El pasado domingo, el periodista Jordi Évole puso sobre la mesa un escenario que podría haberse producido antes de la sentencia contra el entonces fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz: en un encuentro entre periodistas y jueces apareció el nombre del filtrador del correo del novio de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador, en el que se centra la condena.
En aquella reunión, previsiblemente una comida entre informadores y magistrados, se encontraba el juez Manuel Marchena, quien en última instancia interpuso la polémica condena. Évole preguntó por esta cuestión al entrevistado, que señaló a su vez que había escuchado una “rumorología” sobre esta situación. “Pero yo la rumorología la dejo en el campo de la rumorología”, apuntaba.
Refrendando en todo momento que él no fue la persona que filtró el correo del compañero sentimental de la responsable de Sol, tal y como defendió hace unos meses y refrendaron los periodistas que pasaron por sede judicial, el ex fiscal prefirió no hacer ninguna valoración a lo relatado por Évole.
“Lo que sí sé es lo que declararon los periodistas en juicio. Se parece mucho a lo que usted (el entrevistador) está diciendo”, emitía el fiscal. “(…) Para mí lo que es relevante es que yo no era la fuente”, remachaba en un primer turno de preguntas.
El conductor del programa intentó obtener una contestación y ponía sobre la mesa que “si eso fuera así, ¿inhabilitaría al juez Marchena para juzgarle?”, a lo que el fiscal respondió: “Yo no puedo hacer ninguna valoración jurídica, y menos sobre mi caso, cometería un error gravísimo introduciendo una hipótesis… Máximo respeto a la difícil labor del juez”.
“Si no le pusiéramos caso, ni nombre, ni fuese este el caso. Si yo le digo que en un juicio el juez ha conocido anteriormente datos sobre el acusado, que dejaba de estar acusado porque le habían dicho que no había sido esa persona quien había cometido el delito”, hacía hincapié Évole.
García Ortiz se limitaba a señalar que “un juez no puede tener conocimiento previo y extra de los hechos”, sino que “enjuicia lo que tiene delante y como lo tienes delante”. “Prefiero no hacer… lo vamos a conectar directamente con el rumor, y no es un ejemplo abstracto”, concluyó.
"Es gravísimo (...) Prevaricación"
ElPlural.com ha acudido a expertos jurídicos para conocer qué supondría el hecho que fuentes habrían deslizado antes de que se emitiera el programa -ya no solo en el caso del fiscal, sino en cualquier otro- y ha encontrado la respuesta de Ramiro García de Dios, juez con más de 30 años de experiencia.
“Si fuera verdad que en un encuentro de periodistas con el juez Marchena, algún periodista le hubiera dicho al juez Marchen ‘Mire usted, quien filtró el correo fue X’ y, por lo tanto, el periodista hubiera transmitido con rigor, no con rumorología, que X era el filtrador y el señor Marchena después celebrase un juicio condenando, es gravísimo”, relata.
Miembro actual de Juezas y Jueces para la democracia, es contundente y refleja que el magistrado habría cometido, en su opinión, un delito de prevaricación en ese supuesto. “Si hay un periodista y se acredita rigurosamente en un encuentro quién fue el filtrador, con datos, y Marchena celebra el juicio, puede ser calificado jurídicamente como un delincuente prevaricador”, contempla.
“Es mi opinión”, emplaza; pero solventa que está “fundada en derecho ordinario, constitucional, conforme a la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos”, etc: “Sería una prevaricación de libro”.
No solo el hecho de la condena, sino el mero juicio, ya supondría esto, porque “participó en varios recursos y después celebró el juicio”, además de “ser uno de los que dictó sentencia condenatoria”.
El 20 de noviembre de 2025 el Tribunal Supremo terminaba condenando al entonces fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a dos años de inhabilitación para su cargo cargo por revelación de datos reservados tras la denuncia de Alberto González Amador, novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Además, el jurista debía pagar 17.000 euros entre multa e indemnización en una condena sin precedentes y que dio la vuelta al mundo. Se trató de una sentencia histórica en ese sentido. Nunca antes un fiscal general había sido condenado