Las raíces, ya sean sentimentales, a nuestra tierra o a las tradiciones definen buena parte de lo que somos, de cómo nos comportamos y el rumbo que dirige nuestras vidas. Sobre esta idea nace la novela debut de Luísa Sobral, No todos los árboles mueren de pie, una oda profunda hacia los vínculos familiares, a la memoria, al arraigo a lo más cotidiano, que se postula como una introspección a mirar nuestra herencia y legado.
La cantante, compositora y ahora escritora portuguesa es mundialmente conocida por Amar pelos dois, la canción con la que su hermano, Salvador Sobral, se hizo con el micrófono de cristal de Eurovisión en 2017, convirtiéndose en un himno histórico del festival musical europeo. Su primera novela se publicó en su país natal recientemente y, al haber cosechado multitud de buenas críticas, ha dado ahora el salto a España de la mano de Lunwerg (Planeta de Libros).
Sobral desgrana en esta entrevista las claves de su novela, ahondando en temáticas como el escenario europeo actual, la memoria colectiva o los vínculos familiares.
La novela plantea que la historia no es sólo un telón de fondo, sino un contexto que nos atraviesa personalmente, especialmente los episodios más duros. ¿De qué manera persisten en lo cotidiano y cómo se convive con ello?
Creo que es como en la vida. Vivimos episodios duros y son parte de nosotros. Por ejemplo, el caso del personaje principal, M., el episodio de descubrir que su pasado no era realmente el que pensaba. Forma parte de su personalidad, la hace ser a lo mejor más fría y quizás más distante. Sus vivencias dejan una huella en su vida. Y claro, eso es la vida, un conjunto de momentos: unos malos, otros buenos, que nos hacen daño, nos hacen bien, pero nosotros somos el resultado de todas esas cosas.
En el momento presente, en el que reviven discursos reaccionarios en todo el mundo, y en lo que concierne a Europa. ¿Qué papel juega la literatura en aras de hacerles frente y mantener la persistencia de la memoria colectiva? ¿Considera que hay una lectura política de su novela?
Todos estos libros que hablan de lo que ha pasado antes, de la falta de libertad, son importantes. Hay mucha gente que ha vivido tiempos de menos libertad, y hay gente que no tiene miedo de esta falta de libertad y entonces se juntan en estos grupos de extrema derecha. Es importante volver a vivir estos momentos en literatura para que no nos olvidemos de ellos.
El Muro de Berlín cayó dos años antes de que naciera. No recuerdo vivir sin libertad, como en Portugal antes del 74. Y para gente como yo, es importante leer, es importante saber cómo la gente se sentía y entender que hay que tener miedo de volver a esto. A la gente ahora no le importa la libertad, no entiende que la tiene. Y como no entiende que la tiene, no tiene miedo de perderla.
Todos estos libros que hablan de periodos históricos donde no tuvimos libertad son importantes para los jóvenes. Y también porque hablamos de una persona que sale de su país y busca la felicidad en otro lugar, y esto pasa mucho ahora con la inmigración, pero pone una cara a esta persona, un contexto, le pone una vida. Lo peligroso es poner a todos los inmigrantes en una caja y hablar de ellos como inmigrantes, y olvidarse que tienen historias, tienen hijos, tienen madres, y nos falta esta empatía. Los libros nos traen historias y maneras de empatizar con las otras personas. Por eso es tan importante la literatura, porque nos permite vivir historias que no son la nuestra.
Alemania, Portugal e Italia, también la casa familiar, funcionan como personajes por sí mismos. ¿Cómo ha sido el proceso de vincular lugares físicos con emociones?
De estos lugares en el libro están las emociones que ya están vinculadas a mí. Tengo una relación muy próxima con Italia, he ido muchas veces a cantar, hablo italiano, me encanta la gastronomía. Entonces, toda esta parte de Italia es algo que para mí ha sido muy fácil de escribir y, si suena un poco como casa, es porque así lo siento.
La Alemania de hoy no es como la Alemania del libro, la de un periodo histórico muy gris. He ido algunas veces a Alemania, pero después de leer todo lo leído para escribir este libro, es natural que asocie a Alemania a algo así más gris. Portugal, es mi país y Vila real, es un lugar que he visitado muchas veces, tanto para la música como para la preparación del libro.
Lo peligroso es poner a todos los inmigrantes en una caja y hablar de ellos como inmigrantes (...) Nos falta empatía
En lo que concierne al desarraigo, ¿dónde se desdibuja la línea entre este sentimiento desde lo emocional a lo geográfico? En cuanto este último se relaciona con la inmigración.
El país en el que crecemos es muy especial, con su parte de recuerdos buenos como de recuerdos malos. Tampoco lo tenemos muy en cuenta con la inmigración. Pensamos que tienen mucha voluntad de vivir en nuestros países y la realidad es que la mayor parte de estas personas tienen voluntad de vivir en los suyos pero no pueden por muchas razones, económicas o políticas. Casi siempre queremos volver a donde crecimos, pero falta empatía y entender que esta gente salió de su país para buscar algo mejor para sus hijos, y no porque no les gustaba donde vivían.
Habla también del silencio como un hilo conductor de la novela. ¿Por qué aún son tabú algunas cuestiones dentro de la estructura familiar?
Conozco muchas familias que no hablan, que no se conocen, y esto es muy raro porque en mi familia siempre hablamos de todo. A veces nos enojamos mucho, pero al día siguiente está todo bien, nos decimos todo lo que queremos decir. En el libro hay toda una historia de una madre que la hija no conoce y por eso tiene una imagen distorsionada de su familia.
Aborda la maternidad desde lugares poco complacientes: la culpa o la frustración. ¿Sentía que faltaban estos puntos de vista en la ficción contemporánea? ¿Tienen tintes de experiencias personales?
Yo no escribí nada porque sentía que hiciera falta en la literatura contemporánea. ¿Quién soy yo para decir que falta algo? Soy muy lectora y siento que casi todo ya está dicho y que no tengo nada a añadir. Pero escribo porque quiero escribir, no porque haga falta.
Para mí la familia es algo muy importante, mis padres y mi hermano, y ahora mis hijos. La familia es un poco el centro de mi mundo artístico. Fui madre por primera vez hace nueve años y ha cambiado mucho mi vida. Antes de tener hijos miramos mucho hacia dentro, somos nuestra primera prioridad, por instinto de supervivencia, y cuando tienes hijos ya no es así. Cambia tu mundo, te olvidas un poco de mirar hacia adentro, es peligroso porque tienes que seguir mirando, tienes que seguir cuidándote. Esta novela habla mucho de las maternidades, de la que no ha sido vivida como quería, una madre que es madre, pero no es madre biológica, de una mujer que quiere ser madre pero su cuerpo no la deja.
No todas las madres son como árboles que mueren de pie
¿Qué significa para usted “no caer de pie”? Como bien reza el título de la novela, plantea la resistencia de los árboles como una metáfora a través de las raíces humanas.
El título tiene más que ver con las madres, hay una parte que dice que las madres son árboles que mueren de pie, ven sus hijos, los frutos que se van y que mueren de pie. Hay madres que no son este tipo de madre, por sus circunstancias, no todas las madres son como estos árboles que mueren de pie, algo que está siempre ahí para sus hijos. Quería un título que tuviera algo de naturaleza. Además, hay una frase muy famosa en una obra de teatro portuguesa que dice: “Los árboles mueren de pie”. Esta novela empezó como una obra, me parecía interesante esta mezcla de la frase de una obra para un libro.
Su trayectoria viene consolidada como compositora y su vínculo a su hermano, Salvador Sobral y Amar pelos dois, una canción que marcó historia en Eurovisión. ¿Qué nuevos caminos le ha abierto la literatura que no le haya brindado la música?
Ha sido muy interesante escribir algo con más tiempo, con personajes que tienen más tiempo para existir, porque en la música tienes tres minutos. En la música hacemos un disco o un concierto, pero no nos sentamos a hablar con personas del disco. He viajado mucho por Portugal para hablar de este libro, y esto no lo hacía con la música. La gente la escucha y a veces me envía mensajes, pero no es algo que estemos compartiendo con mucha gente y hablando con calma de ello.
Y ahora una traducción, que también es una experiencia distinta. He tocado mucho en España, pero ahora aquí estoy viendo mis palabras traducidas en otro idioma. La traducción está fenomenal y es súper bonito ver cómo queda mi historia en otro idioma. Todo esto es nuevo para mí y esta siendo un viaje muy bonito.