Iberdrola ha cerrado el primer trimestre de 2026 con un beneficio neto ajustado de 1.865 millones de euros, lo que supone un incremento del 11% respecto al mismo periodo del año anterior. Este crecimiento se apoya principalmente en la expansión de su negocio de redes en el Reino Unido y Estados Unidos, dos mercados estratégicos para la compañía dentro de su modelo basado en actividades reguladas.

El desempeño financiero ha llevado a la energética a mejorar sus previsiones para el conjunto del ejercicio, anticipando un crecimiento del beneficio neto ajustado superior al 8% en 2026, excluyendo plusvalías por rotación de activos. Esta revisión al alza refleja la solidez de su estrategia y la evolución positiva de sus principales áreas de negocio.

En los últimos doce meses, Iberdrola ha acometido inversiones por valor de 14.500 millones de euros, de las cuales cerca de dos tercios se han destinado a redes eléctricas. Más de la mitad de este volumen inversor se ha concentrado en el Reino Unido y Estados Unidos, donde la compañía está reforzando su presencia en infraestructuras energéticas clave.

Como resultado, la base de activos regulados (RAB) de redes ha crecido un 8%, hasta alcanzar aproximadamente los 53.000 millones de euros, impulsada especialmente por el crecimiento de doble dígito en el mercado británico. Dentro de este segmento, destaca el avance en transporte eléctrico, que ya suma 14.200 millones de euros en activos.

En términos operativos, el EBITDA ajustado se situó en 4.100 millones de euros, con las redes como principal motor de crecimiento. Esta división incrementó su resultado un 9%, hasta los 2.048 millones, con evolución positiva en todas las geografías. Por su parte, el área de Generación y Clientes registró un EBITDA de 2.022 millones, un 3% menos, afectado por costes regulatorios y factores no recurrentes en la Península Ibérica, pese al aumento de la producción en Reino Unido y otros países europeos.

La compañía también ha reforzado su posición financiera, con una deuda neta ajustada de 50.300 millones de euros tras operaciones corporativas recientes, y una liquidez de 21.400 millones. Según la empresa, estos niveles son compatibles con su actual calificación crediticia.

El modelo de negocio de Iberdrola se apoya en un alto peso de actividades reguladas en países con calificación crediticia A, que ya generan el 84% del EBITDA. Esta estrategia proporciona estabilidad y visibilidad a largo plazo, en un contexto global marcado por la incertidumbre geopolítica. La compañía subraya que no espera impactos financieros relevantes derivados de la coyuntura actual y destaca que tiene asegurado el 93% de las compras de equipos estratégicos hasta 2028.

De cara al futuro, Iberdrola prevé seguir creciendo apoyada en la electrificación de la economía y el desarrollo de la inteligencia artificial, dos tendencias que, según la empresa, impulsarán la demanda energética y transformarán los procesos de negocio. En este ámbito, la compañía ya cuenta con 300 proyectos vinculados a inteligencia artificial en marcha.

Además, la energética mantiene una elevada visibilidad sobre su producción, con el 100% asegurado para 2026, más del 80% para 2027 y el 75% para 2028, lo que refuerza la previsibilidad de sus ingresos.

El presidente ejecutivo, Ignacio Galán, ha destacado que los resultados reflejan el éxito de una estrategia centrada en mercados estables y regulados, así como la importancia de reforzar la seguridad de suministro y la autonomía energética. En este contexto, la compañía identifica nuevas oportunidades de inversión vinculadas a la transición energética y al desarrollo de sistemas más resilientes y sostenibles.

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