¿Puede la obra volver a ocupar el centro del interés literario más allá del nombre del autor? ¿Volverá la literatura a ser más importante que la persona que escribe? Respondiendo afirmativamente surge, desde Bueu, comarca de O Morrazo (Pontevedra), Viktor Kane, un escritor que ha decidido crear una identidad secreta a partir de una producción independiente y rompedora de paradigmas editoriales.

'Sin testigos' es la primera novela de este escritor anónimo y “sin rostro”, Interesado en poner el foco en la obra. A través de un thriller cuenta la historia de un psicólogo cuyo pasado amenaza con derribarle la estabilidad que creía tener. Una paciente y una periodista quiebran la comodidad de su presente, haciendo preguntas y abriendo grietas que poco a poco obligan al profesional de la psicología a “enfrentarse a aquello que lleva años intentando mantener bajo control”.

Edgar Borges: - Viktor Kane es el seudónimo de un escritor nacido en Bueu, en la comarca de O Morrazo (Pontevedra). ¿Qué pasaría si un lector intenta localizarte?
Viktor Kane: - Probablemente no encontraría una respuesta definitiva. Y creo que eso también forma parte de la experiencia. Vivimos en una época en la que parece que necesitamos conocerlo todo sobre quien escribe: su rostro, su vida, qué desayuna o qué piensa de cualquier tema. Yo he querido recorrer el camino contrario. Prefiero que el lector conozca primero a mis personajes antes que a mí.

Si alguien intenta localizar a Viktor Kane, encontrará un proyecto muy trabajado, una novela, una identidad y muchas preguntas, pero difícilmente encontrará a la persona que hay detrás. No porque haya algo que ocultar, sino porque considero que mi identidad no aporta nada a la historia que quiero contar.

El anonimato no busca frustrar al lector, sino invitarlo a mirar hacia donde realmente importa: el libro. Si después de buscarme alguien termina sintiendo curiosidad, cierto misterio y, sobre todo, percibe el esfuerzo que hay detrás de este personaje y de cada detalle del proyecto, entonces habrá encontrado exactamente lo que esperaba que encontrara. Como suelo decir: 'Probablemente debería mantenerme en silencio'.

Sin testigos, de Viktor Kane

E.B: - En una época en donde el escritor se ha convertido en una figura estelar, a veces, más importante que la obra, Viktor Kane permanece entre las sombras, sin mostrar la verdadera identidad ni el rostro y colocando tu novela en primer lugar. ¿Por qué?
V.K: - En la actualidad, la figura del autor goza de una relevancia considerable. Algunos escritores han logrado integrar su personalidad en la esencia de sus obras, estableciendo comunidades de lectores excepcionales. Esta perspectiva representa una interpretación legítima y válida del ámbito literario.

Yo, sin embargo, sentía la necesidad de hacer justo lo contrario. Quería comprobar qué ocurría si un escritor nacía completamente desde cero. Sin un nombre conocido, sin una imagen pública y sin una trayectoria previa que condicionara al lector. Solo una historia y la capacidad de convencer a alguien de que merecía la pena leerla.

Empezar de cero tiene algo muy interesante. Te obliga a descubrir hasta dónde llegan realmente tus capacidades. Observas cada decisión, cada error y cada pequeño avance con una intensidad distinta, porque no hay nada que te sostenga aparte de tu trabajo. Es casi como volver a nacer profesionalmente, pero con la experiencia que ya has acumulado en la vida.

Por eso Viktor Kane no es solo un seudónimo. Es un personaje y un proyecto construido desde el principio para que la novela ocupe el primer plano. Si algún día el nombre de Viktor Kane consigue transmitir una forma de entender el thriller psicológico, habré conseguido mucho más que si simplemente conocieran mi rostro.

No pretendo que el lector recuerde quién soy. Prefiero que recuerde cómo se sintió al cerrar Sin testigos. Si después de eso también recuerda el nombre del escritor, entonces sabré que la historia ha hecho su trabajo.

E.B: - ¿Qué ha ocurrido en el mundo literario para que el autor eclipse la obra?
V.K: - Mi opinión, es que hoy convivimos con un mercado editorial muy competitivo, en el que la figura del autor ha adquirido un protagonismo enorme. Es algo lógico. Las redes sociales nos han acercado a quienes escriben y muchos lectores disfrutan conociendo a la persona que hay detrás de una novela. No creo que eso sea un problema en sí mismo.

Lo que sí creo es que esa realidad ha hecho todavía más difícil empezar desde cero. Cuando nadie te conoce, las barreras de entrada son enormes. Nadie apuesta por ti, nadie sabe si tu historia merece una oportunidad y tienes que convencer al lector desde el primer segundo.

Como autor independiente lo he vivido de cerca. Descubres que escribir un libro es solo una parte del trabajo. Después tienes que aprender a comunicar, promocionar, diseñar una estrategia y encontrar la forma de que alguien decida dedicarte unas horas de su vida.

Por eso siento un enorme respeto por quienes empiezan sin contactos, sin una gran editorial detrás y sin una comunidad previa. Creo que el talento necesita visibilidad, porque si nadie llega a descubrir una buena historia, esa historia nunca tendrá la oportunidad de defenderse por sí sola.

Ojalá dentro de unos años existan más oportunidades para los autores desconocidos. Estoy convencido de que hay muchísimas novelas extraordinarias esperando a ser descubiertas, solo necesitan que alguien les abra la puerta.

E.B: - David, el personaje de Sin testigos, es un psicólogo obsesionado con el orden. Sin embargo, de pronto, el pasado se le presenta en forma de caos
V.K: - David vive convencido de que el orden puede mantener el pasado bajo control. Ha construido una vida meticulosa, casi perfecta, porque necesita creer que todo tiene una explicación y que cada pieza ocupa el lugar que le corresponde. El desafío que presentan los traumas reside en su naturaleza desordenada, lo que les permite resurgir de manera persistente.

Quería explorar precisamente esa contradicción. La de una persona que dedica su vida a comprender la mente de los demás mientras es incapaz de enfrentarse a la suya. Técnicamente puede ser un gran psicólogo, pero emocionalmente sigue siendo alguien profundamente herido.

Elegí que fuera psicólogo porque me permitía jugar con esa ironía. A veces lo que más deseamos ser termina convirtiéndose en el lugar donde más vulnerables somos. En ocasiones utilizamos una profesión como la versión idealizada de nosotros mismos, como si pudiera reparar aquello que llevamos roto por dentro. David cree que entender la mente humana le permitirá entenderse a sí mismo, pero descubre que hay heridas para las que ningún conocimiento basta. Al principio quería que el lector sintiera empatía por él. Después, poco a poco, empezara a cuestionarlo. Me interesaba que esa confianza inicial se fuera resquebrajando al mismo ritmo que el aparente orden de su vida, porque en Sin testigos el verdadero caos no llega de repente: siempre estuvo ahí, esperando el momento de salir.

E.B: - Una paciente y una vecina periodista dicen y preguntan cosas que alteran el equilibrio de David. ¿El pasado se asoma en nuevos rostros?
V. K: - Creo que el pasado nunca desaparece del todo. Lo que cambia es la forma en la que convivimos con él. Hay personas que consiguen integrarlo en su vida y otras que levantan una versión de los hechos con la que pueden seguir adelante.

En Sin testigos, la paciente y la periodista representan precisamente eso. No son solo dos personajes que alteran la rutina de David. Son dos maneras distintas de obligarlo a enfrentarse a aquello que lleva años intentando mantener bajo control. Poco a poco empiezan a hacer preguntas que nadie debería formular y a señalar grietas que él creía perfectamente selladas.

Más que el pasado en sí me interesaba explorar cómo reaccionamos cuando la realidad amenaza la historia que nos hemos contado para sobrevivir. A veces el mayor peligro no es recordar, sino descubrir que la versión con la que has vivido durante años empieza a desmoronarse. Al final, creo que el verdadero conflicto de Sin testigos nace de la unión de ambas cosas. Del pasado y de la versión que construimos de él para poder seguir viviendo. Cuando esas dos realidades dejan de coincidir, es cuando comienza el auténtico thriller.

E.B: - ¿El psicólogo se convierte en un paciente necesitado de ayuda?
V.K:
- Creo que esa es una de las grandes contradicciones de David y, en realidad, de muchas personas. Tendemos a pensar que un psicólogo, por conocer el funcionamiento de la mente humana, debería estar protegido frente a sus propios conflictos. Pero la profesión no te hace inmune al dolor, a la culpa o al trauma. De hecho, me interesaba explorar justamente esa paradoja. David dedica su vida a escuchar, comprender y ayudar a los demás, mientras arrastra una herida que nunca ha aprendido a mirar de frente. Entiende muchas cosas sobre la mente humana, pero eso no significa que sepa qué hacer con la suya. Además, quienes trabajan ayudando a otras personas también cargan, de una forma u otra, con parte del peso emocional de quienes tienen delante. Eso convierte su profesión en algo tan enriquecedor como exigente.

Creo que todos, absolutamente todos, necesitamos ayuda en algún momento de nuestra vida. Lo verdaderamente difícil no es encontrarla, sino reconocer que la necesitamos. David todavía no ha dado ese paso. Si un psicólogo completamente ajeno a la historia lo tuviera delante, probablemente vería antes que nada a una persona profundamente rota por dentro. Y, a veces, esa es la parte más difícil de esconder, incluso para alguien que ha dedicado su vida a comprender a los demás.

E.B: - ¿Tuviste necesidad de escribir esta historia? ¿Cómo fue el proceso?
V.K: - Sí. Más que una necesidad de contar esta historia, sentía la necesidad de demostrarme que era capaz de terminarla. Durante mucho tiempo tuve la sensación de empezar proyectos que nunca llegaban a completarse. Sin testigos nació también como una forma de romper con esa idea y demostrarme, y demostrar a mi familia, que podía construir algo de lo que sentirnos orgullosos.

El proceso fue mucho más duro de lo que imaginaba. Hubo momentos en los que pensé en abandonarla. No porque dejara de creer en la historia, sino porque escribir una novela implica convivir durante mucho tiempo con la incertidumbre, las dudas y la sensación constante de que todavía no es suficiente.

Escribía cuando sentía que debía hacerlo. Nunca quise obligarme a llenar páginas por llenar. Prefería detenerme, pensar y volver cuando sentía que la historia avanzaba en la dirección correcta. Después llegó otra parte igual de importante: corregir, reescribir y aprender. Perdí la cuenta de las veces que cambié escenas o replanteé decisiones.

Lo que más ha cambiado desde entonces no es solo mi forma de escribir, sino mi forma de entender lo que significa ser escritor. Antes pensaba que el objetivo era publicar un libro. Hoy sé que publicar es solo el principio.

Cuando terminé Sin testigos sentí que cerraba una etapa de mi vida. Había conseguido algo que llevaba mucho tiempo persiguiendo. Al principio solo soñaba con entrar en una librería y ver un libro con mi nombre en una estantería. Hoy ese sueño ha crecido. Ya no pienso únicamente en una novela. Pienso en construir un proyecto literario que perdure en el tiempo.

Si pudiera hablar con aquel Viktor Kane que todavía no había escrito la primera página, solo le diría una cosa: “Ten cuidado. Lo vas a pasar muy mal. Va a ser mucho más duro de lo que imaginas”. Pero también le diría que merece la pena, porque algunas historias no solo transforman a quienes las leen. También cambian para siempre a quien se atreve a escribirlas.

E.B: - ¿Tienes libros imprescindibles?
V.K: - Más que hablar de libros imprescindibles, hablaría de libros que llegan en el momento adecuado. Creo que cada lector tiene los suyos y cambian con el tiempo. En mi caso, Freida McFadden fue una autora muy importante porque despertó de nuevo mis ganas de escribir. Sus novelas me hicieron recordar por qué me gustaba tanto el thriller psicológico y me empujaron a retomar un proyecto que llevaba demasiado tiempo esperando. Sin esa inspiración, probablemente Sin testigos nunca habría existido. Ahora, además, leo de una forma muy distinta. Sigo disfrutando como lector, pero también observo cómo está construida una escena, cómo administra la información el autor, cómo mantiene el ritmo o por qué un giro funciona. Es inevitable que la mirada cambie cuando empiezas a escribir.

En una novela valoro especialmente el ritmo y la capacidad de sorprender sin engañar al lector. Me gusta llegar al final y pensar que todas las piezas estaban delante de mí, aunque no fuera capaz de verlas hasta ese momento. Si tuviera que recomendar un libro para alguien que quiere iniciarse en el thriller psicológico, probablemente diría El novio o La profesora, de Freida McFadden. Y espero que algún día algún lector recomiende Sin testigos por el mismo motivo por el que yo recomiendo esas novelas: porque consiguió que no pudiera dejar de pasar páginas.

E.B: - ¿No serás tú un famoso que nos está gastando una broma?
V.K:
- Es una teoría que me hace sonreír. He leído desde que soy un escritor famoso hasta que detrás de Viktor Kane hay varias personas. La verdad es que me parece bonito que los lectores jueguen a imaginarlo. Significa que el personaje está vivo.

Si algún día fuera una persona muy conocida y decidiera escribir bajo otro nombre, probablemente lo haría precisamente por lo mismo que estoy haciendo ahora: para comprobar si una historia puede sostenerse por sí sola y para construir una experiencia diferente alrededor de la lectura.

Viktor Kane nunca ha tratado únicamente de ocultar una identidad. Siempre ha buscado crear un universo. Me interesa el misterio, el juego con el lector, el componente narrativo que existe incluso fuera de las páginas de la novela. Todo forma parte de la experiencia.

El anonimato también tiene una fuerza comercial y creativa muy interesante. Permite que la conversación gire alrededor de la historia, alimenta el imaginario del personaje y convierte cada aparición en una pequeña pieza del puzle. Creo que eso encaja muy bien con el thriller psicológico, porque el misterio no termina cuando cierras el libro.

¿Soy un famoso gastando una broma? No puedo responder a eso. Solo puedo decir que, por ahora, Viktor Kane sigue teniendo un buen motivo para permanecer entre las sombras. Probablemente debería mantenerme en silencio.

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