La periodista Maruja Torres publicaba hoy un nuevo artículo en El Diario, donde escribe desde que se fuera de El País, de donde no salió muy contenta. En su columna de hoy hacía un repaso a las protestas que han proliferado en los últimos meses. Y apostaba porque “una nueva forma de democracia, interiorizada por cada miembro de la ciudadanía, tiene que surgir del gran descalabro que estamos sufriendo”.

Sin embargo, entre los seguidores de su blog personal, donde hacía una llamada a su artículo, ha habido uno al que le ha gustado mucho una frase del texto: “Que no se les puede dejar solos. Ni a estos, ni a los que estuvieron antes, ni a los que vendrán. Y que los que vengan deberíamos ser nosotros”.

Comentario con respuesta
El lector, que responde al nombre de Zush, ha dejado un comentario señalando a esas líneas y mostrando su opinión en varios temas. Pero ha sido un aspecto en concreto el que ha llamado tanto la atención de Maruja Torres como para contestarle, y es la mención que Zush hace al despido/cese de Pedro J. Ramírez y, de rebote, a Alfonso Rojo excompañero del director de El Mundo y que ahora es responsable de Periodista Digital.

Dice Zush:

 
Y hablando de señoritos. Muchos lamentan lo de Pedro J. en El Mundo a causa de la operación “Salvar a la Infanta”. Yo no. Muy pronto en El Universal que está preparando o por otro cauce ese cavernario volverá a las andadas para hacer investigación al servicio de ego e intereses políticos y judiciales (lo mismo, pero más doméstico, que hace Alfonso Rojo y sus esbirros de ese libelo llamado Periodista Digital). Él es uno de los “padres” del periodismo degradado y servil que padece este país desde hace demasiado años. La compra de la información, del periodista y, de paso, lo que más importa: del lector.

A lo que Maruja Torres le contesta, en el habitual tono que le ha hecho famosa:

 
Yo viví la degradación del periodismo por parte de esos dos individuos que nombras. Les tuve de jefes. Que fueran rápidos trabajando, con buenos reflejos, y que tuvieran cualidades que El País fue perdiendo conforme se anquilosó, no quita que, en la reflexión, y en la publicación, degradaran y degradaran el periodismo y señalaran el camino de los bastardos morales, y que acogieran bajo sus alas a lo más rencoroso y personalista de la profesión. Mis grandes amigos de El Mundo piensan lo mismo que yo.