Este viernes, 19 de octubre, es mucho más que un principio de fin de semana cualquiera, es el Día Mundial del Cáncer de Mama. Una jornada en la que se muestra a las mujeres que han recobrado la alegría por ser supervivientes y en la que se lanza un mensaje: el cáncer de mama no siempre en el final, se puede curar.

Sin embargo, hay mujeres que echan de menos que en este día tan importante se cuente la otra cara de esta enfermedad, que se hable de las supervivientes olvidando que es el cáncer más común entre las mujeres, que sólo en 2017, 27.000 mujeres sufrieron esta enfermedad.

Aunque en la actualidad, el 85% de las mujeres con cáncer de mama sobreviven, no se puede olvidar lo crudo de la enfermedad, que es un proceso duro, doloroso física y emocionalmente y no una carrera en la que reina el rosa, el optimismo y siempre el apoyo. Porque existe otra forma de vivir esta enfermedad. Supervivientes como Beatriz Figueroa reivindican que se deje de publicitar “la cultura del rosa”.

La otra cara de ser una superviviente

En su opinión, con este relato amable que busca reducir el miedo a la enfermedad e inyectar positividad, se está banalizando el cáncer de mama. No todas las mujeres lo viven igual. Algunas se sienten solas ante la lucha. Otras, se ven abocadas al desempleo y la vulnerabilidad.

Este es el caso de Beatriz. En el año 2011, esta mujer se estaba sometiendo a un tratamiento de quimioterapia tras una mastectomía radical, mientras esperaba fecha para enfrentarse a una nueva intervención: otra mastectomía.

“El libro Sonríe o muere de una de las feministas norteamericanas más críticas de la cultura del rosa, Barbara Einrach, fue un gran consuelo”, explica. “Mi cáncer de mama tampoco era rosa: enferma y desempleaba mis únicos ingresos eran 426 euros mensuales, una reciente hipoteca que superaba ese importe y además tenía que pagar el 40% de la aportación de mis medicinas”. 

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“El panorama negro no me dejaba ver el rosa por ninguna parte”, recuerda Beatriz y por eso, piden que se deje de impulsar la “cultura del rosa”. Porque el cáncer y su lucha no siempre es de este bello color, en ocasiones es negro. 

"Me molesta mucho esa visión angelical del cáncer de mama. El color rosa, es tan bonito, tan glamuroso. Viene a ser muy leve, insignificante cosa de mujeres, es casi nada”, explica Anne Claire.

Anne defiende que el cáncer de mama no es como se cuenta es “cirujía con ablaciones y cicatrices, es quimioterapia, un tratamiento duro, difícil, tanto física como emocionalmente, es radioterapia con quemaduras, es sentir miedo constante a perder una parte importante de una misma, a perder tu vida a morir, a marchar, a faltarle a tus seres queridos". En definitiva, no es rosa. 

La "cultura del Rosa” y el marketing

Ana Guerra se suma a la lucha de Marta Sánchez y Ana Fernández contra el cáncer de mama - EP
Campaña de lucha contra el cáncer de mama con famosas como Marta Sánchez, Ana Guerra y Fernández.

En la actualidad, unas 100.000 mujeres españolas sufren cáncer de mama. Su incidencia va en aumento, lo que significa que en el 2025 se espera que se diagnostiquen cerca de 30.000 casos anuales, un 12,3 % más que en la actualidad. 

Sin embargo, las campañas de concienciación y solidaridad en la que la sociedad compra compresas, lazos, botellas con tapones rosas, camisetas… se han rodeado de un tono de festividad que puede ser negativo. Hay que celebrar que se puede vivir, pero sin eliminar crudeza a la enfermedad que sólo en 2014 se llevo por delante la vida de 6.213 mujeres.

“En este movimiento de la ‘cultura rosa’ no se muestra ira ni dolor y son pocas las quejas de las mujeres por los efectos nocivos, en ocasiones permanentes, de los tratamientos. Solo hay buenos testimonios de las mujeres supervivientes”, lamenta Beatriz.

Esta superviviente y otros grupos de mujeres denuncian que el efecto de esta implacable cultura es transformar el cáncer de mama en un rito de paso y no en una injusticia o una tragedia para las mujeres. 

“La cultura rosa pone como objetivo la supervivencia heroica de las mujeres teniendo una abundancia de oportunidades que predomina en la tiranía del positivismo”. “El rosa como símbolo de lo femenino promulga la suavidad del cáncer de mama convirtiendo el padecimiento en un objeto muy atractivo para el marketing con poder pastoral muy típico de Estados Unidos”.

Es más, aseguran que “el negocio y los intereses económicos son los mejores amigos de esta causa en un muy rentable, comprometido y solidario mercado femenino por la causa". 

Al final, corremos el riesgo de olvidarnos de lo importante, de la enfermedad, porque nuestra atención se centra en la publicidad y el marketing.

Las consecuencias económicas

Además, este grupo de mujeres denuncia que la "cultura rosa" no entiende si las mujeres pueden o no sostenerse económicamente mientras están enfermas o, incluso, una vez han ganado la batalla al cáncer. Existe un estigma socioeconómico ligado al cáncer de mama del que no se suele hablar.

Por ejemplo, S.G, es otra superviviente, pero que se encuentra en situación de vulnerabilidad tras la enfermedad. Tanto ella como su marido han tenido cáncer y ahora, sin un trabajo, busca cómo mantener a su hijo. “Mi situación actual es que soy una mujer, con 48 años, miembro de una familia azotada por el cáncer dónde la lucha no cesa, con un hijo que sacar adelante, desempleada y plagada de incertidumbre ante un futuro que está claro no me pertenece”, cuenta. “Me levanto cada día para enfrentar con la esperanza de no caer en una depresión o en una exclusión personal y laboral".

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Otro caso es el de Marga Prado, que tuvo cáncer por segunda vez en 2010. Cuando se reincorporó a la empresa fue despedida y en 2017 fue nuevamente intervenida de una mama. "Después de 17 años cotizados, dependo totalmente de la renta de mi marido, qué vive y trabaja fuera de Vigo durante toda la semana, encontrándome sola para llevar adelante el cuidado de mis hijos, el mío propio y el intento por todos los medios de incorporarme de nuevo al mundo laboral".

Por ello, hace ya cinco años Beatriz Figueroa estuvo en huelga de hambre, para denunciar esta otra cara del cáncer de mama. Junto a otras compañeras se reunió con el Defensor del Pueblo en Madrid y con todos los partidos políticos que tienen representación en el congreso. Ahora, la Asociación Española Contra el Cáncer le da la razón con un informe en el que se alerta de que el cáncer empobrece, hasta llegar a la exclusión social.