Martin Cirio, Papryka y Lizardo Ponce se conocieron entre historias de Instagram, directos que explotaban y un sentido del humor que sólo ellos tres sabían leer al vuelo. Lo que empezó como una alianza digital se convirtió rápidamente en un fenómeno llamado Carolos en el Bar, un espacio sin reglas donde todo fluía entre risas, complicidad y reflexión. En esta entrevista, los tres referentes argentinos conversan con Xmag sobre sus comienzos, los miedos que aún arrastran y el vínculo con sus seguidores en un momento clave de sus carreras.

—Fue causalidad —decía Papryka, con convicción—. Cuando uno trabaja, las cosas terminan pasando. No es magia.

Lizardo, por su parte, ponía el foco en la química que surgió entre los tres desde el inicio: “Nos llevamos muy bien y compartimos el mismo humor. Eso se nota en cámara, pero lo más fuerte está fuera de cámara. Hay confianza real, y eso te da libertad”.

Para Martin, sin embargo, mirar hacia atrás implicaba recordar quién era antes de este boom. “Yo seguiría siendo profesor de inglés… me iría bien, pero estaría profundamente infeliz. Una vida de mierda”, soltaba con honestidad brutal. Papryka tampoco se imaginaba haciendo algo que no le diera alegría, aunque reconocía que su otra vocación, el diseño gráfico, siempre había sido parte de su identidad. Lizardo, en cambio, confesaba que si no estuviera frente a una cámara, se vería detrás de ella: “Me hubiese gustado ser fotógrafo, algo visual, algo con estética”.

Aunque los tres compartían exposición en redes, no todos habían vivido el lado oscuro de la fama. Martin recordaba con detalle cómo una seguidora llegó a averiguar su dirección a partir de mínimos detalles en sus historias. “Me esperó en la puerta de casa y me asusté. No era una amenaza, pero te sentís vulnerable. Por eso me mudé a una torre con seguridad”. Lizardo y Papryka, en cambio, hablaban con gratitud sobre la comunidad que los rodeaba. “La gente que me sigue es muy respetuosa”, decía él. “Los farafans tienen un humor muy divertido”, añadía ella entre risas.

Cuando se trató de definirse entre ellos, no dudaron: Papryka llamó intenso a Martin, Martin dijo que Lizardo era una buena persona, y Lizardo describió a Papryka como auténtica.

Pero también hubo lugar para lo profundo. El mensaje para los adolescentes con miedo a abrirse fue tan diverso como honesto. Martin ponía el acento en la autocompasión y la paciencia: “No es tan fácil como decir ‘acéptate’. A veces hay que esperar a estar en un entorno seguro. Lo más importante es saber que no hay nada malo en lo que sos”. Lizardo invitaba a aprovechar la libertad actual para vivir sin tapujos: “Mientras no jodas a nadie, podés ser quien quieras”. Papryka, en tanto, apostaba por rodearse de gente luminosa: “La familia no se elige, pero los amigos sí. Y esos vínculos te empujan a jugártela por lo que sos y lo que soñás”.

Los tres admitían que, en algún rincón de la mente, existía el temor a perder lo construido. Pero también sabían que nada de lo que tenían era fruto del azar. “Si lo perdiste porque no lo trabajaste, bueno. Pero esto es laburo de años”, remarcaba Martin. Lizardo coincidía: “Lo conseguido ya lo llevo conmigo. Me pueden faltar oportunidades, pero no lo vivido”.

La charla derivó, después, en momentos más íntimos, donde cada uno se dejó ver sin filtros.


Papryka: jugar, crear, flashear

Hablar con Papryka era sumergirse en una mezcla de ironía, sensibilidad y estética descontracturada. Su momento definitorio, según recordaba, fue cuando formó el grupo de teatro que más tarde se transformaría en Catombe. “Ahí apareció mi verdadero yo. Me reencontré con esa niña actriz que se había dormido”.

Llorar, para ella, no era una reacción común. “No lloro por cosas felices, me río. Pero me tocan los temas sobre la vejez. Me angustian, me remueven”. La moda, en su universo, no seguía tendencias sino emociones. Por eso su cápsula junto a Sabor Streetwear era tan libre: “Es atemporal, la pensamos con amor y sin reglas”.

Aunque ama el teatro, soñaba con probar televisión, siempre que no traicionara su identidad. Y si había que hablar de manías, confesaba una adorable: “Me gusta dejar la ropa nueva en la bolsa, a la vista. Me hace feliz”.

¿Su mensaje para el mundo? “Jugársela, liberarse y tomar vino”. No hacía falta más.


Martin: del aula al escenario

La vida de Martin Cirio cambió cuando decidió irse a vivir a Egipto. “Ahí largué los mandatos sociales. Fue el momento que me marcó”. Había dejado de temer al olvido. “Antes me daba miedo no ser relevante. Hoy, cuando tengo tiempo para no hacer nada, también lo disfruto”.

Entre sus experiencias más incómodas, relataba una casi tragicómica: un fan lo persiguió diez cuadras para abrazarlo. Él, paranoico por estar fumado, pensó que lo iban a robar. Lo que terminó siendo una foto, empezó como una escena digna de un thriller urbano.

Sobre su carrera, no le interesaba colonizar nuevos mercados: “Me dicen que haga videos en inglés, pero soy muy argentino. Mis referencias no se entienden afuera”.

¿Sueños? “Lo que tengo ahora era mi sueño. Todo lo que venga será consecuencia del laburo, no de la ambición”.
¿Mensaje final? “La paz mundial… no sé”, respondía, riendo.


Lizardo: libertad y contradicción

Lizardo Ponce se emocionaba al recordar su primer recital de Miranda!. Era pequeño, todavía en el armario, y ese show marcó un antes y un después. “Bailé libre, sin prejuicios. Fui yo mismo”.

Las inseguridades seguían ahí, sobre todo al hablar de sí mismo. “Siempre fui más periodista que protagonista. Pero con Carolos aprendí a soltarme”. En el presente, se sentía pleno conduciendo MTV Fans y quería seguir por ese camino: entretenimiento joven, sin eufemismos ni tabúes.

Confesaba que su imagen superficial en redes era, en parte, un juego. “No muestro todo en Instagram. Hay cosas que me guardo. Soy muy sentimental, muy sensible”. Lo que más le dolía era la desigualdad, tanto económica como de género. “Me duele que haya gente que no vea más allá de su realidad. Hay que tener empatía”.

¿Su mensaje al mundo? “Sean libres. No hay nada más lindo que la libertad”.

Créditos: 📍 Location: Prometh Photo (@promethphoto) 📸 Photo & Art Director: Nahuel Cucharello & Maca Simone (@nahuelcucharello / @macasimone) 💻 PostProduction by: Macarena Martinez (@macamartinez.n) 👒 Styling by: Micaela Albores (@micaalbores) 💄 MUA: Ana Nijensohn (@animakeupp)