Sociedad

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Regreso al Futuro

Cuando la naturaleza cambia la historia

Con la llegada de estas oleadas de calor, la naturaleza vuelve a plantar cara a los seres humanos, demostrando una vez más lo vulnerables que somos

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Jue, 13 Jul 2017

Con la llegada de estas oleadas de calor, la naturaleza vuelve a plantar cara a los seres humanos, demostrando una vez más lo vulnerables que somos y el peso que el clima ha tenido en la historia.

Este año se cumplen 500 años de la reforma protestante de Martín Lutero, pero lo que no todo el mundo sabe es que aquella escisión del cristianismo se debió en gran medida a un rayo. Una descarga eléctrica que cayó junto al joven Lutero cuando regresaba a la localidad de Erfurt quien desde entonces cambió su carrera de jurista por los hábitos de monje.

Si por culpa de un rayo Lutero se hizo religioso ¿Hubiese habido protestantes sin aquella tormenta?

La historia de España es una buena muestra de ello y en grandes acontecimientos la naturaleza ha jugado su papel. Lo vemos por ejemplo cuando en 1517 una tormenta (adversantes ventus) en el Cantábrico desvió el rumbo de la flota en la que Carlos I llegaba a España.

El imprevisto no fue solo que el monarca desembarcó en Tazones en lugar de Laredo sino que además la población civil temerosa de que se tratase de un ataque pirata se pertrecharon con “dardos, jabalinas, palos, espadas y puñales” hasta que se resolvió el entuerto. Ironías del destino, muchos de aquellos diplomáticos acabaron implicados en casos de corrupción. 

A Carlos I se le recibió como a un pirata en lugar de cómo a un rey por culpa de una tempestad en el Cantábrico

Un acontecimiento tan sencillo como aquel pudo haber acabado con la vida del emperador y cambiar para siempre el rumbo de la historia de España, pero no es el único de esa especie de efectos mariposa en el que la naturaleza es la gran protagonista.

Otra tormenta, pero en este caso en el Mediterráneo, cambió el rumbo del destino en situaciones tan épicas como la conquista de Valencia por parte del Cid Campeador, al hacer que las tropas del cadí Ben Jehhaf no pudiesen soportar el asedio a falta de víveres y las torrenciales lluvias.

Las lluvias fueron un factor clave en algunas campañas del CidPero no fue la única batalla en la que la meteorología jugó sus cartas, en la batalla de Guadalajara el lodazal en el que se convirtieron las tierras de Brihuega tras las lluvias de aquel mes de marzo de 1937 impidió que los fascistas italianos pudiesen maniobrar fuera de la Nacional II, las tanquetas quedaban anegadas en el lodo y para colmo los aeródromos de Soria desde los que poder atacar a la defensa republicana también habían sido inutilizados por las lluvias.

Las lluvias y la niebla fue un factor con el que no contaban las tropas italianas en la batalla de Guadalajara en marzo de 1937

Por su parte otras fuerzas de la naturaleza también han resultado decisivas en nuestra historia, por ejemplo los terremotos como el que aconteció en la batalla de Atarfe y por el cual el reino nazarí de Granada sobrevivió 61 años más, o los eclipses como el que al parecer sucedió en 151 a.C. durante la campaña de Lucio Licinio Lúculo contra el pueblo indígena de los vacceos, los cuales teniendo rodeado al cónsul romano decidieron retirarse al contemplar aquella señal de los dioses.

El destino de Cristóbal Colón, la Gran Armada y otras tantas figuras de nuestra historia han cambiado por el clima o la naturaleza en general, un factor siempre olvidado por los distintos gobiernos cortoplacistas para los que el tiempo se mide en legislaturas.

Sin embargo la historia también es clave para advertir de los peligros que nos acechan incluido el cambio climático, visible en documentos como los avisos (noticias) del siglo XVII, en concreto del 2 de enero de 1622 cuando se dijo que en mientras Felipe IV contemplaba en los estanques de la casa de campo “unos flamencos” “como otras veces habían” “quedáronse ahogados dos de ellos, muy galanes y lucidos, mucho porque iban aderezados para el efecto. Fue cosa lastimosa y de que recibió Su Majestad harta pena, y mandó se las diese a las mujeres los salarios de archeros”.

Y no es que se diese una pensión de viudedad a unos pájaros es que los flamencos no eran otra cosa que patinadores sobrehielo venidos de Flandes, porque, aunque hoy cueste creerlo en 1622 se podía hacer patinaje sobre hielo en los parques mismos de Madrid.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).