Un buen día se levantó temprano, leyó un artículo de la BBC sobre los refugiados atrapados en suelo europeo y pensó: “Me tengo que ir a Calais con la cámara a buscar rostros de personas”. Así comienza a fraguarse el documental que el cineasta andaluz Jesús Armesto ha estado grabando estos días en la ciudad francesa en la que se encuentra el Eurotúnel -que conecta el continente europeo a través de ferrocarril con Inglaterra- y el campamento de refugiados espontáneo y lleno de tiendas de campaña y “casitas de lonas” en el que más de 4.000 personas que huyen de todo esperan saltar las vallas con navajas de acero que le separan de su objetivo. En ‘La Jungla’, como se conoce popularmente el poblado de refugiados francés de Calais, “hay cristianos que huyen de musulmanes, musulmanes que huyen de musulmanes, musulmanes que huyen de cristianos, afganos que huyen de talibanes, eritreos, congoleños, sirios, kurdos e iraníes”, cuenta  este sevillano que llegó a la ciudad fronteriza, junto con su amigo Juanma Palma, una tarde al anochecer después de varias horas de viaje en coche. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA HISTORIA DE MARY[/cita] “Lo que más nos impresionó al llegar fue ver una peregrinación de sombras negras al caer la tarde por la ciudad en grupos de cuatro o cinco”, que no era otra cosa que el deambular de los refugiados que viven en el campamento improvisado en busca de la puerta de salida que cada día, después de caminar durante dos horas, se convierte en una nueva esperanza frustrada por cuchillas de acero. En principio, la idea, fruto de la indignación, era filmar con rostro humano la “catástrofe humanitaria”. Todo cambió al conocer a Mary, una inglesa que recorre tres días por semana los 150 kilómetros que la separan de su casa en Inglaterra del campamento de refugiados en el que se encarga de la gestión de una biblioteca y de dar clases de inglés a los habitantes de ‘La Jungla’. Mientras Jesús Armesto grababa planos en la “biblioteca de palos” que gestiona Mary, llegó un refugiado kurdo en chanclas, rotas, con las que caminaba a diario las dos horas entre el campamento y el Eurotúnel. “Una mirada de la mujer inglesa nos bastó para entender que estaba queriéndonos decir que le ayudáramos a conseguir zapatos”, dicen los amigos sevillanos, quienes dejaron la cámara en el suelo y empezaron a pensar de qué manera podrían conseguir dinero para responder a la mirada de Mary. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]6.000 EUROS DAN PARA MUCHO[/cita] Al día siguiente ya tenían la respuesta: una campaña a través de las redes sociales, anunciando un número de cuenta, para que sus propios amigos aportaran dinero para poder comprar los zapatos. Todo se desbordó y en pocos días consiguieron 6.000 euros con los que compraron tiendas de campaña, calzado, sacos de dormir y alguna manta para combatir la lluvia y el frío que hace ya en Centroeuropa. “Sabemos que lo que necesitan los refugiados es justicia social y política y que la caridad no resolverá el problema, pero también sabemos que al menos no morirán de frío por no tener zapatos y ropa de abrigo”, se excusan. Ambos se quejan de que ninguna ONG esté trabajando sobre el terreno, únicamente entra diariamente la organización Médecins du Monde que tiene una consulta médica durante tres horas al día, aclaran. “No hay ninguna ONG ni organización gubernamental porque no conviene decir que existe una catástrofe humanitaria en suelo europeo. Por eso no entran ni ACNUR ni UNICEF”, las agencias de la ONU de ayuda a los refugiados y a la infancia, denuncia el cineasta. “Es mentira que Europa esté actuando de manera solidaria con esta crisis humanitaria”, recalca. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA FOTO DE VALLS[/cita] El director de cine recuerda que mientras que el primer ministro francés, Manuel Valls, acudía “a hacerse la foto” en ‘La Jungla’ para anunciar la construcción de un campamento para 1.700 personas, nosotros estábamos filmando a dos funcionarios franceses –funcionarios europeos, apostillan- cómo colocaban encima de las navajas de la vallas del Eurotúnel más pinchos de acero”. Según los andaluces, “allí se dice que cada año mueren unas 600 personas al intentar cruzar la valla de navajas”. “Esta gente lo seguirá intentando cada día. Han cruzado África, se han montado en una barca controlada por las mafias –a las que han pagado 8.000 dólares, afirman- para cruzar el Mediterráneo, han visto morir asesinados a muchos de sus seres queridos y están amenazados de muerte en sus países”, aclara Juanma Palma, el amigo de Jesús, que dirige Espacio Berakah, una asociación a favor de la integración de las personas migrantes. Sobre las soluciones posibles para atajar el drama humanitario, el cineasta lo tiene claro: “Primero pasa por acoger a las personas refugiadas y segundo, tenemos que preguntarnos quiénes compran el petróleo de Siria y Libia, quiénes han financiado al Estado Islámico, quién armó a los talibanes y qué relación tiene todo esto con la Guerra de Irak”. “Si nos respondemos a estas preguntas, empezaremos a encontrar las soluciones y a los culpables, y probablemente llegaremos al Partido Republicano de Estados Unidos”, concluye. “Me he ido a grabar un documental para que el término inmigrante vuelva a estar dentro del término persona”, dice con fuerza militante el director de cine que ha conocido en ‘La Jungla’ a un afgano amenazado de muerte por los talibanes por el grave delito de ir con su hermana a un bar en Kabul. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]'LA ÚLTIMA FRONTERA'[/cita] Contar las historias, con nombres y rostro, de los refugiados acampados en territorio francés es el objetivo del documental ‘Los burgueses de Calais: la última frontera’, que nació tras leer un artículo de la BBCC que “banalizaba el mal”. Rostros como el de Yamal, que salió de Sudán para llegar a Libia, después de cruzar África, y montarse en una barca de 30 plazas en la que finalmente se montaron 300 personas que, de no haber sido rescatada por un barco en medio del Mediterráneo, nunca hubiera llegado a Lampedusa. O refugiados que cuentan que por Hungría todo lo que recibieron fueron lanzamiento de latas y botellas desde los balcones, prisión, tortura y un sinfín de humillaciones difíciles de olvidar y comprender. El cineasta partirá de nuevo en los próximos días a ‘La Jungla’ de Calais,  volverá a hacer “otro reparto de material más organizado” con la solidaridad que continúa llegando a la cuenta bancaria que se difundió por las redes sociales y tomará algunos planos para la película documental. A la vuelta, Jesús y Juanma quieren poner en marcha un proyecto a favor de las personas migrantes y refugiadas más allá de la urgencia del momento. Jesús Armesto aspira a que la cinta sea proyectada en festivales de cine, centros educativos y en alguna televisión y que sirva para que la sociedad ponga alma y vida “a la panorámica muy generalizada” que los principales medios de comunicación muestran de las personas atrapadas en medio de la nada, en medio de sí mismas y en medio de una Europa que se niega a pronunciar que tiene una jungla humanitaria en su propio suelo.