Pasa desapercibido, pero tiene cura. El cáncer de tiroides es una de esas enfermedades que suele avanzar sin hacer ruido, pero cuyo desenlace es, en la mayoría de los casos, esperanzador. Se estima que representa aproximadamente un 1% de todos los tumores diagnosticados en España, con un leve incremento en las últimas décadas. Lo que distingue a este tipo de cáncer de otros es su alta tasa de curación, siempre que se detecte a tiempo.
No hay una causa única. El origen del cáncer de tiroides es multifactorial: influye la genetica, la exposición a radiación en edades tempranas y algunos factores ambientales. Pero el principal reto para el paciente está en saber identificar a tiempo los primeros signos de alarma.
Un nódulo en el cuello puede ser la primera señal. En muchas ocasiones, el cáncer de tiroides se descubre de forma casual durante una revisión médica o tras una ecografía solicitada por otra razón. El proceso que sigue el paciente desde la sospecha hasta el tratamiento es clave para mejorar el pronóstico y reducir complicaciones innecesarias.
¿Qué es el cáncer de tiroides y cómo empieza a manifestarse?
La glándula tiroides, con forma de mariposa y situada en la base del cuello, tiene una función vital en el organismo: regula el metabolismo, influye en el ritmo cardíaco, la temperatura corporal y el consumo de energía. Cuando sus células sufren mutaciones, pueden empezar a crecer de manera descontrolada, formando tumores.
Según explica Jesús García-Foncillas, director del Comprehensive Cancer Center del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, "al principio, el cáncer de tiroides no suele causar síntomas. A medida que avanza, puede aparecer un bulto o nódulo en el cuello que se puede sentir a través de la piel". Este es uno de los signos de alarma más característicos y también uno de los más visibles. "Cambios en la voz, como una ronquera persistente, dificultad para tragar o respirar, dolor en el cuello o la garganta y tos persistente que no se debe a un resfriado también son signos que deben hacer sospechar", señala el experto.
Las pruebas clave para confirmar el diagnóstico
Ante la presencia de un nódulo o síntomas persistentes, el protocolo médico se activa. "Si hay sospechas, los médicos suelen seguir estos pasos: examen físico, ecografía, análisis de sangre y biopsia por aspiración con aguja fina". Cada una de estas pruebas cumple una función específica, detalla el especialista del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, centro que acaba de celebrar su 91 aniversario.
La ecografía permite observar si un nódulo es sólido o quístico, su tamaño, forma y si presenta características sospechosas. Los análisis de sangre ayudan a determinar si la tiroides está funcionando correctamente. Pero el diagnóstico definitivo lo ofrece la biopsia. "La biopsia por aspiración con aguja fina es la prueba definitiva. Se extrae una pequeña muestra de células del nódulo con una aguja muy delgada para analizarla en el laboratorio", afirma el oncólogo.
Tipos de cáncer de tiroides y su pronóstico
Una vez confirmado el diagnóstico, es importante conocer el tipo de tumor. "Existen varios tipos, clasificados según cómo se ven las células bajo el microscopio: papilar, folicular, medular y anaplásico", Esta clasificación permite adaptar el tratamiento a las características del tumor, según señala el especialista.
El más frecuente es el papilar. "El papilar es el más común, suele crecer muy lento y tiene un excelente pronóstico", puntualiza García-Foncillas. El folicular también tiene buen desenlace con el tratamiento adecuado. El medular, menos común, puede estar asociado a factores genéticos. El anaplásico, en cambio, es muy agresivo y poco frecuente, con un tratamiento más complejo y un pronóstico reservado.
¿Cómo se trata? Cirugía, yodo radiactivo y terapia hormonal
La buena noticia es que en la mayor parte de los casos, el cáncer de tiroides es curable. "La buena noticia es que la mayoría de los casos se curan". Para ello, se utilizan distintas estrategias terapéuticas, combinadas en función del tipo de tumor, su extensión y el perfil del paciente, detalla el experto.
"Los tratamientos incluyen cirugía, terapia con yodo radiactivo, terapia hormonal y, en casos muy específicos o avanzados, radioterapia o quimioterapia", apunta el especialista. La cirugía es la opción más utilizada, y puede consistir en extirpar toda la glándula tiroides (tiroidectomía total) o solo una parte.
"La terapia con yodo radiactivo consiste en tomar una pastilla o líquido que destruye las células tiroideas restantes, incluyendo las cancerosas, sin dañar el resto del cuerpo." Esta terapia se usa principalmente en los tumores papilares y foliculares tras la cirugía, explica García-Foncillas.
Tras la extirpación de la tiroides, el cuerpo ya no puede producir hormonas tiroideas de forma natural. Por eso, "después de la cirugía, se toman pastillas de por vida para reemplazar las hormonas que la tiroides ya no produce." Este tratamiento hormonal es esencial para mantener el metabolismo equilibrado, según recuerda el especialista.
Diagnóstico precoz: por qué puede cambiarlo todo
Uno de los mensajes más importantes es que cuanto antes se detecte, mayores son las posibilidades de curación. "El diagnóstico temprano es clave porque el cáncer de tiroides tiene una de las tasas de curación más altas de todos los cánceres", señala García-Foncillas.
En fases iniciales, los tratamientos pueden ser menos invasivos. "Detectarlo a tiempo permite tratamientos menos agresivos, evitar que el cáncer se extienda y garantizar una esperanza de vida prácticamente igual a la de una persona sin cáncer", destaca el director del Comprehensive Cancer Center de la Fundación Jiménez Díaz.
García-Foncillas subraya la necesidad de educar a la población en la detección temprana. "Un simple bulto en el cuello no debe ignorarse. Consultar al médico de atención primaria puede marcar la diferencia."
Un mensaje de esperanza
El cáncer de tiroides es curable en la mayor parte de los casos, pero requiere atención médica, seguimiento y compromiso con el tratamiento. La ciencia ha avanzado mucho en su abordaje y hoy los pacientes pueden enfrentarlo con más información, opciones terapéuticas y, sobre todo, esperanza.
Detección, diagnóstico, tratamiento y seguimiento: las cuatro etapas que salvan vidas. Porque en oncología, actuar a tiempo sigue siendo la mejor medicina.