Basta pasear por cualquier librería o abrir la tienda de aplicaciones del móvil para comprobarlo: los cuadernillos de estimulación mental, los sudokus "antienvejecimiento" y las apps que prometen mantener el cerebro joven se han convertido en un negocio floreciente. Detrás de esa oferta hay una inquietud muy real: el miedo a perder la memoria y, en último término, al alzhéimer.

Esa preocupación tiene motivos. El alzhéimer es la causa más frecuente de demencia y uno de los grandes retos sanitarios de las sociedades que envejecen. Cada 21 de septiembre, el Día Mundial del Alzhéimer recuerda que todavía no existe un tratamiento curativo y que la prevención, o al menos el retraso de los síntomas, se ha convertido en una de las principales líneas de batalla contra la enfermedad.

Pero, ¿sirven de algo los pasatiempos y las aplicaciones? La ciencia dibuja un panorama bastante distinto al que sugiere el marketing. Entrenar el cerebro es otra cosa: tiene menos que ver con rellenar casillas y mucho más con aprender, moverse, relacionarse y mantener viva la curiosidad.

"Obligar al cerebro a aprender": qué es entrenar la mente de verdad

El Dr. Pablo Ignacio Agüero Rabes, especialista del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, lo explica sin rodeos: "Más que hacer sudokus, crucigramas o cuadernillos, significa obligar al cerebro a aprender cosas nuevas y adaptarse. Cuanto más exigente, variada y significativa sea esa actividad, especialmente si además se disfruta, mejor aprovecharemos la enorme capacidad de plasticidad que mantiene el cerebro incluso en edades avanzadas". Son reflexiones que el neurólogo compartía desde Londres, durante la celebración del AAIC, el congreso internacional de referencia sobre la enfermedad de Alzheimer.

La clave está en esa palabra: plasticidad. El cerebro no es un órgano rígido que se limita a desgastarse con los años, sino un tejido capaz de crear y reforzar conexiones cuando se enfrenta a retos nuevos. Y esa capacidad, subraya el especialista, no desaparece en las edades avanzadas.

La reserva cognitiva: el margen que se construye durante toda la vida

De ese entrenamiento continuo nace un concepto que los neurólogos manejan cada vez más: la reserva cognitiva. Funciona como una especie de colchón que no impide el golpe, pero sí lo amortigua. "No evita que aparezca la enfermedad, pero hace que el cerebro la tolere mejor durante más tiempo. Es como tener más margen antes de que los síntomas den la cara, y se construye a lo largo de toda la vida. Depende en parte del individuo, pero también de la sociedad y de las administraciones, garantizando un acceso equitativo a la educación y a oportunidades de desarrollo intelectual", detalla el Dr. Agüero Rabes.

La reserva cognitiva no es, por tanto, solo una cuestión de esfuerzo personal. La educación recibida, el trabajo desempeñado o las oportunidades culturales disponibles influyen en ese margen de protección. Blindar el cerebro también es una tarea colectiva.

Apps frente a idiomas, instrumentos y lectura: qué dice la evidencia

¿Y qué papel juegan entonces las populares aplicaciones de brain training? El neurólogo invita a la cautela: "La evidencia de las aplicaciones es limitada y suele restringirse a las tareas entrenadas. Actividades complejas como aprender un idioma, tocar un instrumento o leer parecen ofrecer beneficios más amplios, especialmente si además implican interacción social y disfrute, aunque precisamente por su naturaleza son mucho más difíciles de estudiar y cuantificar".

Dicho de otro modo: quien practica a diario un juego de memoria en el móvil mejora, sobre todo, en ese juego concreto. En cambio, las actividades exigentes, sociales y placenteras ponen a trabajar muchas más regiones cerebrales a la vez, aunque sus efectos resulten más difíciles de medir en un laboratorio.


Dr. Pablo Ignacio Agüero Rabes, especialista del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz
 

Retrasar, no prevenir: lo que la ciencia puede prometer hoy

Conviene, eso sí, no vender milagros. Preguntado por si el entrenamiento mental puede evitar la enfermedad, el especialista es prudente: "Hoy por hoy, hablar de prevenir iría más allá de la evidencia. Pero es razonable pensar que puede aumentar la resiliencia cerebral y retrasar la expresión clínica de la enfermedad en algunas personas". La diferencia no es menor: ganar años sin síntomas puede cambiar por completo la vida de una persona y de su familia.

¿Y cuándo hay que empezar? La respuesta desmonta otra idea extendida, la de que a partir de cierta edad ya no merece la pena. "Cuanto antes, mejor, pero nunca es tarde. Más que pensar en entrenar la cognición de forma dirigida, debemos entender la salud cerebral como parte de un plan de bienestar global, basado en hábitos realistas y sostenibles. Una intervención buena que podamos mantener siempre será mejor que una intervención perfecta que abandonemos a las pocas semanas", señala el Dr. Agüero Rabes.

Las cuatro patas de la mesa

Ese plan de bienestar global no se sostiene solo sobre los retos intelectuales. El ejercicio físico y la vida social ocupan un lugar central: "Son pilares fundamentales. El ejercicio físico cuenta con una evidencia más sólida que el entrenamiento cognitivo para proteger la salud cerebral, y la vida social también se asocia a un menor riesgo de deterioro. Ejercicio, socialización, actividad cognitiva y dieta mediterránea son, probablemente, las cuatro patas de la mesa de la prevención", resume el neurólogo.

Esa misma lógica se aplica cuando el deterioro ya ha comenzado. En personas con deterioro cognitivo leve, explica, "no existe una terapia neuropsicológica concreta que haya demostrado frenar claramente la evolución. Hay datos de beneficios modestos con intervenciones combinadas, por lo que lo más útil es un abordaje individualizado multimodal que integre estimulación cognitiva, ejercicio físico, dieta mediterránea variada, y un buen control de los factores de riesgo vascular".

Cuándo un despiste deja de ser "entrenable"

Queda una pregunta clave para el lector: ¿cómo distinguir un olvido corriente de una señal de alarma? El especialista huye de la etiqueta tranquilizadora de los despistes "normales": "Es difícil hablar de fallos de memoria 'propios de la edad', aunque sean frecuentes. Debemos consultar cuando esos fallos son progresivos, interfieren en la vida diaria o se acompañan de dificultades para orientarse, manejar las finanzas, encontrar palabras o resolver tareas habituales; especialmente si han alarmado al entorno de la persona que los sufre".

La pauta es clara: no se trata de acudir a consulta por cada nombre olvidado, sino de vigilar la progresión y el impacto en la vida cotidiana. Cuando el entorno familiar empieza a preocuparse, es momento de acudir al neurólogo.

La curiosidad, el hábito del que nacen los demás

Puestos a elegir un único hábito para proteger el cerebro, la respuesta del Dr. Agüero Rabes tiene dos capas. "Si me obligaran a elegir un único hábito basándome exclusivamente en la evidencia científica, elegiría mantenerse físicamente activo de forma regular. Pero si me preguntan cuál creo que está en el origen de muchos de los demás, respondería la curiosidad. Una persona curiosa suele moverse más, aprende, conversa, lee, viaja y se expone continuamente a retos nuevos. Al final, muchos hábitos saludables nacen de esa curiosidad y de encontrar actividades con sentido para cada uno", concluye.

Quizá esa sea la mejor noticia que deja este Día Mundial del Alzhéimer: el entrenamiento cerebral más eficaz no se compra ni se descarga. Se parece mucho más a una vida en movimiento, con gente alrededor, aprendizajes nuevos y ganas de seguir haciéndose preguntas. Los cuadernillos pueden entretener, pero el verdadero gimnasio del cerebro está en el día a día.

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