La comparecencia de Artur Mas ante la Diputación Permanente del Parlament de Catalunya puede resumirse en un solo concepto: toda la culpa la tiene el estado. Escondiéndose detrás del viejo tópico nacionalista de que España nos persigue, el presidente de la Generalitat no ha conseguido convencer ni a sus socios, Esquerra Republicana.

Marta Rovira, portavoz de los republicanos que van coaligados con CDC en las elecciones del 27 de septiembre, ha tenido que apretar a Mas. La cara de la política catalana, todo un poema. Instando al dirigente convergente a que diera una respuesta tajante ante los últimos escándalos que salpican a Convergencia, su fundación Catdem y la empresa Tayco, propiedad de Carlos Sumarroca, hijo de un cofundador de CDC, no ha conseguido que el president le diera una respuesta satisfactoria.

Si eso ha pasado con los que, en teoría, prestan su apoyo a Mas y a su coalición Junts pel Sí,  forzoso es decir lo que han expresado los partidos de la oposición. Lo que Mas pretendía que fuera una comparecencia dulce, hablando de los motivos que le han movido a convocar las elecciones catalanas, se ha convertido en una serie de preguntas contundentes acerca de la corrupción.

Mas, que lidera un partido que tiene seis causas abiertas en los tribunales por presuntos casos de corrupción, se ha escudado una vez más en la bandera, culpando al ministerio del interior, a la guardia civil y a los poderes del estado de lo que le está pasando. “Guerra sucia”, ha repetido en ocasiones el portavoz de CDC, Jordi Turull.

Al ser requerido por el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, a que se comprometiese en sede parlamentaria que asumiría las consecuencias si se probase que, bajo su mandato, han existido corruptelas, Artur Mas, visiblemente nervioso, ha dicho que él no era responsable de las finanzas del partido y que, en principio,  creía lo que le decían.

Más contundente ha sido el portavoz del PP, Santi Rodríguez, que ha pedido una rectificación por parte del president. “Si tiene usted pruebas de que existe una actuación ilegal por parte del ministerio del interior, presente las pruebas ante el juez de guardia”. El popular ha sido, junto a Iceta, de los parlamentarios más brillantes en sus intervenciones y ha añadido con sorna que cuando, a un mes de las municipales y autonómicas recientes, un juez ordenó registrar el despacho de Rodrigo Rato, a nadie de su partido se le ocurrió decir que el estado o España iban en contra del Partido Popular.

Roger Muntañola, en nombre de Unió Democrática, le ha pedido a Mas que recapacite, porque los saltos en el vacío no llevan a nada bueno, pidiéndole que explicase qué piensa hacer el día 28 y cómo cree que va a poder gobernar, tanto si gana como si pierde. Silencio.

Asimismo, Albert Rivera por Ciudadanos y Joan Herrera por Iniciativa per Catalunya han martilleado acerca del famoso tres por ciento y de las legítimas sospechas que recaen sobre el único partido del estado que tiene la sede embargada por asuntos relacionados con el cobro de comisiones.

Al serle mostrado por Rivera la factura de Teyco, publicada por El Mundo, en el que se comprueba claramente como sobre el monto total se calcula el 3%, Mas ha logrado despertar la indignación de los presentes. El convergente ha asegurado que, según Sumarroca, calculaban ese porcentaje para no hacer donaciones por el mismo importe, habida cuenta de la acusación del por entonces presidente Maragall, que vinculaba ése porcentaje a los cobros irregulares por parte del partido nacionalista. Rivera, en una réplica brillante, le ha contestado que, por ésa misma razón, podría presumirse que los ingresos de Tayco en la fundación Catdem no correspondieran al famoso porcentaje. “Para que no les pillen”, ha dicho Rivera.

Seis horas de sesión en las que Mas, acorralado, ha recordado las maneras de Jordi Pujol cuando éste tuvo que comparecer al auto inculparse de haber defraudado a la hacienda pública. Ha acusado a todos, se ha escondido detrás de la independencia, ha reñido a la oposición y sólo le ha faltado decir “això no toca”.

El famoso “diuen, diuen, diuen” que pronunció en su día  Pujol ha vuelto a enseñorearse de la cámara catalana, como muy bien ha observado el eco socialista Herrera. Iceta, en el turno de réplica, ha vuelto a pedirle a Mas que asuma responsabilidades, que diga si piensa o no dimitir si se prueba que hay corrupción. Pero Mas se ha enrocado y ni asume nada, ni dice saber nada, ni se mueve de la posición de sentirse agredido por el estado, al que acusa de organizar “un espectáculo mediático”.

Ha sido el final de una etapa, sin duda. La de Artur Mas.

Miquel Giménez es periodista y escritor. Ha trabajado como guionista en la radio con Luis del Olmo, Julia Otero y Xavier Sardà