Desde su asesinato en 1936, hubo que esperar hasta 2015 para ver un documento en el que se reconociera que la muerte de Federico García Lorca había sido un asesinato a manos de las fuerzas sublevadas (franquistas).

Todo el mundo lo sabía, pero no había un papel que dejara constancia, hasta que hace ahora algo más de diez años, este vio por fin la luz, cerrando así un poco una herida que parece condenada a no curarse nunca del todo.

ElPlural.com ha podido conocer de primera mano el origen de esa documentación a la que, además, este periódico ha tenido acceso; y cómo salta a la prensa once años atrás a la redacción de estas líneas.

El origen, en una historiadora francesa de los años 60

“Alguien me cita a un café y me entrega una fotocopia de una serie de documentos (…) Me dice que el original estaba, o está, en el Ministerio del Interior, y que tengo que esperar a que me avise para ir a buscar una copia sellada. Supongo que para proteger a quien sea”, explica en declaraciones a este periódico Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quien descarta que la persona que le entregó la información y a la que “buscaba proteger” fueran la misma.

Todo parte de una investigación de la historiadora francesa, Marcelle Auclair, de la década de los 60; en pleno franquismo. Se trataba de la primera investigación sobre el asesinato del poeta, y alcanza la embajada española en París. De la capital de Francia parte a nuestro país donde, sin razón aparente, o a menos suficientemente justificada, se paraliza.

Silva narra que “la petición va de la embajada de España en París a Madrid, llega a Granada, aquí una unidad de policía elabora un informe sobre el asesinato de Lorca y se reconoce por qué lo asesinaron… Una especie de atestado policial”. El ‘informe’ se detiene en la capital española, únicamente “con una especie de anotaciones”. “Nunca llega a Francia, a manos de la historiadora”, asevera.

La tan ansiada llamada no toca el teléfono del protagonista de estas líneas hasta 2015, es decir, seis años después de aquel café. “(…) Voy al Ministerio, dejo mi copia, la archivera recoge el documento, se va a su despacho a hablar lo que sea, se reúne con alguien…”, narra. “Mientras yo relleno la solicitud. No les queda más remedio que dármelo, porque si no yo iba a empezar una guerra porque me lo dieran”, recuerda triunfante. Y de ahí, a los medios de comunicación.

“Aberración” homosexual: del 'paseo' a los motivos de su fusilamiento

El documento, que se puede consultar íntegro en este artículo, expone las últimas horas de Lorca y cómo los militares lo sacaron de ‘paseo’, eufemismo utilizado durante la Guerra Española para el tiempo transcurrido desde que los militares entraban en las casas hasta que fusilaban a la persona.  

Bajo el título de Antecedentes del poeta Federico García Lorca, la nota expone con todo lujo de detalles como el escritor, de 38 años de edad estaba “conceptuado como socialista por la tendencia de sus manifestaciones y por lo vinculado que estaba a FERNANDO DE LOS RÍOS, como también por sus estrechas relaciones con otros jerifaltes de igual signo político.

Asimismo, lo sitúan como “MASON” -que fue otro punto para justificar su asesinato- “perteneciente a la logia ‘ALHAMBRA’, en la que adoptó el nombre simbólico de ‘HOMERO’, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma”.

A continuación, el documento relata su detención y posterior fusilamiento, siempre ensalzando al “Glorioso Movimiento Nacional”. “En los primeros días se practicaron en su referido domicilio dos registros, por cuyo motivo sintió miedo y se refugió en la vivienda de sus amigos los hermanos Rosales Camacho, antiguos falangistas que habitaban entonces las calles Angulo número 1-2º, de esta ciudad, en cuya morada permaneció escondido hasta el momento de su detención, que se efectuó en los primeros días de julio o primeros de agosto de 1936”.

El documento aporta el nombre de algunos de los verdugos, como Ramón Ruis Alonso (de la CEDA) o Juan Trescastro quienes, junto a otros, actúan con “una orden de detención dimanante del Gobierno Civil, para cuyo cumplimiento requirieron al señor Rosales Camacho, el objeto de que éste les franqueare su domicilio, al que se dirigieron en compañía de éste, quien advirtió al llegar al mismo que había sido rodeado con gran aparato por Milicias y Guardias de Asalto, que tomaron todas las bocacalles y tejados próximos”.

Una vez efectuada la detención, “se le condujo a los calabozos del Gobierno Civil y seguidamente se interesaron por él, pretendiendo su libertad, el entonces ____, los referidos hermanos Rosales Camacho, el Jefe de Milicias de Falange _____, y otros antiguos falangistas”. Todos ellos, añaden las líneas, “se entrevistaron con don Miguel Valdés Guzmán, comandante de Intervenciones Militares que a la sazón era el Gobernador Civil de la providencia y, aunque no consiguieron la libertad, obtuvieron la impresión de que ya no corría peligro la vida de FEDERICO GARCÍA LORCA”.

Obtuvieron la impresión de que ya no corría peligro su vida

Nada más lejos de la realidad. “A partir de ese momento, los datos que pudieron adquirirse son muy confusos y solo se ha podido precisar que dicho detenido fue sacado del Gobierno Civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de VIZNAR, y en las inmediaciones del lugar conocido como ‘Fuente Grande’, en unión de otros detenidos cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas, después de haber confesado, según se tiene entendido, siendo enterrado en aquel paraje muy a flor de tierra (…) en un lugar que se hace muy difícil de localizar”.

Fue pasado por las armas, siendo enterrado en aquel paraje muy a flor de tierra, en un lugar que se hace muy difícil de localizar

El texto concluye haciendo alusión a las prácticas “homosexualistas” del poeta, que tacha en última instancia de “aberración”, y se refiere al papel de los hermanos Camacho, quienes “fueron objeto de duras recriminaciones y hasta algunos de tales hermanos llegaron a correr un evidente peligro de sufrir una grave sanción de la autoridad gubernamental”, la cual “evitó la Falange granadina”.

El archivo, de incalculable valor histórico, puede percibirse como un reconocimiento hacia los que, como Emilio, trabajan cada día en la recuperación de la Memoria. Pero es mucho más. Este tipo de informaciones han de servir para mantener vivos a quienes dieron su vida por la libertad con el objetivo de que, no solo nuestra generación, sino también las que viene detrás, sepan lo que pasó. Para que jamás se olvide y siempre se recuerde. Es la única manera de no repetir el pasado.

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