Este 23 de febrero se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 23 de febrero de 1837 – Padrón, 15 de julio de 1885), una de las voces clave de la literatura española del XIX y figura emblemática del Rexurdimento gallego.

En esa fecha, cada año, reaparece una frase que se comparte como si fuera un fogonazo: “Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar”. Más allá de la viralidad, el interés está en lo que condensa: una autora que escribió desde la intimidad y desde la experiencia colectiva, y que convirtió la lengua, la memoria y el desgarro cotidiano en literatura.

Una autora que escribió en dos lenguas y cambió el lugar del gallego

Rosalía de Castro fue poeta y novelista, y escribió tanto en gallego como en castellano. En el siglo XIX, el gallego estaba relegado en gran medida al ámbito oral, y su entrada con fuerza en la literatura contemporánea se asocia a una etapa de renacer cultural en Galicia.

En ese contexto, la publicación de Cantares gallegos (1863) se considera una obra decisiva: no solo por su valor literario, sino por el impacto simbólico de poner lengua y tradiciones gallegas en el centro del mapa cultural.

Tres libros para entender su impacto

Dentro de su obra poética, hay tres títulos que suelen citarse como esenciales por el modo en que trazan su evolución y su tono: Cantares gallegos.

Un libro asociado a lo popular y a la dignificación de una comunidad a través de su lengua y su imaginario. Follas novas.

Un poemario de gran profundidad, con un uso intenso del símbolo y una tensión constante entre lo íntimo y lo social. En las orillas del Sar.

Escrito en castellano, con un tono trágico que conecta con los últimos años de su vida y refuerza el lirismo subjetivo que atraviesa su etapa final.

Por qué esa frase se queda: el “soñar” como brújula cultural

En aniversarios como este, las citas funcionan como puerta de entrada: concentran una vida y una obra en una sola línea y permiten que lectores nuevos vuelvan a ella sin necesidad de contexto previo. En el caso de Rosalía, esa idea del “soñar” se lee hoy como un resumen emocional —y compartible— de una autora marcada por una biografía compleja, una salud frágil y una escritura que nunca fue decorativa: siempre tuvo pulso, mundo y una mirada propia.

Rosalía de Castro no es solo un nombre de manual. Su figura se estudia dentro y fuera de España, sus textos se han traducido a distintos idiomas y su presencia cultural se mantiene viva: en instituciones, en ediciones, en homenajes… y, cada año, en una frase que vuelve a circular y reabre la conversación.