La invasión rusa de Ucrania provocó una importante crisis económica en Europa durante el 2022, la cual estuvo marcado por una notable subida de los precios de los combustibles que derivó en una marcada inflación de la mayoría de los productos del día a día. Fueron varios los meses en aquel año en los que el barril de petróleo no bajó de los 95 dólares, subiendo y bajando en una horquilla que le llevaba a máximos de 115. Si bien, aquel no fue su tope, sino que el pico llegó a estar en los 130 dólares. El precio del gas también se vio condicionado en aquellos días. Su subida fue significativa, al pasar de estar entre los 20 y los 30 euros por megavatio/hora a situarse entre los 100 y los 200, con picos de más de 300 euros. 

La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán ya deja notables cambios en los mercados internacionales. El precio del petróleo vive un notable crecimiento mientras el del gas también se incrementa. El conflicto vuelve a agitar los precios y los sitúa en rangos similares a los de la guerra de Ucrania. 

Las fuertes subidas del petróleo y del gas en 2022 se produjeron tras el inicio de los combates y se debieron a varios factores combinados. En primer lugar, Europa tenía una gran dependencia del gas ruso. Antes de la guerra, cerca del 40 % del gas que consumía la Unión Europea procedía de Rusia. Cuando comenzaron las sanciones y las tensiones políticas, Rusia redujo progresivamente los envíos de gas a través de gaseoductos clave como Nord Stream 1 gas pipeline. Esto generó miedo a una escasez energética en Europa.

En segundo lugar, las sanciones occidentales contra Rusia alteraron el comercio energético mundial. Europa intentó sustituir el petróleo y gas ruso por importaciones de otros países, mientras Rusia redirigía parte de sus exportaciones hacia Asia. Esta reorganización del mercado provocó tensiones en la oferta y aumentó los precios. Otro factor importante fue la limitada capacidad europea para sustituir rápidamente el gas ruso, lo que obligó a comprar más gas natural licuado en el mercado global, compitiendo con otros países. Por último, la recuperación económica tras la pandemia de COVID-19 ya había incrementado la demanda energética, y la incertidumbre en los mercados financieros amplificó las subidas.

¿Qué ocurre ahora?

En las últimas horas se han producido diversos bombardeos a bases petroleras en este conflicto. No solo eso, sino que Irán mantiene bloqueado el tráfico marítimo del Estrecho de Ormuz, un punto estratégico a nivel comercial. Este punto  es la principal ruta de transporte de petróleo y gas del mundo. Por aquí transita alrededor de uno de cada cinco barriles de petróleo, y cualquier interrupción en esta vía tiene un impacto inmediato sobre la economía mundial, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Funciona como una puerta muy estrecha por la que debe pasar casi todo el petróleo y el gas que sale del golfo Pérsico hacia el resto del mundo, partiendo desde este punto las exportaciones de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Irán, los grandes productores de la región. La mayoría de los volúmenes que transitan por el estrecho no dispone de rutas alternativas para salir de la región. Por lo cual, su cierre condiciona en gran medida la disponibilidad de estos combustibles. 

Estos son unos condicionantes que ya tienen efectos significativos sobre el mercado. Empezando por el petróleo, el barril de Brent, el que marca la referencia en Europa, ha superado ya la barrera de los 100 dólares, consolidándose en los 107 y llegando a picos de 115. Por su parte, el barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), de referencia en Estados Unidos, subía casi un 13%, hasta rozar los 103 dólares. En lo referido al gas, el mercado de futuros holándes, de referencia europea, escalaba casi un 20%, hasta los 65,70 euros por megavatio hora, aunque ha llegado a subir en la apertura de su cotización casi un 30%. 

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