“Es una vergüenza que haya 80.000 pisos vacíos en Sevilla y desde la administración no se haga nada”. Tras 91 días a la intemperie, el Campamento de la Dignidad de Sevilla sigue frente a las puertas del Ayuntamiento pidiendo voluntad política a los partidos para que estos hombres y mujeres no pasen ni un día más sin techo. El exteniente de las Fuerzas Armadas Luis Segura ha mostrado ese jueves su total apoyo al campamento de la dignidad donando 100 ejemplares de su novela ''Un paso al frente', en la que denuncia presuntas corruptelas dentro del Ejército y que le supuso la condena de dos meses de reclusión. Gracias a lo recaudado Segura señala que “pueden ir a desayunar, hacer algunas comidas e incluso comprar algún abrigo o mantas”. Lagarder Danciu es un joven de origen rumano que con apenas 35 años dirige las acciones de este pequeño grupo. La visibilidad de este colectivo en la céntrica laza sevillana queda absorbida por los múltiples adornos navideños y una imponente feria de artesanía que muestra la estampa de la Sevilla más típica al turista. En una esquina, ocultos por una antigua cabina telefónica, se muestran los carteles las reivindicaciones de estos afectados. Lagarder recuerda que cada mañana se turnan para dormir en grupos de 20. “Tenemos un permiso de la Subdelegación del Gobierno para hacer una manifestación permanente hasta el día 20 de diciembre”, aclara. Su peculiar escaparate navideño molesta a más de un político, cuando a primera hora se levantan para dar los buenos días. “Con el pelo despeinado lo saludamos para decir que seguimos igual por culpa suya. Todos pasan muy rápido para no tener que darnos ninguna explicación. El primero, el alcalde Espadas”, acusa.  VISITAS DIARIAS DE LA POLICÍA LOCAL La plataforma del Campamento de la Dignidad suma en Sevilla a más de 2.000 sin techo. “Tenemos que dejar bien visible lo que está sucediendo y los abusos a los que no someten cada mañana a la Policía Local”, proclama su portavoz. El exteniente Segura pregunta que “¿dónde está regulado no poder dormir en la calle si la gente no tiene adónde ir?”. La escena se repite al salir el sol, desde su llegada a la plaza el pasado 5 de diciembre. “Hacen como una especie de redada. Nos levantan, nos piden la documentación cuando la mayoría de nosotros no estamos ahora mismo ni empadronados”, apunta Largarder. La cara más agria de estos agentes se vuelve en algunas ocasiones solidaria, como fue el caso de un policía que no pudo evitar su repulsa de tener que ir cada día a despertarlos sabiendo lo mal que lo están pasando. “No sé cuánto va a durar esto, pero yo también tengo familia y deberían buscar una solución”, cuenta el joven rumano. El 15 de septiembre se creaba la primera agrupación de este campamento en la calle Torneo para denunciar la falta de acción de las ONG locales que durante décadas se han lucrado con la pobreza. “En el anterior gobierno de Zoido, privatizó la gestión de los servicios sociales de la ciudad. La empresa Cinco de Florentino Pérez gestiona el albergue municipal junto a la Fundación Raíces por seis millones de euros”, asegura. CAPACIDAD PARA EL 30% Segura cree que “la cifra real de personas que duermen en la calle puede llegar a cinco mil”. El albergue municipal del barrio de la Macarena tiene un máximo de pernoctación de cinco días. “¿Qué hace una persona que está enferma? ¿Vuelve de nuevo a la calle”?, apunta el activista. Otro de los problemas es que, por su capacidad reducida, el albergue solo da acogida al 30% de los sin techo. El resto se queda día tras día en los bancos y portales. No hay plaza fija para los que por no estar empadronados no pueden acceder a este servicio. Segura ha reivindicado junto a los afectados del campamento que se “realice una auditoría para saber qué gestión hacen de los fondos en ayuda humanitaria” para los servicios sociales en Sevilla, muchos de ellos cedidos a ONG religiosas como Caritas. El joven activista apunta que “es tan escasa la financiación destinada a nuestro colectivos que en vez de atendernos psicólogos, educadores o trabajadores sociales, encontramos en el albergue a un grupo de monitores que no saben gestionar la situación”. Lagarder denuncia que “si no tenemos un informe oficial de alguna trabajadora social nunca tendremos derecho a una vivienda digna”. Largarder relata que comenzó en España dando clases para la asignatura Educación para la Ciudadanía a los más jóvenes. Después de tres años, vino la crisis, perdió el empleo y empezó a no pagar el alquiler. Desde 2012 vive en la calle tras ser desahuciado de la vivienda que alquiló cuando llegó a Andalucía desde su Rumanía natal. Segura destaca que el apoyo de Izquierda Unida y Participa Sevilla ha permitido que el próximo lunes 21, representantes del Campamento de la Dignidad puedan acompañar a los políticos en un Pleno donde, en señal de repulsa, entregarán al alcalde socialista de la ciudad un árbol lleno de mensajes de mujeres, niños, ancianos y jóvenes dando testimonio del apoyo a su lucha.