En Chloé, la regla para el Pre-Fall 2026 es clara: no hay reglas. O, al menos, no las tradicionales. La directora creativa Chemena Kamali toma como punto de partida la forma en que se visten los jóvenes del estudio —mezclas inesperadas, capas intuitivas, gestos personales— para construir una colección que celebra el impulso, la libertad y la individualidad. El resultado es una propuesta que se siente familiar y, al mismo tiempo, sorprendente, fiel a la feminidad fluida de la casa y a una energía que no busca justificarse.

A primera vista, las combinaciones desafían la lógica clásica: un jersey de punto robusto recortado a la altura del pecho y rematado con encaje guipur; calcetines llevados con zuecos de plataforma en madera, ante y poliuretano transparente; o peplums fruncidos superpuestos —uno cosido a una camisola de encaje, otro integrado en un cinturón de piel— sobre pantalones de volumen generoso. Sin embargo, el encanto aparece precisamente en esa tensión: la colección funciona porque se apoya en el espíritu Chloé, donde la gracia convive con el atrevimiento.


El imaginario visual mira a los años 70 y 80, una obsesión declarada de Kamali, filtrada por retratos icónicos y referencias culturales que evocan fuerza y sensualidad. No hay nostalgia literal; hay actitud. La diseñadora evita “formular” en exceso y apuesta por prendas que se sienten instintivas, como si ya existieran en el armario y, aun así, ofrecieran novedad. La moda, aquí, es una extensión de la personalidad, no un disfraz.

La colección mantiene vínculos con los códigos históricos de la maison. Vuelven las blusas con aire romántico, reinterpretadas con estructura; las chaquetas de cuero dialogan con la ligereza de piezas lenceras; aparecen chaquetas de inspiración victoriana con una cualidad heredada; y los vestidos de gasa flotan con naturalidad. Todo se siente anclado en la realidad, sin perder el gesto poético.

Donde Chloé reafirma su reputación es en el pantalón. Kamali demuestra que el cool también se construye desde el ajuste perfecto. La propuesta recorre stirrups de terciopelo, leggings de ante ceñidos y pantalones de trabajo teñidos en prenda, cortados rectos como los de marinero. Para quienes buscan una declaración más rotunda, los vaqueros de tiro alto estallan en perneras gigantes, generando el efecto de una falda escoba: volumen, movimiento y carácter.

La diseñadora habla de piezas a las que se llega de forma natural, esas que se eligen sin pensar porque funcionan. Esa cercanía no excluye el juego. La colección incorpora objetos impulso que aportan humor y ligereza: un colgante con forma de corazón de manzana, un anillo con espejo escondido en una concha, o una mini Marcie reducida a su expresión más lúdica. Porque sí, porque la moda también puede sonreír.

Pre-Fall 2026 no pretende imponer una silueta única ni dictar combinaciones cerradas. Propone un lenguaje abierto, donde la espontaneidad guía y la técnica sostiene. Chloé reafirma así su lugar como sinónimo de feminidad moderna, comodidad sofisticada y ese equilibrio raro —pero reconocible— entre libertad y coherencia. En tiempos de fórmulas repetidas, Kamali apuesta por el impulso bien hecho. Y funciona.