konaté no mostraran el mensaje como el resto de sus compañeros.

El episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente. ¿Hasta dónde debe llegar la libertad de un deportista para expresar sus posiciones durante una competición? Los futbolistas conocen la repercusión de sus gestos y algunos aprovechan su exposición pública para posicionarse ante conflictos, injusticias o debates que trascienden el terreno de juego.

Sin embargo, las competiciones deportivas no siempre permiten este tipo de manifestaciones. Las Reglas de Juego de la IFAB establecen que el equipamiento de los jugadores no puede contener mensajes o imágenes de carácter político, religioso o personal. La dificultad aparece al determinar qué debe considerarse exactamente un mensaje político.

Ahí se sitúa parte de la controversia en torno a “Todos somos caballas”. Sus impulsores presentan la iniciativa como un gesto de solidaridad con Ceuta, aunque la dimensión territorial y política que rodea a la ciudad autónoma ha provocado interpretaciones distintas.

Quienes defienden las restricciones argumentan que permiten preservar cierta neutralidad dentro de las competiciones. Un estadio reúne a aficionados con opiniones, nacionalidades e ideologías muy diferentes y permitir cualquier reivindicación podría trasladar al terreno de juego conflictos ajenos al deporte. También obligaría a decidir qué mensajes son aceptables y cuáles pueden resultar ofensivos, discriminatorios o provocadores.

Quienes reclaman una mayor libertad plantean el argumento contrario. Ser deportista profesional no elimina el derecho a expresar opiniones, especialmente cuando se trata de cuestiones que afectan directamente al entorno, la comunidad o la identidad de cada jugador.

El caso de Ceuta introduce además otra pregunta. ¿Qué ocurre cuando la iniciativa no parte del futbolista, sino del club o de la competición? El Real Madrid aceptó sumarse al gesto, pero defendió después la libertad individual de sus jugadores para decidir si querían participar.

La frontera se complica todavía más cuando son las propias organizaciones deportivas las que promueven determinadas causas. FIFA y otras instituciones impulsan campañas contra el racismo, en favor de la paz o de otros valores sociales, mientras los jugadores tienen límites para exhibir mensajes propios.

El debate, por tanto, no enfrenta únicamente política y deporte. También contrapone la libertad de expresión individual, el derecho a no adherirse a una campaña y la aspiración de las competiciones a mantener unas reglas comunes.

En El Regate queremos conocer tu opinión. ¿Crees que los deportistas deberían poder expresar públicamente sus posiciones políticas durante una competición o consideras que esos mensajes deben mantenerse fuera de los terrenos de juego? Participa en nuestra encuesta y vota.

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ENCUESTA: ¿Deberían los deportistas poder mostrar mensajes políticos durante una competición?
Frédéric Kanouté celebra un gol para Palestina. Archivo.

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