El verano vuelve a enseñar su cara más cambiante. Después de varias jornadas en las que el calor y las tormentas han compartido protagonismo en numerosos puntos de España, una nueva configuración atmosférica amenaza con alterar de nuevo el panorama meteorológico. La llegada de una vaguada atlántica favorecerá un aumento de la inestabilidad y dejará lluvias y tormentas en distintas zonas del país, con especial atención al norte y nordeste peninsular.
La situación llega después de una primera mitad de agosto marcada por temperaturas elevadas y sucesivos episodios tormentosos. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ya había señalado para la semana del 17 al 23 de agosto una mayor probabilidad de precipitaciones en el nordeste, el área mediterránea y Baleares, aunque recordando la incertidumbre propia de las predicciones a varios días. Ahora, la evolución atmosférica apunta a que las lluvias volverán a ganar protagonismo.
La clave está en la aproximación de aire más frío en las capas altas de la atmósfera. Cuando este se encuentra con una superficie muy calentada tras días de altas temperaturas, aumenta la diferencia térmica entre las capas bajas y altas y se favorece la formación de nubes de gran desarrollo vertical. El resultado puede traducirse en chubascos intensos, actividad eléctrica, granizo y rachas fuertes de viento.
No significa, sin embargo, que vaya a llover de la misma manera en toda España ni durante todo el episodio. Las tormentas estivales tienen un fuerte componente local y pueden dejar cantidades muy diferentes en localidades separadas por pocos kilómetros.
El norte y el nordeste, en el punto de mira
Las mayores precipitaciones se esperan inicialmente en las regiones del norte y nordeste, donde la interacción de la vaguada con el relieve y la humedad disponible puede favorecer lluvias más persistentes.
Las previsiones meteorológicas manejadas este jueves contemplan acumulaciones importantes en algunos puntos del norte y nordeste, que localmente podrían acercarse a valores muy elevados durante el conjunto del episodio. No obstante, estas cantidades deben interpretarse con cautela: en situaciones tormentosas es especialmente difícil anticipar con precisión dónde descargarán los núcleos más activos.
Galicia y el área cantábrica podrán registrar precipitaciones, mientras que el entorno pirenaico y diferentes zonas del nordeste presentan también condiciones favorables para tormentas. La inestabilidad podrá extenderse además a otras áreas del interior peninsular conforme avance la situación.
Las precipitaciones podrán estar acompañadas localmente por tormenta y rachas intensas de viento. Tampoco puede descartarse el granizo en algunos de los núcleos más desarrollados, un fenómeno habitual cuando existe suficiente inestabilidad atmosférica durante los meses cálidos.
AEMET ya había advertido durante los últimos días de episodios de tormentas potencialmente intensas en el interior, con chubascos, granizo y rachas fuertes o muy fuertes asociadas. El paso de sucesivas perturbaciones está manteniendo así un patrón mucho más inestable que el habitual dominio anticiclónico de otras fases del verano.
Un respiro del calor, pero no el final del verano
La llegada de aire atlántico también tendrá consecuencias en los termómetros. Allí donde aumenten la nubosidad, las precipitaciones y el viento de componente atlántica, las temperaturas tenderán a moderarse respecto a jornadas anteriores.
El descenso será más perceptible en las áreas afectadas directamente por el cambio de masa de aire, aunque no cabe interpretar este episodio como un final anticipado del verano. Agosto mantiene todavía capacidad para recuperar rápidamente temperaturas elevadas una vez se aleje la vaguada y vuelva a imponerse una situación atmosférica más estable.
El contraste será, en cualquier caso, notable en lugares que han soportado durante las últimas semanas temperaturas muy superiores a las habituales. España llega a este nuevo episodio después de un verano en el que el calor ha vuelto a situarse frecuentemente por encima de los valores normales y en el que numerosas provincias han acumulado jornadas excepcionalmente cálidas.
Precisamente esta combinación entre temperaturas elevadas y entradas de aire más frío en altura puede alimentar episodios tormentosos de elevada intensidad.
¿Qué es exactamente una vaguada?
Aunque el término aparece cada vez más en las previsiones meteorológicas, una vaguada no es exactamente lo mismo que una DANA.
De manera simplificada, una vaguada atmosférica es una prolongación de bajas presiones —generalmente asociada a aire frío en altura— que se introduce hacia latitudes más bajas. Su presencia favorece la inestabilidad y puede desencadenar lluvias y tormentas cuando coinciden otros ingredientes, como humedad abundante y temperaturas elevadas cerca de la superficie.
Una DANA, en cambio, aparece cuando una porción de ese aire frío termina separándose de la circulación general atmosférica y queda aislada. De hecho, AEMET explicaba hace apenas unos días cómo una vaguada atlántica podía evolucionar posteriormente hacia una DANA, demostrando que ambos fenómenos están relacionados pero no son sinónimos.
Por ahora, el mensaje fundamental para los próximos días es el aumento de la inestabilidad. La distribución exacta de las tormentas y sus acumulaciones deberá concretarse conforme se acerque cada jornada.
En pleno agosto, por tanto, el paraguas vuelve a compartir espacio con las gafas de sol. La vaguada atlántica promete romper temporalmente la estabilidad en buena parte de la Península y dejar un escenario de lluvias, tormentas y temperaturas algo más contenidas. Y, como ocurre siempre con este tipo de episodios estivales, será especialmente importante seguir las actualizaciones y avisos oficiales de AEMET, porque una tormenta puede convertir en pocas horas una jornada aparentemente tranquila en un episodio de lluvia intensa.
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