La nueva edición del Energy Prospectives organizado por Naturgy ha coincidido con uno de los contextos más complejos vividos en los últimos años. La compañía ha abierto la puerta del IESE Business School a numerosas personas a un coloquio en el que Kadri Simson, excomisaria europea de Energía, y Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas, han realizado un análisis de cómo las oscilaciones económicas suelen ir atadas a los acontecimientos que afectan al sector energético y cuáles son los retos a abordar para conseguir que ambos elementos se vuelvan independientes.
El encargado de abrir este encuentro era Rafael Villaseca, presidente de la Fundación Naturgy, quien ha subrayado que es "casi imposible" pensar en momentos de crisis económicas en los que el ámbito energético no haya jugado un papel de especial relevancia. Al final, cualquier oscilación en el precio de los combustibles provoca sustanciales aumentos de los precios en la mayoría de los mercados, al ser un significativo coste para cualquier negocio.
El trilema energético
Villaseca ha recordado a los presentes que el sector dispone, a día de hoy, un trilema que se ha venido manteniendo a lo largo de los años. Así, subrayaba la relevancia que poseen la seguridad, tanto en la producción de las energías como su consumo en los hogares; la garantía del suministro, pues la más mínima escasez no solo afecta directamente a los hogares sino que deriva en notables crisis económicas, como la que se dio en 2022 con el inicio de la guerra de Ucrania; y el precio, un punto este que no afecta solo a las familias, sino que cualquier variación puede provocar inflación en los precios de multitud de productos.
En este punto, el presidente de la Fundación Naturgy ha hecho especial mención a que, ante estos tres elementos que tanto peso adquieren, flaco favor les hace para su estabilidad el convulso contexto internacional que se viene viviendo en los últimos años. Por ello, ha subrayado que, en los últimos días, los precios se han disparado completamente debido a que la seguridad internacional está en entredicho.
Tras esta introducción, la excomisaria europea de Energía, Kadri Simson, ha tomado la palabra para ofrecer una visión más amplia sobre la evolución reciente de la política energética europea y los desafíos que afronta el continente. Durante su intervención ha recordado que, entre 2019 y 2024, período en el que ocupó la cartera de Energía en la Comisión Europea, Europa atravesó “la peor crisis energética en generaciones”, un episodio que puso de manifiesto la vulnerabilidad del modelo energético.
Necesidad de acelerar las inversiones en redes eléctricas y reforzar la infraestructura energética
Simson ha señalado que la invasión rusa de Ucrania supuso un punto de inflexión para la política energética de la Unión Europea, al revelar hasta qué punto el continente dependía de un único proveedor de gas. Según ha recordado, en 2022 Europa llegó a destinar cerca de 640.000 millones de euros a la importación de combustibles fósiles, una cifra equivalente a más del 4% del PIB comunitario. Para la excomisaria, este escenario evidenció que priorizar durante años los costes más bajos frente a la independencia estratégica terminó generando importantes riesgos económicos y geopolíticos.
En este sentido, ha defendido que la transición energética no debe entenderse únicamente como un objetivo climático, sino también como una estrategia para reforzar la seguridad energética y estabilizar los precios. A su juicio, la expansión de las energías renovables permite reducir la exposición a la volatilidad de los mercados internacionales y disminuir la dependencia de proveedores externos.
La excomisaria también ha subrayado algunos avances recientes, como el hecho de que, por primera vez, las energías renovables hayan generado más electricidad en la Unión Europea que los combustibles fósiles. No obstante, ha recordado que el gas sigue representando una parte significativa del consumo energético europeo, por lo que la transición deberá desarrollarse de forma gradual.
Entre los principales retos para los próximos años, Simson ha destacado la necesidad de acelerar las inversiones en redes eléctricas y reforzar la infraestructura energética del continente. A su juicio, el principal obstáculo para avanzar no es tecnológico, sino regulatorio, ya que los procesos administrativos y los tiempos de autorización continúan ralentizando numerosos proyectos. Por ello, ha insistido en que la estabilidad normativa y la previsibilidad regulatoria serán claves para atraer las inversiones necesarias en esta nueva etapa del sistema energético europeo.
A Simson le seguía en el atril Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas. En su intervención, planteaba algunas cuestiones que llaman su atención, como que, a pesar de las inversiones que se están realizando y el trabajo por promocionar las renovables en la UE, los vaivenes internacionales sigan afectando en tanta medida a Europa. Otro punto que encontraba llamativo es que la variación de los precios en el gas siga teniendo tanta influencia en el de la electricidad, yendo muy de la mano.
Los inversores necesitan un marco regulatorio previsibles y estable
Torres ha remarcado que, a diferencia del conjunto de países de la UE, España va por un buen camino en lo referido a lograr una independencia energética, algo que se evidencia en hechos como que el precio de la electricidad en España sea un 20% inferior, algo que influye en que la economía española avance mientras la de Europa cae.
No obstante, sí señalaba tres asuntos por abordar en la UE para garantizar que el sector energético mantenga una evolución sólida y se consolide. Una especie de trilema, como mencionaba Rafael Villasecas, aunque con puntos diferentes, ya que Torres se refería a la necesidad de trabajar en revertir el déficit de inversión existente; rebajar sustancialmente los precios, pues se paga el doble que en otros continentes; y establecer un marco regulatorio que sea previsible, es decir, estable y poco cambiante, algo que atraiga al inversor, que no deba enfrentar un contexto de cambios continuos.