Un nuevo día ha amanecido entre olivares en Adamuz, pero no es un día cualquiera para su habitantes. Esta localidad del Alto Guadalquivir cordobés ha vivido las duras horas tras el grave accidente ferroviario ocurrido en su termino municipal, que, por el momento, se ha saldado con la vida de 40 personas que viajaban en los dos trenes siniestrados en las vías de la línea de Alta Velocidad Madrid-Sevilla.

Este pueblo de 4000 habitantes ha visto interrumpida su tranquilidad por el conmoción y la gran presencia de medios de comunicación que han estado presentes en sus calles. Una localidad que ha recordado cuáles son los significados de las palabras solidaridad y humanidad, empezando por su alcalde, Rafael Ángel Moreno, que fue una de las primeras personas que se desplazó hasta el lugar de los hechos para ayudar a las víctimas del siniestro: "Era una pesadilla. Llegamos al primer tren (al Iryo). Vemos que tenía un vagón totalmente volcado, otro semi volcado, ya se veía una fallecida. Era 'vamos a ayudar, vamos a ver si había alguien atrapado'". 

"Creíamos que solo eso. Cuando nos dicen que hay otro, nos metemos para dentro un policía local y yo en busca del otro tren. Andamos todo este kilómetro con una linterna, ya íbamos viendo cosas terribles. Cuando llegamos ya a los vagones, era dantesco", añade el primer edil de Adamuz en la caseta municipal, que está presidida por una imagen que retrata la ayuda desinteresada que ofreció su población: numerosas mantas y prendas de abrigo que dieron a las víctimas. 

El sonido de las ambulancias y los grupos en redes sociales fueron la alerta que hizo movilizarse a todo el pueblo, que recorrió la distancia de varios kilómetros que separaban desde el centro urbano de la localidad cordobesa hasta el lugar del accidente. Otra de las personas que llegó hasta ahí fue Javier, un voluntario local que evacuó a pasajeros con un quad, de los pocos vehículos que podrían entrar en una zona cero inaccesible para las ambulancias: "Eso era una película de terror. Lo que más me impactó fue cuando entré a intentar sacar a gente y tenías que andando por lo alto de los cadáveres". 

"Algunos pasajeros decían muchas gracias, la mayoría no decían nada. Lo que querían era que los sacásemos de allí. Tenían mucho frío, con toda la cara llena de sangre, lleno de barro. Mi compañero sacó a uno y se lo trajo a su casa. Un muchacho de unos 20 años que se llama Hugo. No sabía donde estaba su madre y su hermano", nos comentó a los periodistas, añadiendo que ayudó a unas 10/15 personas después de llegar entre las 20:30 y las 21:00 horas a las vías. 

A partir de ahí, de que llegasen las primeras personas voluntarias, se desplegó a la par la Policía Local de Adamuz, que contó con la ayuda de otros efectivos de los pueblos cercanos de la comarca: "Rápidamente montamos un dispositivo con un número bastante elevado de guardias civiles, policías locales, protección civil, asistencia sanitaria, y nos pusimos a sacar heridos de los vagones", cuenta el jefe del cuerpo de la localidad cordobesa, Antonio Ruiz, con tres efectivos y un alumno que acaba de aprobar su formación en la Academia: "Creo que en algún momento estaríamos cerca del centenar de policías locales. Guardia Civil también había más de un centenar seguro. Bomberos y Protección Civil también una cantidad bastante elevada. En fin, más que suficiente para cubrir la emergencia". 

La generosidad de una gente humilde

La gente de Adamuz ha tenido un indeseable inicio de semana por el accidente ferroviario. El mal menor de esta situación ha sido el enorme despliegue de medios de comunicación que hay en el pueblo. No solo locales, autonómicos y generalistas, sino también por prensa internacional de países como Portugal, Francia, Reino Unido, Suiza, Suecia e, incluso, de China. La población intenta reponerse y recuperar la normalidad como es uno de los supermercado de la zona, que nada más abrir donó una importante cantidad de comida a los integrantes de Protección Civil.

"Esta mañana, en cuanto llegamos, fuimos a ofrecernos para lo que necesitara. La verdad que todo el pueblo se volcó ayer desde el primer momento. Los particulares, los comercios, los bares... Todos ayudaron", asegura Ana, la encargada de uno de los supermercados de la zona. 

A cada paso que damos por el pueblo conocemos más historias de cómo sus habitantes ayudaron a las víctimas de unos accidentes ferroviarios más graves de la historia de España. Por ejemplo, al otro lado del pueblo, conocemos a Rafaela, la dueña de un supermercado, que abrió durante la noche de la tragedia para atender a las necesidades de las víctimas del suceso, y que se emociona cada vez que habla con la prensa de su acto de generosidad: "Cuando me enteré, mi hija de Bruselas me llama diciendo 'Mamá, ayuda, ayuda, que están necesitando comida, que están necesitando agua, lo que haga falta'. Bajé de mi casa, que está en el piso de arriba, y abrí mi supermercado y venía la muchacha pidiendo caldo, café, tila... Lo que fuera". 

"Lo que se ha dado, se ha dado de corazón. Es que es así. Ahora han venido y me dicen '¿qué tenemos de lo que haya ofrecido?' Yo digo, nada. Eso se ha dado de corazón, de voluntad, de que no podría dar más, si no más fuera dado", comenta Rafaela, una persona tan humilde y bondadosa que incluso no quería cobrarle una botella de agua a este servidor. 

Otro de los ejemplos de solidaridad lo protagoniza Petra, otra vecina de la localidad, que ayudó abriendo la casa de su hermandad para ofrecer comida a las víctimas y los trabajadores que estuvieron en el operativo con bocadillos, caldo caliente y café: "Luego nos vinimos ahí a los pensionistas, en el que pusieron el punto de información y en el que los familiares de los fallecidos que han estado ahí toda la noche. Les dimos caldito, pero también a los trabajadores, los voluntarios de Cruz Roja, los periodistas". 

Una noche marcada por la asistencia a las víctimas

Además de la caseta municipal, otro de los lugares que simbolizan la solidaridad de Adamuz fue el centro de participación activa del jubilada. Allí, los familiares de las víctimas del accidente ferroviario recibieron la ayuda de un equipo psicosocial de la Cruz Roja. Amalia León Muñoz, trabajadora social de Cruz Roja en Córdoba y natural de la localidad, fue una de las personas que ha formado parte de él en las últimas horas, destacando que todo el pueblo, sin excepciones se ha volcado en ayudar: "Es que eso ha sido un elemento muy importante para que tuvieran abrigo y víveres. Luego ya empezaron a venir heridos buscando personas sin zapatillas. Se les ha dado una zapatilla, o sea, cualquier cosa. La comida no ha faltado, el apoyo no ha faltado, sobre todo para organizar el tema de la salida de personas para montarlas en los autobuses".

Parte esencial de ese despliegue de la Cruz Roja en la zona fueron los equipos de psicólogos que atendieron a los familiares de las víctimas, especialmente de los desaparecidos y de los fallecidos. "Nuestra labor ha sido la de atender a familiares que están buscando a sus familiares que están desaparecidos o no han dado ninguna señal. Ha sido gestionar información y atenderlos. Muchos venían con estado de desesperanza, frustración por no saber nada. Por haber ido a hospitales y otros sitios. Eso es lo que principalmente es lo que hemos atendido", dice Rocío Fernández, psicóloga e integrante del equipo de emergencias de la organización, añadiendo que han hablado y acompañado con alrededor de 40 personas. 

"Ha sido una una noche intensa para todos. Para mí como psicóloga, para los médicos, para para todo el mundo. Al final, es una situación de emergencia que que por suerte no estamos acostumbrados a vivir. Entonces, es impactante y, pero bueno, la hemos llevado con entereza y y aquí sosteniendo lo máximo posible a las personas", comenta la profesional de la psicología, destacando la importancia del servicio que prestan en las primeras horas de una tragedia como esta: "Sobre todo para para aprender lo que es esta incertidumbre. Cuando la gente necesita información y necesita que alguien le escuche y alguien le atienda, que es lo que suele pasar más en esta situación, muchos de ellos han estado muy agradecidos por por haber estado con ellos, por haberlos acompañado y demás, que eso al final también es lo que nos nos enriquece, ¿no?". 

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