La tecnología, casi siempre, evoluciona mucho más rápido que la legislación que debe regularla. Conocidos desde hace años los riesgos y el impacto de las redes sociales de masas en la población, el mundo afronta ahora la necesidad de proteger a los más vulnerables, los menores, de un entorno digital salvaje, en el que contenidos sexuales, explícitos o mensajes de odio, campan a sus anchas. Desde hace meses, el debate, que pasa por la restricción del acceso a estas plataformas para los menores está encima de la mesa en muchos países.
Australia abrió el camino en 2024 con una prohibición nacional para los menores de 16 años que ya se encuentra en vigor, pero desde entonces se han multiplicado las fórmulas y los límites. Francia, Noruega y Dinamarca fueron adelantando límites entre los 15 y los 16 años; y Portugal, Eslovenia y Grecia impulsaron después sus propios proyectos. España, por su parte, tiene en tramitación una ley que contempla aumentar la edad mínima de registro en las redes a los 16 años, y el presidente Pedro Sánchez anunció en febrero que el Gobierno prohibirá el acceso para los que no superen esa edad.
Ahora, la Unión Europea ha dado un paso clave para avanzar hacia una respuesta común al problema. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció este lunes que el Ejecutivo comunitario presentará después del verano una propuesta concreta, inspirada en un informe de expertos que recomienda restringir el acceso de los menores de 13 años hasta que las tecnológicas demuestren que sus servicios son seguros. Para esa franja plantea un uso limitado y supervisado, y después una apertura gradual hasta los 18.
La variable OnlyFans: cuando la intimidad se vuelve negocio
Bruselas aborda establecer unos límites comunes, en medio de un debate en el que, a los contenidos que están al alcance de todos en las redes de masas, se suma el auge de plataformas en las que se ofrece a los jóvenes una oportunidad de convertir su intimidad en dinero. OnlyFans ha roto los esquemas de quienes estudian cómo influye el acceso a internet a los más jóvenes: “Los niños y las niñas están expuestos desde edades muy tempranas, y cada vez más, a contenidos sexualizados, a violencia sexual digital y a materiales, contenidos y discursos digitales que normalizan conductas como la hipersexualización o la cosificación de las mujeres”, explica el sociólogo Ignacio Ceinos a ElPlural.com.
Ceinos es uno de los autores del informe ‘La monetización de la intimidad: juventud, plataformas y economía sexual en OnlyFans’, el mayor estudio sobre la plataforma hasta la fecha que publica la Fundación Child Heroes, en colaboración con el Ministerio de Igualdad. Su investigación trasciende a los argumentos neoliberales que defienden que la exposición de los menores a este tipo de realidades entra dentro de la libertad del mercado, y analiza su impacto real en la sociedad.
OnlyFans aparece en el estudio como el extremo visible de una cadena que empieza mucho antes de pagar una suscripción. Instagram, TikTok, X, Reddit, Telegram y otras redes, funcionan como escaparate, canal de captación y embudo hacia contenidos sexualizados. Son plataformas de uso cotidiano, aparentemente “blancas” o familiares. “Si en la vida cotidiana, la vida presencial, la vida offline, hay determinadas restricciones a menores, ¿por qué no las hay en la vida digital?”, reflexiona Ceinos.
El problema no se limita a una aplicación concreta, sino a lo que Von der Leyen ha definido como “redes sociales plus”, servicios con funciones adictivas o contenidos inadecuados para la edad. La Comisión señala que las empresas deben demostrar que el diseño de sus productos es seguro, y que el daño que produce no quede en manos de las familias. La investigación comparte este criterio, pero va más allá y analiza los algoritmos, recomendaciones y estrategias comerciales normalizan la exposición, la sexualización y la conversión de la intimidad en mercancía.
Ceinos comparte que Europa actúe con un suelo común: “Hacerlo a nivel europeo me parecería lo más correcto, porque llegas a más gente”. La armonización evitaría un mosaico de prohibiciones nacionales y distintos niveles de protección. “Está claro que se necesita reforzar la protección de menores en los entornos digitales, porque está visto que no son espacios seguros”, señala.
La mercantilización del cuerpo de la mujer y el “proxenetismo digital”
El problema no es solo teórico. El modelo que propone OnlyFans está cosechando un éxito que exige sentarse a abordar los problemas que implica. La plataforma británica nació en 2016, y desde 2019 aumentó su número de usuarios en un 2.700% en solo cinco años. En 2024, más de 377 millones de personas tenían una cuenta en la plataforma, y en torno a 4,63 millones eran creadores de contenido. Esto ha consolidado un negocio que movió ese año 7.200 millones de dólares en pagos por suscripciones, disparando los ingresos de la compañía hasta los 1.413 millones –tras entregar a los creadores el 80% de lo recaudado-, según los datos públicos del Gobierno británico.
El informe aterriza esas cifras y las personifica en quienes sufren el problema. La plataforma explota el discurso del dinero fácil y el emprendimiento digital, que banalizan y esconden la mercantilización del cuerpo femenino. Aproximadamente el 84% de las cuentas creadoras corresponden a mujeres jóvenes, mientras el consumo es mayoritariamente masculino. Los investigadores resaltan que, entre los creadores, los ingresos elevados son excepcionales, y que para la mayoría, la actividad exige producir de manera constante, gestionar la propia imagen, mantener disponibilidad emocional y competir por visibilidad.
Ese mercado no está compuesto solo por creadoras y suscriptores, si no que incluye otro gran número de actores. La investigación identifica agencias de representación, intermediarios y los llamados “gurús de OnlyFans”, perfiles que prometen éxito, trivializan los riesgos y organizan estrategias de captación. Por eso, el estudio propone abrir el debate sobre nuevas formas de “proxenetismo digital”.
Regular la edad no basta: “Las plataformas deben rendir cuentas”
La arquitectura tecnológica es otro de los grandes factores. Ceinos señala que determinadas plataformas permiten capturar o grabar pantallas incluso cuando una persona realiza un acto sexual, o que hay redes sociales que muestran “contenido de niñas pequeñas bailando” lo que da pie a delitos como filtraciones, robo de contenido, o deepfakes. En definitiva, formas de violencia sexual digital.
A ello se suma la opacidad sobre los sistemas de recomendación, qué muestran, a quién y con qué objetivo. “Tienen un rol en la vida pública muy importante, a nivel de información, a nivel de comunicación, a nivel de elaborar discursos, generar narrativas, generar un imaginario social”, sostiene el investigador social. Por ello, cree que a quienes los crean “se les debe responsabilizar a nivel de diseño, gestión y arquitectura web, y sí, exigirles responsabilidad, transparencia y rendición de cuentas”.
La regulación que está, ahora mismo, sobre la mesa, puede cerrar la puerta de entrada a este mundo a los más vulnerables, pero no corregirá por sí sola el modelo de negocio. La Comisión ya ha puesto el foco en funciones como el desplazamiento infinito y la reproducción automática, y prepara herramientas de verificación de edad. El estudio va más allá, y reclama obligaciones como el diseño seguro, la colaboración con las autoridades ante delitos, la responsabilidad de los intermediarios y presencia jurídica y fiscal a la que poder exigir respuestas. “La protección no debe recaer en el individuo o en las familias, sino también a los actores que están formando parte del sistema y a las estructuras y a los que tienen el poder”, advierte Ceinos.
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