El tablero de los grandes festivales españoles se mueve. Y no es un movimiento menor. Viña Rock, uno de los encuentros musicales más emblemáticos del país, ha anunciado oficialmente que inicia “una nueva etapa” tras el cambio de propiedad de su empresa gestora y su desvinculación total de cualquier fondo de inversión o estructura empresarial asociada. Entre ellas, el gigante estadounidense KKR, cuya salida marca un antes y un después en la historia reciente del festival.
La operación, firmada el pasado 13 de febrero, supone el traspaso de la empresa gestora a una nueva sociedad, Orange Alive Art S.L., constituida el 2 de febrero ante notario en Valencia y dirigida en exclusiva por Juan Carlos Gutiérrez. Según el comunicado, se trata de una entidad “totalmente independiente”, sin vínculos accionariales ni de gestión con estructuras empresariales anteriores. La formalización registral sigue su curso, pero la decisión estratégica ya está tomada: Viña Rock quiere volver a ser Viña Rock.
De icono alternativo a pieza del negocio global
Nacido en 1996 en Villarrobledo (Albacete), el festival se convirtió en un referente del rock estatal, el mestizaje, el punk, el rap y otras músicas de raíz alternativa. Su identidad siempre estuvo ligada a la libertad de expresión, al compromiso social y a una comunidad fiel que cada primavera convierte la localidad manchega en una capital cultural efímera.
Sin embargo, como tantos otros grandes eventos musicales, Viña Rock acabó integrándose en la lógica de concentración empresarial que ha marcado la industria del directo en la última década. Fondos de inversión internacionales como KKR o corporaciones como Live Nation han ido adquiriendo participaciones en promotoras y festivales de todo el mundo, configurando un mapa donde la independencia artística convive -no siempre cómodamente- con la rentabilidad financiera.
“Devolverlo a su origen”
El comunicado oficial no deja lugar a dudas sobre la narrativa de esta nueva etapa. El equipo que asume el proyecto se marca como objetivo “devolverlo a su origen, protegerlo y reforzar su independencia”. Se habla de fortalecer la identidad del festival, su vínculo con Villarrobledo y su compromiso cultural y social.
El mensaje conecta directamente con el sentir de una comunidad que, en los últimos meses, había reclamado preservar los valores fundacionales del evento. La organización recoge ese malestar y lo transforma en promesa: garantizar que Viña Rock siga siendo “un espacio de opinión, diversidad y convivencia para artistas, profesionales y público”.
Seguridad, continuidad y edición 2026
Uno de los puntos que subraya el comunicado es la protección del festival a largo plazo. La nueva dirección sitúa entre sus prioridades garantizar la continuidad del proyecto y velar por la seguridad de todas las personas y artistas que lo hacen posible.
La organización ha querido enviar un mensaje de tranquilidad: la edición de este año se celebrará con total normalidad. Además, en las próximas semanas se hará público el cartel definitivo de la edición 2026, que marcará simbólicamente el inicio de esta nueva etapa. Será, previsiblemente, una declaración de intenciones en forma de programación.
El anuncio llega también acompañado de una aclaración sobre los tiempos administrativos. Aunque la operación se firmó el 13 de febrero, los ceses y trámites registrales requieren su propio calendario hasta quedar reflejados en el Registro Mercantil. En ese marco, Juan Carlos Gutiérrez ha dejado de formar parte de The Music Republic, cesando como directivo y desvinculándose societariamente de dicha compañía. La organización asegura que su intención era comunicar la operación una vez completados todos los pasos formales, pero las informaciones publicadas durante el proceso obligaron a adelantar el anuncio.
El regreso a la “plena independencia” abre una etapa que será observada con atención por la industria y por el público. ¿Es posible sostener un macrofestival sin el respaldo de un gran fondo de inversión? ¿Puede mantenerse el equilibrio entre crecimiento, rentabilidad y coherencia cultural? ¿Logrará Viña Rock reforzar su carácter crítico sin renunciar a la profesionalización?
Las respuestas no llegarán en un comunicado, sino en los próximos carteles, en la gestión diaria y en la experiencia de quienes crucen las puertas del recinto. De momento, el mensaje es claro: Viña Rock quiere volver a mirarse en el espejo de sus orígenes y reconocerse.