Algo más de dos meses han transcurrido desde aquel 28 de febrero en el que Estados Unidos e Israel desplegaron sobre Irán la operación Furia Épica que se saldó – en primer término – con la muerte de Ali Jamenei. Lo que se esperaba en la Casa Blanca como una ofensiva rápida para tomar el control de Irán, 60 días después es una comida copiosa que se le indigesta a Donald Trump. El bloqueo en el estrecho de Ormuz – escenario principal de las tensiones entre Washington y Teherán – condena al magnate republicano a unos índices de popularidad en caída libre. Ahora, la Administración demanda ayuda a unos aliados constante atacados e insultados por su máximo responsable, mientras redobla las amenazas sobre España y otros países europeos como Italia.
Este mismo jueves, el presidente de Estados Unidos echaba más leña a la hoguera de las vanidades contra sus aliados. Principalmente, con el foco puesto sobre España e Italia. Trump, interrogado por los periodistas, barajaba la posibilidad de una posible retirada de sus tropas destinadas en territorio español y transalpino. El motivo – cómo no – radica en la negativa de sendos países a arrimar el hombro en la ofensiva lanzada contra Irán. “Sí, probablemente. ¿Por qué no debería hacerlo?”, lanzaba al aire el republicano.
El magnate aprovechó la coyuntura para cargar de nuevo contra sus otrora aliados europeos, recordando la ayuda que Washington brindó a los Veintisiete con la invasión rusa sobre Ucrania. “Ellos (Ucrania) no tienen nada que ver con nosotros: estamos al otro lado del océano”, subrayaba un Trump que insistía en que Italia no ha ayudado “en nada” a Estados Unidos. Por su parte, el presidente era más contundente en lo que se refiere a España: “Ha sido horrible, absolutamente horrible…”.
Más allá de lamentar que ninguno de los dos países han respondido a la llamada cuando los Estados Unidos “más lo necesitaban” y de poner el acento sobre este hecho – “Tenemos que recordar eso”, apostillaba -, el magnate republicano afeaba las crisis políticas en algunos de los principales estados miembros de la Unión Europea. Alemania, también fue el foco de sus críticas. Concretamente por su agenda migratoria, acusando a Friedrich Merz de hacer “un trabajo terrible” en este ámbito, pero también en el energético. Ataque que precedió a una nueva reflexión del republicano sobre la posibilidad, ya no de retirada como en el caso de España e Italia, de reducir el número de efectivos militares en el país teutón como represalia a las palabras de su canciller reprochando la falta de estrategia de la Casa Blanca en la ofensiva contra Irán.
Del insulto, a la ayuda
Pero el presidente siempre se permite el lujo de dar una de cal y otra de arena; de acompasar el insulto con una exigencia. Y así ocurrió también este jueves. Los dos meses de bloqueo han motivado a la Casa Blanca para reclamar, de nuevo, una coalición internacional destinada a reabrir el estrecho de Ormuz. Así se desprende de un cable del Departamento de Estado al que tuvo acceso la agencia de noticias Reuters. En el plan, se invita a las potencias aliadas a aunar fuerzas a la coalición Maritime Freedom Construct (MFC) para permitir a los buques que naveguen por el paso.
La reclamación se encuadra en un momento de tirantez permanente entre Trump y Occidente, sazonado con amenazas de sacar a Estados Unidos de la OTAN o de otra índole, como las mencionadas a España, Italia y Alemania. Lo cierto es que no sólo la personalidad del magnate arrincona a Estados Unidos en el tablero geopolítico, sino que el marco de la ofensiva yankee en Irán dejaba este jueves el precio del Brent por encima de los 126 dólares, mientras que el galón de gasolina en EE.UU. promedia en torno a los 4,5. Dicho de otro modo, cotas máximas que no se alcanzaban desde el año 2022 y que han provocado que la inflación norteamericana se dispare hasta el 3,5% interanual – según datos de marzo -. Además, los análisis de la Reserva Federal aprietan la soga con previsiones de que la presión energética encarezca el precio de la vida en los próximos meses, pero no sólo en el país.
En este contexto, la Casa Blanca insiste en la ayuda de sus socios para integrarse en la coalición. “EL MFC constituye un primer paso fundamental en el establecimiento de una arquitectura de seguridad marítima postconflicto para Oriente Medio”, rezaba el cable que, según Reuters, debía transmitirse vía oral a los aliados antes del 1 de mayo. Naciones europeas como Francia o Reino Unido han mantenido conversaciones sobre una eventual participación, pero sólo estarían predispuestos a ello toda vez concluya la guerra en Irán.
Un horizonte que ahora mismo se encuentra en punto muerto. La fragilidad de las treguas en la región ha dificultado las relaciones entre los países implicados para sellar una paz duradera. Ni en Irán ni en el Líbano. El alto el fuego vive momentos de máxima tensión, con Pakistán trabajando a destajo para mediar entre Washington y Teherán, pero las posturas no pueden estar más alejadas en estos momentos. Trump lo fía todo a su bloqueo indefinido a Ormuz como elemento disuasorio contra Irán, esperando que doblegue al régimen iraní al cercenar su principal sustento económico. Por su parte, Irán espera que la prolongación del conflicto invite a Trump a buscar una salida más rápida a la guerra y, por tanto, ceder en las negociaciones.
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