Este fin de semana se juega la final de Wimblendon, el torneo que no se perdía el escritor David Foster Wallace, una de las figuras más destacadas de la llamada Generación X. A título póstumo (el escritor se suicidó, devastado por la depresión en 2008), la editorial Mondadori publicó el libro El tenis como experiencia religiosa, que parte y lleva el título de un artículo que publicó Wallace en 2006 en The New York Magazine donde dejaba constancia de su admiración por Roger Federer, que este domingo jugará la final masculina del torneo. También se recogen en las 11 páginas de este título otros artículo del autor de La broma infinita, donde el tenis ya estaba en la vida de uno de los personajes, otros artículos como Democracia y comercio en el Open de Estados Unidos, publicado por la revista Tennis en 1995.

Jugador además de cronista

La pasión de Wallace por el tenis ya nació en su juventud, cuando fue campeón regional de este deporte. Después se lanzó, entre otras cosas, a hacer crónica deportiva basada en él, y para muchos dejó escritor algunos de los mejores textos que se le han dedicado al tenis. En las líneas de este libro, el autor alaba la kinestesia o lenguaje corporal del tenista que se mueve por la pista frente a la red, que, para Wallace, alcanza su máximo esplendor en la elegancia Roger Federer. Wallace profesa, además, admiración por lo que denomina "los momentos Federer", en los que la habilidad del suizo consigue jugadas asombrosas, imposibles, que el autor recomienda ver, en la medida de lo posible, en directo, porque la televisión las diluye. Jugadas por las que Wallace compara a Federer con hitos de la historia del deporte como Muhammad Alí o Michael Jordan.

Inteligencia y poder de anticipación

Hace valiosoa Federer, según Wallace, "su inteligencia, su poder de anticipación, su sentido de la cancha, su habilidad para interpretar y manipular a sus rivales, para mezclar spins y velocidades, para desorientar y disfrazar, para usar previsión táctica y visión periférica y amplitud kinestésica en lugar de limitarse a un ritmo de rutina" y, finalmente, por "revelar los límites y las posibilidades del tenis masculino tal como se juega hoy día", desgrana Wallace. Wallace, en otro de sus textos, Federer, en cuerpo y en lo otro, reitera su admiración por el juego del suizo comparándolo con Apolo (y lo contrapone a Nadal, a quien califica de Dioniso), y analiza cómo la alta tecnología ha modificado el tenis, desde las  viejas raquetas de madera a las nuevas de alta tecnología, y en la evolución del juego.