Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Cristiano Ronaldo acaba de anunciar que pone fin a su andadura en la selección portuguesa. Acaba una etapa de más de 23 años al servicio de la selección lusa que incluye 234 partidos, 147 goles (máximo de un jugador en la historia de las selecciones) y los primeros grandes títulos para su país: la Eurocopa de 2016 y las Nations League de 2019 y 2025.
Sin embargo, para desgracia de Portugal, los últimos tiempos de Cristiano en la selección no han sido como se espera de una estrella del calibre del bicho. La última concentración, la acabó abandonando por un desacuerdo con el técnico de la selección, Jorge Jesús. Finalmente la federación le impuso una multa de 255 euros, y aunque era un secreto a voces, finalmente el jugador del Al-Nassr, a través de un comunicado ha anunciado que su paso por la selección de Portugal ha llegado a su fin.
A pesar de que estos últimos años de CR7 no hayan sido buenos, el impacto del cinco veces ganador del Balón de Oro es innegociable. Incluso puede llegar a ser considerado como el jugador más importante para una selección en la historia.
La Eurocopa de 2004, el inicio de todo
Antes de convertirse en el líder de Portugal, Cristiano Ronaldo fue uno de los descubrimientos de la Eurocopa que su país organizó en 2004. Con apenas 19 años, disputó su primer gran torneo internacional y dejó muestras del futbolista en el que acabaría convirtiéndose. Su estreno tuvo un simbolismo especial: marcó ante Grecia en el partido inaugural, aunque su tanto en el tiempo añadido no evitó la derrota portuguesa por 1-2. Fue también su primer gol con la selección en una gran competición.
Su importancia fue creciendo a medida que avanzaba el campeonato. Volvió a marcar en las semifinales contra Países Bajos, en una victoria por 2-1 que llevó a Portugal hasta la final. Aquel joven extremo compartía vestuario con referentes como Luís Figo, Rui Costa o Deco, pero ya empezaba a reclamar su propio espacio. Su rendimiento le permitió entrar en el equipo ideal del torneo y convertirse en uno de los nombres propios de aquella generación.
La final volvió a cruzarle con Grecia. Esta vez no hubo gol que cambiase el desenlace y Portugal perdió por 1-0 en el Estádio da Luz. Ronaldo terminó llorando sobre el césped, una imagen que acompañaría durante años el recuerdo de su primera gran cita internacional. Todavía no era el capitán ni el dueño de la selección, pero la Eurocopa de 2004 fue el primer capítulo de una historia que acabaría cambiando el fútbol portugués
El chico que convirtió las derrotas en una obsesión
En Alemania 2006 llegó otra oportunidad. Portugal alcanzó las semifinales y terminó cuarto, después de perder contra Francia y Alemania. Ronaldo ya no era el adolescente que había debutado dos años antes: se había convertido en uno de los líderes ofensivos del equipo y empezaba a asumir el peso de una selección que buscaba una referencia duradera. Sin embargo, los siguientes torneos volvieron a dejar preguntas pendientes. Portugal cayó en octavos de final en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, y se quedó en los cuartos de final de la Eurocopa de 2008 y las semifinales de 2012.
El fútbol internacional no le ofrecía el mismo margen que los clubes. En una selección, las oportunidades llegan cada dos años y las generaciones no siempre coinciden en su mejor momento. Ronaldo acumulaba goles y reconocimientos individuales, pero su historia con Portugal seguía esperando una fotografía diferente a la de Lisboa.
La Eurocopa de 2016 cambió esa imagen, aunque no de la forma que podía imaginar. Portugal llegó a Francia sin convencer durante la fase de grupos: empató sus tres partidos ante Islandia, Austria y Hungría y avanzó como uno de los mejores terceros. Ronaldo marcó dos goles contra los húngaros y fue decisivo en el camino hacia las eliminatorias. Después llegaron Croacia, Polonia y Gales, hasta alcanzar de nuevo una final, esta vez ante la anfitriona Francia.
La final que ganó desde la banda
La noche del 10 de julio de 2016 parecía diseñada para cerrar el círculo. Portugal tenía delante a Francia y la posibilidad de conseguir su primer gran título. Pero el partido se torció muy pronto. Ronaldo tuvo que abandonar el terreno de juego en el minuto 25, después de lesionarse en una acción con Dimitri Payet. Se marchó entre lágrimas, con la rodilla vendada y la frustración de quien vuelve a encontrarse ante una final que amenaza con escaparse.
Lo que ocurrió después pertenece a otra dimensión de su carrera internacional. Desde la banda, el capitán siguió el partido, animó a sus compañeros y participó de manera activa en la dirección emocional del equipo. Portugal resistió durante 120 minutos y encontró el gol decisivo en una acción de Éder, que marcó en el 109. Ronaldo levantó la primera Eurocopa de la historia portuguesa sin haber podido disputar la mayor parte de la final. La imagen del capitán con el trofeo, esta vez entre lágrimas distintas, sustituyó definitivamente a la del muchacho derrotado en 2004.
No fue una conquista individual. Rui Patrício sostuvo al equipo, Pepe lideró la defensa, Nani y otros compañeros aportaron en los momentos decisivos y Fernando Santos construyó una selección capaz de competir desde la resistencia. Pero Ronaldo era su capitán y el futbolista alrededor del cual se había articulado buena parte del proyecto. La victoria también liberó a una generación de una carga histórica.
Tres años después, Portugal volvió a ganar un título con Ronaldo como protagonista. En la primera edición de la UEFA Nations League, el delantero marcó un triplete en la semifinal contra Suiza y la selección derrotó a Países Bajos por 1-0 en la final, con un gol de Gonçalo Guedes. El nuevo trofeo confirmó que la Eurocopa no había sido una excepción, aunque el Mundial seguía resistiéndose.
Ronaldo continuó sumando participaciones y goles en las grandes citas. En Rusia 2018 firmó uno de los partidos más recordados de su carrera internacional con un triplete ante España, incluido un lanzamiento de falta en los últimos minutos para cerrar el 3-3. En 2021, con 36 años, superó a Ali Daei y se convirtió en el máximo goleador de la historia del fútbol de selecciones masculinas. Ya no perseguía únicamente los títulos que le habían faltado: también estaba modificando los registros de una competición que había empezado a disputar siendo un adolescente.
Cuando el símbolo también ocupa demasiado espacio
La relación entre Ronaldo y Portugal empezó a cambiar durante el Mundial de Catar de 2022. Fernando Santos decidió dejarlo en el banquillo para el encuentro de octavos de final frente a Suiza. Gonçalo Ramos ocupó su lugar y respondió con un triplete en la victoria por 6-1. La decisión abrió una discusión que hasta entonces parecía difícil de plantear: ¿podía Portugal competir mejor sin su capitán en el once inicial?
Ronaldo entró desde el banquillo en aquel encuentro, pero no volvió a ser titular en el resto del torneo. Portugal cayó ante Marruecos en cuartos y la relación con Santos quedó seriamente deteriorada. La escena del capitán abandonando el campo después de la eliminación, caminando solo hacia el vestuario, tuvo un significado distinto a las lágrimas de 2004. Esta vez no era un joven que acababa de perder una final, sino una estrella que debía asumir que el equipo podía funcionar sin concederle el protagonismo de siempre.
La Eurocopa de 2024 prolongó ese debate. Ronaldo disputó su sexto Campeonato de Europa, un récord, pero terminó el torneo sin marcar. En los octavos de final contra Eslovenia falló un penalti durante la prórroga y rompió a llorar. Portugal sobrevivió gracias a Diogo Costa, que detuvo los lanzamientos de la tanda, pero acabó eliminado por Francia en cuartos. La imagen del delantero consolado por sus compañeros volvió a recorrer el mundo. El tiempo, el rival al que había conseguido aplazar durante tantos años, empezaba a aparecer también en sus actuaciones con la selección.
Aun así, todavía encontró espacio para otro título. En la final de la Nations League de 2025, Portugal empató 2-2 con España y ganó por 5-3 en los penaltis. Ronaldo marcó el tanto del empate en el minuto 61 y volvió a levantar un trofeo internacional. Fue el segundo título de la Nations League para los portugueses y el tercero de su palmarés con la selección, junto a la Eurocopa de 2016. En 2026 disputó su sexto Mundial y se convirtió en el primer futbolista en marcar en seis ediciones diferentes. Portugal cayó en octavos ante España, pero su registro mundialista alcanzó los once goles.
La última etapa tuvo también un desenlace menos solemne de lo que cabría esperar. Tras ser suplente y conocer que no sería titular en el siguiente compromiso, Ronaldo abandonó la concentración portuguesa en septiembre, después de su último partido, una victoria por 1-0 ante Gales. El episodio evidenció las tensiones que rodeaban su continuidad y la dificultad de cerrar una relación en la que durante años había sido mucho más que un jugador. Este 5 de noviembre ha anunciado que devuelve la camiseta número 7, la que llevó durante 23 años.




Comentarios
Solo los socios pueden comentar.
Únete a la comunidad de El Plural para participar en la conversación.