Nueva York despidió este lunes a Willie Colón, uno de los músicos más influyentes en la historia de la salsa, con un funeral celebrado en la Catedral de San Patricio que reunió a familiares, amigos, músicos y seguidores del artista. El trombonista y productor neoyorquino, fallecido el pasado 21 de febrero a los 75 años, recibió así el último adiós en la ciudad donde comenzó una carrera que acabaría marcando el desarrollo de la música latina durante más de medio siglo.

La ceremonia religiosa se celebró en uno de los templos más emblemáticos de Manhattan y congregó a numerosas personas vinculadas al mundo de la música y a la comunidad latina de la ciudad. El acto formó parte de los homenajes organizados tras varios días de velatorio y despedidas públicas. Tras la misa, el entierro se realizó en un acto privado reservado para la familia.

Aunque el funeral tuvo lugar en el interior de la catedral, el homenaje también se trasladó al exterior. Decenas de seguidores se concentraron en las inmediaciones del templo para despedir al músico. Algunos de ellos llevaron banderas puertorriqueñas, recordando las raíces familiares del artista y su estrecha relación con la comunidad latina de Nueva York.

Durante la despedida, varios músicos interpretaron piezas con trombones, el instrumento que definió gran parte del sonido que Willie Colón desarrolló a lo largo de su carrera. La música acompañó el momento en que el féretro abandonó la catedral, mientras los asistentes aplaudían y algunos seguidores cantaban fragmentos de sus canciones más conocidas.

La presencia de música en el homenaje reflejó la importancia que Colón tuvo en la evolución de la salsa y en la escena musical latina de Nueva York. Para muchos de los asistentes, su obra formó parte de la banda sonora de varias generaciones de migrantes latinoamericanos en Estados Unidos.

Willie Colón nació en 1950 en el barrio del Bronx, en el seno de una familia de origen puertorriqueño. Desde muy joven se interesó por la música y comenzó a tocar distintos instrumentos antes de especializarse en el trombón. Su carrera despegó siendo todavía adolescente, cuando con apenas 16 años grabó su primer disco.

A finales de los años sesenta y durante la década de los setenta se convirtió en una de las figuras centrales de la salsa que se desarrollaba en Nueva York. En aquella época, la ciudad se consolidó como el principal centro de producción del género, impulsado por músicos caribeños y latinoamericanos que habían emigrado a Estados Unidos.

A lo largo de su carrera colaboró con algunos de los nombres más destacados de la salsa. Su asociación con el cantante Héctor Lavoe se convirtió en una de las más influyentes del género. Juntos grabaron discos que hoy forman parte de la historia de la música latina y que contribuyeron a consolidar la popularidad de la salsa en Estados Unidos y en América Latina.

La muerte del músico generó numerosas reacciones dentro del mundo cultural y musical. Artistas, instituciones y seguidores destacaron su aportación al desarrollo de la salsa y su influencia en varias generaciones de intérpretes.

La despedida celebrada en Nueva York reflejó esa dimensión histórica. La ciudad que vio nacer su carrera fue también el escenario del último homenaje público a uno de los músicos que contribuyó a definir el sonido de la salsa moderna.

Con su fallecimiento desaparece una de las figuras más representativas de la música latina producida en Nueva York durante la segunda mitad del siglo XX, así como uno de los artistas que ayudaron a llevar la salsa desde los barrios del Bronx hasta los escenarios internacionales.

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