La Alta Costura Primavera 2026 de Stéphane Rolland no se presentó en un salón convencional ni en un palacio histórico, sino bajo la cúpula mítica del Cirque d’Hiver Bouglione, uno de los espacios más emblemáticos de París. La elección no fue casual: el diseñador convirtió el desfile en una experiencia abierta, vendiendo 600 entradas al público y destinando la recaudación a la Fondation des Hôpitaux, una iniciativa dedicada a apoyar a adolescentes en situación de riesgo. Entre los asistentes destacaron Brigitte Macron, presidenta de la fundación, junto a figuras internacionales como Heart Evangelista, Andra Day y Lisa Rinna, subrayando el carácter cultural y solidario del evento.

El punto de partida creativo surgió, según el propio Rolland, de forma orgánica: Pablo Picasso y el ballet ‘Parade’. Dos referencias que conectan arte, escena y ruptura de formas tradicionales. Esa influencia se tradujo en una colección donde la escultura textil vuelve a ser protagonista, con siluetas que evocan el cubismo, la teatralidad y la fantasía circense sin caer en la literalidad del disfraz.

La pasarela se llenó de volúmenes extremos y proporciones rotundas. Pantalones balón, monos arquitectónicos y abrigos monumentales construyeron un imaginario poderoso, donde el cuerpo se convierte en lienzo y estructura a partes iguales. El diseñador exploró de manera obsesiva la geometría, mezclando círculos y cuadrados como si cada prenda fuese una pieza en movimiento dentro de un espectáculo coreografiado. En palabras de Rolland, el circo es, ante todo, una celebración de la forma circular, y esa idea vertebró toda la colección.

Los materiales nobles elevaron aún más el impacto visual. Organza, gasa, satén y gazar se trabajaron con una precisión casi arquitectónica, en ocasiones bordados con piedras preciosas y semipreciosas que aportaban destellos controlados de luz. La paleta cromática osciló entre el blanco y negro más gráfico y tonos “cocinados” o quemados como el rojo profundo, el burdeos y el caramelo, aportando una sensación de dramatismo sofisticado, muy alejada de la frivolidad.

Entre los looks más destacados, un abrigo largo asimétrico en gazar blanco se combinó con un mono del mismo tejido, bordado con diamantes jonquil, creando una imagen de pureza estructural y lujo silencioso. Otro de los momentos clave fue un vestido capa confeccionado en satén duchesse negro, terciopelo y crepé georgette, rematado con un broche cúbico de plexiglás con diamantes, una pieza que resumía a la perfección el diálogo entre arte contemporáneo y tradición joyera.

El desfile alcanzó su clímax antes del final cuando Natalia Bouglione sobrevoló el espacio suspendida en el aire, arrancando una ovación del público. Un gesto que reforzó la idea de que esta colección no era solo moda, sino espectáculo total, donde la emoción y la sorpresa forman parte esencial del relato.

Más allá de la pasarela, Stéphane Rolland atraviesa un momento especialmente activo. Recientemente trasladó su maison a una nueva sede histórica, antiguo cuartel general del armero Gastinne-Renette en la época de Napoleón III, a pocos pasos de los Campos Elíseos. Además, en julio lanzó su primer perfume junto al perfumista de nicho Henry Jacques, una fragancia que se agotó rápidamente y ya está siendo reproducida, confirmando la expansión de su universo creativo más allá de la costura.

Con esta colección, Stéphane Rolland reafirma su lugar como uno de los grandes arquitectos de la Alta Costura contemporánea. Primavera 2026 no es solo un homenaje al circo, sino una declaración de principios: la moda como arte, como espectáculo y como herramienta cultural capaz de emocionar, reunir y transformar.