Después de cualquier debate entre políticos se analiza hasta el más mínimo detalle, y los gestos que hicieron o tuvieron las cuatro mujeres el 9J no es algo menor. Además de lo que dijeron, el cómo lo hicieron dice mucho de las cuatro políticas que protagonizaron el primer debate protagonizado sólo por mujeres.

El abogado José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal, ha analizado la actitud, la pose o los pequeños tics que Andrea Levy, Margarita Robles, Inés Arrimadas y Carolina Bescansa tuvieron, tanto mientras intentaban transmitir su mensaje como cuando escuchaban a sus compañeras.

Levy la nerviosa

“De más a menos” nerviosa, así define Martín la actitud de la representante del Partido Popular, la cual la tensión le fue quemando su interior: necesitó agua a menudo (la sequedad de boca es una reacción fisiológica propia del estrés y del miedo), acabó resoplando”.

La diputada catalana llamó también la atención por ser la que menos tiempo de palabra utilizó, “siendo el centro de los ataques”. Además, también fue la única que no utilizó papeles hasta el final del debate, “muy valiente. Pareció acudir mucho a la memoria y con una gestualidad en ocasiones robotizada”.

Robles, hacia lo judicial

La representante del Partido Socialista también se mostró “acelerada y nerviosa, el temblor de manos la delató” considera este experto en comunicación no verbal. “Cuerpo dirigido a las demás y se remangó en varias ocasiones la chaqueta, tenía muy claro que fue a plantar cara”, considera Martín.

“Su tensión se reducía al llevar los temas a su zona de confort: la judicatura”, dado que hasta hace poco era jueza del Tribunal Supremo. Además, fue “la única que, en su minuto final, no mira a la cámara, sino al presentador”, lo que dio con ello la sensación de ser “más distante”.

Arrimadas, la pasional

Sin duda, la portavoz de Ciudadanos en el parlamento catalán fue la que estuvo más tranquila cuando intervino, que no así cuando esperaba su turno, “momentos en los que se le aprecia un gesto apaciguador de la tensión: jugar con el anillo”.

Martín considera que Arrimadas fue “la mejor comunicadora, sus palabras nacían de la pasión. Muy implicada en el mensaje”, aunque constantemente “empleó el ‘yo’ en sus frases. Parece tener buena relación con Andrea Levy, que fue exagerada cuando habló sobre Cataluña contestándoselo a ella directamente”. Además, este experto considera que tuvo un “gran minuto final”.

Bescansa, en su salsa

“Difícil estar más cómoda y tranquila” como Carolina Bescansa lo estuvo en el debate, asegura Martín, “incluso cruzó sus pies, algo que no se hace si la mente quiere salir corriendo. Llegó a liderar el grupo al corregir el tono del debate y pedir que fuera más tranquilo, todas le asistieron”.

El momento tenso de Bescansa fue cuando salió el tema de Venezuela, “su cómoda gestualidad desapareció y necesitó alargar vocales para conseguir tiempo y pensar su respuesta”.