Gloria Fernández Rozas lleva más de media vida escribiendo, reescribiendo, inspirando y acompañando en el camino de la creación literaria a miles de escritores. Acaba de publicar Casos de ovejas muertos por Perros en Ya lo dijo Casimiro Parker, un incisivo libro de relatos breves de esos que marcan un antes y un después en el lector, crucigramas que, como la vida, no podemos terminar de completar y nos deja pensando.
Casi todos escritos en primera persona, diez personajes distintos nos muestran sin pretensiones lo difícil que es sobrevivir. Padres que muerden a niños, a los que deberían cuidar, hermanos que recuerdan su infancia a su manera, lo que cuesta cicatrizar algunas heridas. El baile de la culpa y el perdón, o cómo incluso se puede ser compasivo con el que le traiciona. Todo desde lo cotidiano. Sin adjetivos pesados. Entre el pueblo y la ciudad. De forma leve. Serena.
Son relatos que quieres leer y releer para seguir buscando respuestas, porque en la búsqueda es donde habitan las verdades que no podemos nombrar. Cada palabra, metáfora o imagen está ahí por algo y produce un efecto en ti que no puedes descifrar, pero te acompaña para siempre. ¿Sabes ese momento en el que andas pensando en otra cosa y de pronto lo ves? Ocurre con cada relato.
Como pupila de Gloria, desde hace más de 20 años en uno de los talleres más longevos de los talleres Fuentetaja, la he visto trabajar como una orfebre hasta que, por fin, se atreve a poner el punto final.
Este libro tiene aroma a los grandes referentes: Carver, Cheever, Lucía Berlín, Bukowski. Gloria Fernández ha encontrado una voz auténtica y, a su vez, ha aplicado cada una de las enseñanzas que comparte en clase y en su libro Escribir y Reescribir, publicado en 2008. Lo hizo también con su primera novela, Los Nidos, que publicó con la misma editorial que este libro de cuentos, en 2004. Y seguro que tiene la mesa llena de manuscritos, ojalá podamos verlos…
P: ¿Cuál crees que es el tema central de este libro? ¿De qué va?
R: Bueno, como su título indica, son casos que nos hablan de las cicatrices que dejan algunas heridas que vienen de cerca, las que provocan esos que nos deberían cuidar, heridas que seguramente se hacen sin querer o, como decía el Chavo del 8, sin querer queriendo. Los cuentos hablan del dolor, de las pequeñas muertes cotidianas, hablan de los vivos, de los que sobreviven, de los que, a pesar de todo, no están vencidos. Hablan de la vida, al fin y al cabo.
P: ¿Qué recomendación le harías al lector antes de leerlo?
R: Que se lo tome con calma, que trate de encontrar en el techo de estas historias esa rendija por la que entra el rayito de sol, que a veces no es tan evidente.
P: ¿Por qué casi todos los relatos están escritos en primera persona?
R: La voz narrativa se elige, como el punto de vista y tantos otros elementos, a la hora de construir una historia. La primera persona ofrece una cercanía atractiva para hablar de algunas cosas. Aunque a mí no me resulta una voz especialmente cómoda a la hora de escribir, entiendo que para el lector es interesante ceñirse a esa parcelita de realidad que observa la mirada del protagonista y pone en palabras con su propia voz.
P: ¿A qué personaje de estas historias tienes más cariño y a quién le has cogido manía?
R: No tengo manía a ninguno. El proceso de escritura ayuda mucho a comprender a los personajes, no te hace justificar sus actos, claro, pero sí a comprender que todos somos frágiles y débiles y torpes y hasta mala gente, a veces, incluso sin querer. Y no quiero quitarle magia al hecho de escribir, porque siempre tiene algo de prodigio, pero el papel del escritor es como el del malabarista que hace bailar los platillos chinos y que se deja la piel para que no dejen de moverse. Yo creo que es una relación parecida al enamoramiento. Hay una cierta química entre el escritor y su personaje. Lo que no sé es si al personaje le pasa lo mismo con el escritor.
P: Te he visto escribir y reescribir tanto… ¿Cuánto tiempo dirías que llevas escribiendo y reescribiendo estos relatos?
R: Pues puede que unos veinte años. Son cuentos que han ido destilándose poco a poco. Yo nunca tengo prisa con lo que escribo. Los cuentos, las novelas, se toman su tiempo para ser. No creo que sea demasiado exigente. Pero me gusta sentir que es lo mejor que puedo hacer, si noto que puedo mejorar el texto, lo sigo trabajando. El punto final con frecuencia lo marca el agotamiento. Y en algunas ocasiones comprendes que hay que ir despidiéndose ya de esos personajes.
P: Si este manuscrito hubiera llegado de un alumno a uno de tus talleres, ¿qué le habrías dicho? ¿Qué observaciones críticas le habrías hecho?
R: ¡Por supuesto que le habría felicitado! Le habría felicitado por llegar hasta aquí, por la obsesión, por el tesón, por lo que tiene de esperanza la escritura. Pero seguro que también le habría hecho dudar de algunas de las decisiones que como escritor hubiera tomado.
P: ¿Cuál sería el cuento que erigirías para mostrar algo de técnica a tus alumnos y para mostrarles qué?
R: Bueno, cualquier cuento me serviría para contar su proceso de construcción y los recursos que usé para escribirlo. Pero también me serviría para hablar de lo que uno no controla, de lo que se escapa a la técnica, de lo que sale sin darnos cuenta, de lo prodigioso que nos conecta con eso desconocido en lo que indagamos buscando siempre algo.
P: ¿Cuáles son las principales influencias y referentes que crees que han aportado a este libro?
R: Todo lo que lees está ahí, es inevitable que aparezca, así que supongo que se nota una cierta influencia de autoras y autores norteamericanos que me interesan, que admiro y de los que no dejo de aprender. Ojalá se notara la influencia de Faulkner o de O’Connor, o de Hempel.
P: Después de ayudar a tantos escritores a encontrar su voz, ¿cómo se protege la propia para que no se diluya entre las voces de los demás?
R: No sé si hay que protegerla. Siempre estamos bajo la influencia de las otras voces. De hecho, nuestra voz, esa voz propia, es el poso que han dejado todas nuestras lecturas. No me protejo, la verdad, la voz, como todo en nosotros, ha de evolucionar, es un ser vivo que se manifiesta.
P: ¿Crees te ha frenado en tu trayectoria literaria haber dedicado tu carrera a mostrar el camino a otros escritores y a profundizar en la técnica?
R: Me ha interesado siempre mucho la didáctica de la escritura. Es a lo que he dedicado la vida. Y es cierto que no puse mucho empeño en hacer carrera literaria, aunque nunca he dejado de escribir.
P: Si volvieras atrás ¿volverías a escribir lo mismo?
R: Si volviera atrás, seguramente repetiría los pasos dados, somos así. Y contando con que escribimos casi siempre para encontrar respuestas, seguramente escribiría lo mismo porque las preguntas siguen ahí; incluso a pesar de escribir, las preguntas siempre están ahí.
P: Cuando decimos que escribimos cuentos, siempre nos suelen preguntar ¿para niños? ¿Crees que la narrativa breve para adultos ocupa el lugar que se merece en la literatura contemporánea?
R: No sé si tiene el lugar que se merece, pero ahora se escriben muchos cuentos, se publican y se leen también. El trabajo en los talleres ha propiciado su lectura y la escritura. También la vida que llevamos ayuda al consumo de lecturas breves. Aunque el cuento no es una lectura ligera, sino muy exigente, pide otro tipo de paladar. Y, claro, el que lo probó ya no abandona.
P: ¿Cuántos manuscritos anidan aún en tu cajón y por qué aún no salen?
R: Bueno, hay varias historias por ahí, se están tomando su tiempo para asomarse al mundo. Trabajo en un par de cosas, una de esas que están en el cajón esperando una nueva revisión. Y otra es una historia nueva que no se me va de la cabeza.
P: La gran pregunta de un escritor: ¿Por qué escribimos? En El regalo, el narrador dice "somos nosotros los supervivientes. Quizá sea todo lo que hay que comprender". ¿Quizá tras sobrevivir necesitamos contarlo para ayudar a otros a comprender?
R: No sé por qué escribimos. Supongo que hay muchas razones, entre otras porque nos gusta jugar, construir historias es también un juego, un juego muy serio, divertido y algo doloroso también. Y es verdad que la literatura nos ayuda a vivir, pero no está en mis objetivos ayudar a nadie a comprender. Mis objetivos son mucho menos ambiciosos.
P: ¿Qué consejo nos darías a los escritores que te acompañamos durante media vida y nunca terminamos de rematar? ¿Qué nos falta?
R: Supongo que hay muchas y variadas razones para no rematar. Entre otras, la falta de tiempo, aunque todos sabemos que esa es la excusa tras la que se esconde el miedo y concretamente el miedo al compromiso. Ponerse plazos a veces ayuda.
P: ¿Qué prefieres arder o durar como escritora?
R: Como escritora y como ser vivo, durar ardiendo, claro.
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