Tener un solo empleo ya no garantiza llegar a fin de mes. En 2025, casi 900.000 personas en España se vieron obligadas a compatibilizar dos o más trabajos para lograr un salario digno, un fenómeno que no responde a la vocación, la conciliación ni al espíritu emprendedor, sino a la precariedad creciente del mercado laboral. La expansión de los contratos a tiempo parcial, la reducción de la jornada efectiva y la debilidad de los salarios han convertido el pluriempleo en una estrategia de supervivencia para cientos de miles de trabajadores. Lejos de reflejar una mejora en la calidad del empleo, esta realidad evidencia un modelo productivo que fragmenta el trabajo existente, multiplica las altas en la Seguridad Social y obliga a sumar nóminas para cubrir necesidades básicas, diluyendo la frontera entre tener empleo y vivir con estabilidad económica.

Así lo denuncia un informe del Gabinete de Estudios de USO, que hace balance del mercado laboral en 2025 y pone el foco en lo que considera la cara oculta de los buenos datos oficiales. Aunque el paro registrado cerró el año a la baja, el sindicato advierte de que existe “otro paro, tan real como el registrado”, que sigue creciendo: el de las personas demandantes de empleo que no están trabajando pero que no figuran como paradas, entre ellas los fijos-discontinuos en periodos de inactividad. En total, este colectivo alcanzó las 1.446.241 personas en 2025, 50.609 más que el año anterior.

Si se suma esta cifra al paro registrado, el número total de personas sin trabajo en España se eleva hasta las 3.854.911, una magnitud que, según USO, demuestra la persistencia de un problema estructural. “El número de cuatro millones de personas sin empleo parece inamovible al paso de los años y de las reformas laborales”, subraya el sindicato, que cuestiona el relato de recuperación sostenida del empleo que suele acompañar a los datos de afiliación.

La trampa de la jornada reducida

Uno de los elementos más preocupantes del informe es la evolución de la jornada laboral media. En el tercer trimestre de 2025 se situó en 31,4 horas semanales, la cifra más baja de toda la serie histórica. No se trata, advierte USO, de una reducción vinculada a avances normativos o a una mejora de la conciliación, sino del efecto acumulado de contratos cada vez más cortos y de un peso creciente de la jornada parcial. Desde las 33 horas de media registradas en 2009, la tendencia ha sido descendente, con un impacto directo en los salarios.

Este contexto explica el fuerte incremento del pluriempleo. En 2024 había 677.000 personas en España con más de un trabajo; un año después, la cifra se disparó hasta las 886.800, es decir, más de 200.000 personas adicionales. “Tener varios trabajos para lograr una nómina digna no es mejorar el empleo”, ha apuntado el secretario general del sindicato, Joaquín Pérez, durante la presentación del informe. A su juicio, el mercado laboral empuja a los trabajadores a encadenar ocupaciones para compensar la pérdida de ingresos derivada de jornadas incompletas y contratos inestables.

USO también pone en cuestión el valor real de los datos de afiliación a la Seguridad Social, que en los últimos años se han utilizado como principal indicador del buen estado del empleo. Según el sindicato, estas cifras “esconden a personas que son dadas de alta varias veces al mes o incluso al mismo tiempo en distintos trabajos”. En la práctica, denuncian, no se crean más horas de trabajo, sino que las existentes se reparten entre más personas, lo que acaba presionando a la baja los salarios.

Treinta contratos por cada afiliación neta

El informe aporta un dato revelador: por cada afiliación neta a la Seguridad Social en 2025 se firmaron 30 contratos. Una cifra que refleja el altísimo nivel de rotación del mercado laboral español. El 21,5% de los contratos tuvo una duración inferior a una semana y el 34,2% no llegó al mes. “Qué importa que se llamen contratos indefinidos si aumentan de forma sospechosa las bajas voluntarias o los trabajadores no superan el periodo de prueba”, señaló Pérez, que apunta a un uso fraudulento de estas figuras para evitar indemnizaciones.

Esta rotación constante no solo genera inestabilidad económica, sino también vital. La imposibilidad de planificar ingresos, acceder a una vivienda o conciliar la vida personal y laboral se ha convertido en una realidad cotidiana para amplias capas de la población trabajadora. El empleo deja de ser un factor de integración y pasa a convertirse en un elemento de incertidumbre permanente, incluso para quienes encadenan contratos sin apenas periodos de desempleo formal.

Ante este panorama, USO reclama una nueva reforma laboral que vaya más allá de los cambios nominales o estadísticos. “Necesitamos una reforma que reforme algo de verdad”, ha defendido Pérez, apelando no solo al Gobierno, sino al conjunto de fuerzas políticas. A su juicio, el empleo debería abordarse como una política de Estado, fruto de un amplio consenso parlamentario, dada su relevancia social y económica.

El sindicato plantea actuar no solo sobre la contratación, sino también sobre el despido, y propone penalizar fiscalmente a las empresas que no generen empleo de valor o que basen su rentabilidad en la rotación constante de la plantilla. Asimismo, reclama una evaluación profunda de los Servicios Públicos de Empleo para que dejen de ser meros gestores de prestaciones y se conviertan en verdaderos dinamizadores del mercado laboral.

Especial preocupación suscita el paro de larga duración y el desempleo entre los mayores de 50 años, que USO considera un riesgo social de primer orden. Sin políticas activas eficaces, advierte el sindicato, miles de personas quedan atrapadas de forma permanente fuera del mercado laboral, alimentando ese “paro invisible” que no siempre reflejan las estadísticas oficiales.

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