La situación en Oriente Próximo, después de que Estados Unidos e Israel hayan lanzado una operación militar unilateral contra Irán, asesinado al líder supremo persa y sacudido una vez más el orden mundial, sirve a cada actor internacional para medir sus verdaderas fuerzas. Ante una nueva muestra del delirio belicista de Donald Trump, Europa ha perdido una nueva oportunidad de reivindicar su independencia de Estados Unidos y marcar una postura propia.

Al contrario, las tibias reacciones de los gobiernos europeos han dejado claro que Trump y Netanyahu tienen la sartén por el mango, y que pueden saltarse el derecho internacional -como han hecho bombardeando Irán sin agresión previa, y asesinando civiles- ya que no existe un contrapeso a su poder sobre el tablero de la geopolítica.

La postura europea se cristalizó en un comunicado conjunto de los 27 que no mencionaba los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán el sábado, que comenzaron la 'Operación Furia Épica' y han desatado la respuesta del debilitado régimen persa. Un consenso que se ha roto después por los dos lados, sin llegar en ningún caso a la oposición férrea a Donald Trump. Lo más cercano a esto ha sido el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha sido de los pocos en condenar tanto "un régimen odioso" como una "intervención militar injustificada y peligrosa".

En el otro extremo están Francia, Reino Unido y Alemania, que lejos de sacar músculo frente a Trump se ponen de su lado. En otro comunicado conjunto este domingo, los líderes de estos tres países han anunciado "acciones defensivas proporcionales" contra Irán por amenazar los intereses europeos en la región.

El negocio con el que Trump tiene a Europa bajo control

La tibieza de Europa frente a las ansias de guerra de Trump no es casual. Es el resultado de una dinámica de sometimiento de los intereses económicos de los 27: "Tienen que ver con la salud de su negocio", explica Frederic Mertens, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia, en conversación con ElPlural.com. El analista señala como Trump, en un nuevo movimiento motivado por el dominio del petróleo -como ya ocurrió con su intervención en Venezuela en enero-, tiene atado el apoyo de Europa: "No tenemos otra vía que apoyar a Trump, esencialmente porque, si todo le sale bien, va a llegar a obtener casi el control del 60% de la producción mundial de petróleo", cuenta.

Este dominio que persigue Trump para impulsar sus propios negocios es la clave de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados: "Los europeos no pueden enfrentarse contra Trump al respecto, todo lo contrario, porque necesitamos nosotros también el petróleo", señala Mertens. Europa, además de estar bajo el yugo de los deseos de Trump, también tiene su propio interés económico en la región: "Los europeos intentan hacer equilibrio, dando a entender que ya es tiempo de restaurar o instaurar una democracia, pero lo que les preocupa primero es la protección de sus intereses vitales", explica.

"También tienen que ver", continúa, "con la salud de su negocio, el negocio de las empresas europeas que están implantadas en Oriente Medio". El movimiento de Estados Unidos es un mazazo al orden económico, en el que Irán y sus países vecinos juegan un papel fundamental por su control del Estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del crudo mundial. De hecho las consecuencias ya se están dejando notar en los mercados, con el precio del petróleo aumentando más del 10% desde el viernes.

El experto también sitúa como posible explicación a la postura de Europa un intento de protegerse de posibles represalias en su propio territorio. En este sentido, Mertens señala que el viejo continente podría ser "blanco de ataque por parte de los iraníes o sobre todo los simpatizantes". Destaca que ya ha ocurrido en el pasado: "Hemos tenido la experiencia de grupos pequeños radicalizados", explica. Europa ya tiene experiencia con actos terroristas de órganos aislados, vinculados a milicias proiraníes como Hezbolá: "Lo hemos sufrido en varios países, como por ejemplo en Francia, pero otros países europeos también en el pasado, y ahora esto puede volver a ocurrir", explica.

Irán apunta a ser más "Irak o Libia" que Venezuela

 Al igual que en el caso de Venezuela, Mertens no cree que Trump haya atacado al régimen de los ayatolás porque le preocupe la libertad del pueblo iraní: "Su objetivo no es tanto el restablecimiento de la democracia en Teherán, lo que le interesa es la producción del petróleo", señala. En este sentido, compara la reacción del pueblo iraní con la del venezolano ante la injerencia de Estados Unidos en su soberanía: "La cantidad de gente que está en las calles de Teherán y otras ciudades, llorando la muerte del líder supremo", explica, "no están tan a favor de que se imponga un sistema, el que sea, por parte de Estados Unidos". Del mismo modo, no cree "que los venezolanos de a pie sean todos conformes con el mantenimiento de Delcy [Rodríguez, la dirigente chavista mantenida por Trump en el poder], sin su consentimiento".

Sin embargo, el analista no cree que el futuro cercano de Irán se vaya a parecer al del país caribeño. Hay grandes diferencias, ya que el persa es un régimen teocrático: "Es un poco delicado por el sistema", apunta, y lo compara más con otros gobiernos derrocados para dar paso a supuestos sistemas democráticos que, finalmente, nunca han llegado: "Lo que a mí me preocupa es una situación que podría ser parecida a la de Irak o Libia, con un régimen fuerte que se ha ablandecido y que se mantendría bajo el control de Estados Unidos", señala.

Y a la vista están los resultados: "Mira cómo va la situación en Irak, que es un país desintegrado. En Libia lo mismo, es un país desintegrado. Y si Irán llegase a un país desintegrado como clave o como resultado de una guerra civil entre corrientes radicales o un poco menos radicales del Islam, pues ahí vamos a tener un problema", anticipa.

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