16 de Mayo de 2012
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Ion Antolín Llorente
Cuestión de orden
El éxito y la Ley Sinde
Alejandro Sanz: culpable. Los cargos: el éxito en su trabajo, haber hecho dinero con ello y decir las cosas claras. Condena: que su obra sea repartida entre todos sin que el autor vea un euro. Que cualquiera pueda montar una web de descargas con sus canciones y lucrarse con ello. Ser incluido en una penosa lista negra para que todo aquel que tenga la tentación de pagar una de sus creaciones no lo haga. Las excusas para este mundo al revés: una ley con buenas intenciones y una gestación, redacción y tramitación nefastas. Con estos mimbres, el pueblo puede ser dueño de lo que produzca un creador con su esfuerzo. Incluso podemos darle la alternativa para que se gane un estipendio, no como él quiera, sino como nosotros le digamos. Haz conciertos en directo, y vive de eso amigo, que ya te sobra. Decidimos cuánto y cómo debe ganarlo. En el siguiente acto podemos proponer unos bonos, al estilo de las cartillas de racionamiento, y pagar al autor en base al peso de sus creaciones. Que lo abone el Estado, de paso, y así todos contentos. Servicio público, o un nuevo pilar del estado del bienestar. Descargar películas gratis a la altura de la sanidad o educación públicas.

Mil y una veces me he referido a la Ley Sinde como algo que no terminó de ser lo que debería, y gracias a ello propició un movimiento que comenzó contra el texto legislativo y ha terminado en la búsqueda y captura de los creadores con más éxito. Señalados sobre todo los que hablan en defensa de su trabajo, e incluidos en listas que llaman al boicot de sus productos en el mercado. Parece que cuanto mayor haya sido su proyección profesional, más saña se pone en señalarlos como los culpables de… ¿De qué? Jamás he terminado de comprender cuándo un autor dejó de ser el legítimo dueño de su obra para venderla al precio que considerase oportuno. A nadie le ponen una pistola en la cara para comprar los libros de Lucía Etxebarría. El mero hecho de que la mujer escriba bien no nos da derecho a repartir los libros de forma gratuita en la plaza pública de Internet. Que se haya quejado amargamente del daño que produce la piratería en sus legítimos ingresos no es razón para llamar al boicot contra sus creaciones. Qué miedo me ha dado siempre esto de las listas negras. Verdaderos escalofríos. Es un ejercicio de contorsionismo filosófico defender la libertad de expresión al mismo tiempo que se llama a no comprar la obra escrita de alguien. Terrible.

La protesta contra la Ley Sinde no nos puede llevar a condenar el éxito sacando la guillotina a pasear. Robespierre no podría estar más orgulloso. El obsoleto modelo de negocio de la industrial musical, cinematográfica o del libro no es excusa para proponer la libre circulación de la obra cultural sin permiso de sus dueños, sobre todo cuando todavía existen multitud de páginas web cuyos propietarios se están lucrando día tras día gracias a lo que otros sacaron de su esfuerzo intelectual. Mientras esto ocurra, a mí me basta con que para cerrar una web haya un juez que decida. Es suficiente garantía para la interpretación justa y garantista de la ley, terminando así con el expolio que sufren los creadores cuyo crimen es el éxito y no enterrarse en el silencio por temor a ser criticados en Twitter.

Ion Antolín Llorente es periodista y blogger
En Twitter @ionantolin

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