Durante su visita oficial a Escocia esta semana, el príncipe Guillermo y la princesa Kate llamaron la atención no solo por su agenda institucional, sino por un detalle aparentemente menor que despertó curiosidad entre seguidores y medios: dejaron de ser presentados como Príncipes de Gales para adoptar los títulos de duque y duquesa de Rothesay. Lejos de tratarse de una decisión estratégica o simbólica reciente, el cambio responde a una tradición que se remonta a más de siete siglos.

En territorio escocés, el heredero al trono británico no utiliza el título de Príncipe de Gales. En su lugar, asume automáticamente el de duque de Rothesay, una denominación creada en 1398, cuando Escocia aún era un reino independiente y mucho antes de su unión con Inglaterra. Es una fórmula que se ha mantenido intacta a lo largo de generaciones y que sigue activándose cada vez que el futuro monarca cruza la frontera norte.

Desde que accedieron al título de Príncipes de Gales en 2022, Guillermo y Kate acumulan varios rangos nobiliarios que se adaptan al territorio en el que se encuentren. Además de Rothesay en Escocia, son duque y duquesa de Cornualles en Inglaterra y ostentan también los títulos de conde y condesa de Chester. Este sistema no es decorativo: forma parte de la arquitectura histórica de la monarquía británica y de su relación con las distintas naciones del Reino Unido.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


El uso del título escocés durante su paso por ciudades como Stirling y Falkirk no solo fue correcto desde el punto de vista protocolario, sino especialmente significativo en un momento en el que la Corona busca reforzar su presencia institucional en Escocia. Un gesto silencioso, pero cargado de simbolismo, que subraya continuidad, respeto territorial y tradición.

Este viaje llega además en una etapa clave para la pareja. En los últimos meses, el príncipe Guillermo y la princesa Kate se han consolidado como el rostro más visible de la Casa Real británica, incrementando su agenda pública y asumiendo un papel cada vez más central de cara a los cambios estructurales previstos para 2026. Desde su mudanza a Forest Lodge hasta la ampliación de sus funciones oficiales, todo apunta a una preparación progresiva para asumir mayores responsabilidades.

Así, el cambio de título no fue un gesto aislado ni una curiosidad anecdótica, sino una muestra más de cómo la monarquía británica sigue operando bajo códigos históricos que, aunque discretos, continúan marcando cada uno de sus movimientos. En el caso de Guillermo y Kate, cada detalle cuenta.