Jueves, 23 de Mayo de 2013
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Ion Antolín Llorente
Campus de Paz
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Sufrir de cerca el terrorismo es una experiencia mas alla de lo traumatico para las victimas. Cuando un tercero decide modificar la vida de las personas a traves de un acto cuyo unico fin es causar dolor y envolver en el terror a la sociedad, se produce una ruptura vital tan dramatica en el entorno de la victima que requiere de actuaciones igual de contundentes en lo psicologico para intentar recuperar esa normalidad arrebatada de cuajo por los violentos. En la historia de nuestro pais, azotado como pocos por la lacra terrorista, esta contraofensiva en el terreno de la atencion psicologica se ha centrado de manera mayoritaria en los adultos, dejando de lado a muchos ninos y jovenes que han tenido que afrontar etapas muy importantes de su desarrollo en hogares azotados por sucesos tan duros como incomprensibles.

La Fundación Víctimas del Terrorismo, junto a la Institución Educativa SEK y la Universidad Camilo José Cela, han iniciado un proyecto, denominado “Campus de Paz”, para tratar de ampliar esas carencias en la atención a niños y jóvenes que también son víctimas, directas o indirectas, del terrorismo. Para ello se crearán espacios educativos y talleres lúdicos pilotados por expertos en educación y psicología de la citada universidad, en los que se impartirán técnicas que ayuden a expresar emociones a través de la creatividad, “a poner palabras a sus miedos e inseguridades, pero sin hacerles revivir un pasado doloroso; para así generar la suficiente fuerza para superar la adversidad y recuperar la confianza en sí mismos y en la sociedad”. Los problemas en algunos casos son de calado, ya que muchos de estos jóvenes “crecen en hogares marcados y desestructurados por los atentados, donde todos sus miembros padecen alteraciones, heredando conductas postraumáticas”. Las iniciativas enmarcadas en el Campus de Paz quieren ayudar a asimilar ese antes y después que se crea en la vida y mente de la víctima, sobre todo en aquellos que por su edad tienen más complicado comprender el tremendo cambio, “ya que disponen de menos recursos psicológicos para comprender, elaborar y poner palabras a lo sucedido”.

Convertir el odio y la rabia que se siente tras recibir el palo del terrorismo en valores de tolerancia, libertad o solidaridad es un reto tan complicado como necesario. Debemos aprender mucho todavía en este campo, para entendernos mejor a nosotros mismos. Quizás a través de los niños podamos extraer grandes lecciones que nos sirvan para seguir construyendo una sociedad alejada del odio al que quisieron abocarnos los terroristas. Como comienzo, una de las grandes noticias de este proyecto, además de sus objetivos, es la comunión que pudo verse en la presentación entre asociaciones de víctimas que han protagonizado importantes desencuentros en el pasado. Maite Pagazaurtundúa, presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, estuvo acompañada por Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M afectados del Terrorismo, Eloy Morán, vicepresidente de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M y Narcisa López, vocal de la Asociación Víctimas del Terrorismo. Junto a ellos, Nieves Segovia, presidenta de la Institución Educativa SEK, en la que se integra la Universidad Camilo José Cela. La propia Narcisa López aseguró durante el acto que si este proyecto hubiera existido antes, sus hijas no hubiesen padecido los problemas que sufrieron hace veinte años. En el horizonte, la esperanza de un país entero es que nadie más vuelva a tener que pagar con su vida la locura ideológica de unos pocos, degenerada en terrorismo.

Ion Antolín Llorente es periodista especializado en comunicación corporativa y política
En Twitter @ionantolin

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