El techo de cristal sigue siendo una realidad a denunciar este 8M. Este fenómeno social sustentado en la desigualdad y en el machismo, hace que mujeres que despuntarían por sus cualidades y formación, se queden a medio camino en su carrera profesional, que choquen con un techo invisible, pero real e impuesto, que hace que no lleguen a los puestos de mando. Esas sillas, son todavía para los hombres.

El techo de cristal es injusto en todos los ámbitos de nuestra sociedad, pero quizás la paradoja es mayor si hablamos de Educación y universidades pues, mientras que entre los estudiantes las mujeres son mayoría, en los puestos de mando son una clara minoría.

El 54% de los universitarios y el 58% de los titulados son mujeres, en toda España sólo hay 11 rectoras. De las 50 universidades públicas, en cuatro hay una mujer al mando, una cifra que aumenta en el mundo de los campus privados hasta siete, aunque hay que aclarar que sólo hay 26 universidades privadas.

Es cierto que desde que se creo la Ley de Igualdad, hay más mujeres rectoras, concretamente un 20%, pero todavía hay mucho camino por recorrer. Y es que, de todas las profesoras universitarias, menos del 13% se convierten en rectoras. En el caso de ellos, hablamos del 25%.

El dato es preocupante, aunque los expertos en igualdad lo definen como un paso para conseguir que en ese techo de cristal aparezca una muesca que, con el tiempo, se convierta en una grieta.

Sólo desde la década de los 80 en la Universidad

Hay que recordar que hasta los años 80, el porcentaje de mujeres que llegaban a este nivel de estudios era anecdótico. Incluso estaba mal visto que una mujer rompiera la tradición, se saliera del camino que empezaba de la mano de su padre para dejarla en las de su marido y la formación de una familia.

Pero en esa década, las cosas empezaron a cambiar. Las mujeres llegaron a la universidad poco a poco, hasta que ese goteo se convirtió en un cambio radical: los campus dejaron de ser territorio de hombres para convertirse en un lugar donde las mujeres son mayoría.

Aunque la población masculina es mayor, y también el número de hombres con 18 años que puede acceder a este tipo de estudios, cada año las mujeres les superan en matriculaciones.

Algo parecido ha ocurrido con las rectoras. No ocupó este puesto una mujer hasta el año 1982 y, desde entonces, se ha ido ganando terreno hacia la igualdad aunque a un ritmo demasiado lento.

La pionera fue Elisa Pérez Vera, que ocupó el sillón de rectora de la UNED desde 1982 hasta el año 1987. Han pasado más de 35 años y el número total de rectoras no ha crecido demasiado. Tras Elisa, en la actualidad sólo 11 mujeres han llegado a los mandos de una universidad.